Feminicidios y poder criminal

Escrito por: Narciso Isa Conde (narsoisa@gmail.com)

La gran burguesía trasnacional, sus ejércitos y policías, sus partidocracias…, conforman el poder que controla y domina violentamente a una humanidad que se resiste y se indigna frente a sus opresores designios. Es un poder explotador, opresor, excluyente de las mayorías. Un poder asesino de seres y naturaleza. Militarista-guerrerista, clasista, machista, racista, adulto- céntrico, ecocida…
  Y desgraciadamente, en esta hermosa república caribeña contamos con una dominación a imagen y semejanza de ese poder transnacional; destacadas las lacras propias de su conformación particular a través de la conquista, la colonización y la recolonización imperial, el patriarcado virulento y otras modalidades de opresión y discriminación prolongadas en el tiempo.
 -Corporaciones depredadoras y saqueadoras.
 -Burguesía dependiente voraz, mafiosa y empobrecedora.
 - Partidocracia gansterizada.
 -Fuerzas Armadas, Policía, DNCD, DNI… despóticas, corrompidos, torturadoras, criminales…
 -Estado, partidos y élites empresariales impregnadas de una cultura clasista, racista antihaitiana y autoritaria.
 -La mujer concebida como propiedad del capital y del hombre, trabajadora con jornada no pagada, instrumento de placer y mercancía sexual.
 -Predominio del patrón estético blanco occidental en una sociedad mulata.
  Así, las muertes cada vez más frecuentes por explotación y exclusión social, enfermedades evitables, violencia policial y militar, racismo o violencia de género, son productos inducidos por las esencias de esta dominación.
 Los asesinatos de jóvenes pobres (negros/as, mulatos/as…), las redadas y extorsiones policiales en los barrios humildes tienen una razón de Estado y de poder.
 Como también la cultura capitalista patriarcal es determinante de la ascendente ola de feminicidios, reproducida por la propaganda comercial, telenovelas, películas y series de televisión; expandida por las composiciones musicales preeminentes, la formación escolar y societal, y las aberraciones de las grandes cadenas de la comunicación.
 De este poder emana sangre y lodo, por más simulaciones y remiendos que promocione a través de magras políticas públicas y departamentos marginales, cercados por la ideología dominante.
 Campañitas van y compañitas vienen, sin que el río de sangre y dolor de oprimidos y oprimidas disminuya.
 Ríos de sangre y de dolor que no se explican con términos como “violencia intrafamiliar”, “crímenes pasionales”, “subdesarrollo”, “microtráfico” “drogadicción”, “trastornos de personalidad”…
 Es hora de que apuntar a la médula del problema, de crear contrapoder y energía anticapitalista, antipatriarcal, antirracista… contra esa amalgama ideológica  perversa y ese accionar destructivo.
 Es hora de pensar en un poder popular, un poder social, que nos permita avanzar hacia la existencia del no poder y la emancipación.

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