Cómo se planeó y ejecutó asalto a Najayo
https://www.elvalleinformativo.com/2014/11/como-se-planeo-y-ejecuto-asalto-najayo.html
Por; César Medina
Santo Domingo….El asalto a
la cárcel de Najayo estaba programado para el jueves 23-- el día antes de
producirse--, pero falló la logística para introducir las armas de fuego “al
área estéril” del penal, de donde hace seis meses la Procuraduría General de la
República sacó a todos los miembros de la Policía para incorporar ese recinto
al modelo reformado del sistema penitenciario.
En la osada operación
corrió dinero a raudales para sobornar personal del recinto carcelario, y el
narcotráfico está metido hasta el tuétano en la trama criminal. Las armas
fueron entregadas a los reos horas antes del asalto después de ser introducidas
por personal del penal.
Se trata de dos pistolas de
9 mm y un revólver Magnum del calibre 3.57. Con ellas fueron heridos cuatro
agentes de “vigilancia y tratamiento penitenciario”, conocidos por las siglas
VPT, dos de los cuales murieron al día siguiente, entre ellos el sub director
del penal. El director fue tomado de rehén “salvando la vida milagrosamente”.
Las armas están en poder de
las autoridades. Imágenes y detalles específicos sobre cada una de ellas fueron
obtenidos por La Tecla y se presentan en el presente reportaje.
Son dos pistolas, una marca
Loncin, y la otra Smith and Wesson, ambas de 9 mm, y un revólver Magnum 3.57.
Una de las pistolas fue robada al sargento policial Ramón Ignacio Rodríguez
Ortega en septiembre de este mismo año luego de ser asaltado y herido
mortalmente en el sector de Herrera.
La indagatoria determinó
que las armas fueron introducidas a la cárcel por agentes de la VPT que se
encuentran detenidos y son investigados por la Procuraduría General de la
República que extrañamente no comparte sus pesquisas sobre el caso con los
oficiales de la Policía que realizan una investigación paralela.
Sin embargo, hay piezas que
no encajan en el puzzle aún después de la investigación impecable llevada por
la Policía que ha descubierto la trama, identificado a los responsables y
apresado a varios de ellos. Dos de esos detalles no descifrados parecen tan
simples como inexplicables:
-Alguien del penal tuvo que
abrir tres puertas con candados que permitieron la salida de los reos que
intentaron escapar; y
-Uno de los reclusos
muertos en la refriega vestía pantalón largo cuando es norma básica que los
internos del penal usen pantalones cortos.
La
complicidad adentro
En el modelo reformado del
sistema penitenciario es sencillamente impensable que un reo pueda tener las
llaves de los candados de alta seguridad de las puertas de acceso a las áreas
de reclusión y que, además, vista pantalón largo, exactamente lo que ocurrió
con el jefe del grupo, Andy Maríñez Alcántara, conocido en los bajos fondos por
los apodos de El Moreno, El Gordo, El Sicario.
Sus tres compañeros caídos
vestían pantalones cortos, como lo exige el sistema carcelario, pero al igual
que Andy estaban armados y dispuestos a escapar batiéndose a tiros con los
agentes del VPT, una especie de gendarmería carcelaria sin el entrenamiento
para enfrentar contingencias de tal magnitud.
Afuera los esperaban sus
secuaces fuertemente armados a bordo de una yipeta rentada la víspera en una
agencia del kilómetro 22 de la autopista Duarte.
Eran hombres curtidos en el
crimen, de largo prontuario delictivo, que llevaban años en conflictos
permanentes con las autoridades, y entraban y salían de la cárcel con increíble
facilidad. Su oficio más rentable era el sicariato, pero igual cometían atracos
y participaban en asesinatos viciosos para recuperar armas que luego utilizaban
en otros hechos delictivos.
Jesús Felipe Francisco,
conocido por el sobrenombre de Atahualpa; Álvaro Luis Capellán y Jorge Luis
Polanco Díaz, son incriminados por la Policía en numerosos crímenes que
incluyen el asesinato del ex jefe del Servicio Secreto de esa institución,
Ramón Henríquez Figueroa, Moncho, el 8 de septiembre de 2012.
Moncho Henríquez tenía
vínculos con el empresario gallístico Pascual Risik, acusado de narcotráfico y
de múltiples asesinatos, y contra quien se habían ejecutado atentados por
conflictos de intereses en negocios del bajo mundo. Es en este punto donde
aparecen en escena los cárteles de las drogas y las bandas del sicariato.
El
comando de apoyo
Hay un entramado criminal
en todo esto tan difícil de comprender como de explicar. La investigación
policial luce completa y ata cabos buscando colindancias cómplices, pero a
final de cuenta se reduce al propósito de poner en la calle a varios de los más
peligrosos personajes del sicariato que deriva el negocio de las drogas.
Difícil resulta imaginarse
que una acción tan osada, riesgosa y costosa como fue el asalto a la cárcel de
Najayo-- el más importante recinto penitenciario del país--,se haya llevado a
cabo para liberar a cuatro asesinos asalariados cuando en el bajo mundo
criminal lo que más abunda son gatilleros a sueldo.
De ahí las conjeturas,
algunas inverosímiles, en el sentido de que esa acción se llevó a cabo por
tantas causas como es posible alcanzar la imaginación de los dominicanos:
-Que fue para liberar a los
hermanos colombianos Buitrago, a quienes se atribuye vínculos con el cártel de
Cali y a quienes se les ocupó en Sabana Toro, San Cristóbal, una caleta con 250
kilos de cocaína y gran cantidad de dinero;
-Que fue por conflictos de
intereses entre la Policía y la Procuraduría a propósito de la convivencia en
el penal de los dos sistemas carcelarios: el reformado que dirige la PGR y el
tradicional que controla la Policía;
-Que fue para “desviar la
atención pública” del caso del senador Félix Bautista y el procurador Francisco
Domínguez Brito;
-Que se usa como pretexto
para proteger la imagen del ex presidente Leonel Fernández de la andanada de
críticas y acusaciones por dolos atribuidos a su administración.
De todo se anda diciendo
sobre un acontecimiento que ha escandalizado a la opinión pública por carecer
de precedente en la historia de la delincuencia dominicana... que había visto
de todo, menos el asalto a una cárcel pública con un balance de seis muertos a
tiros.
Con el agravante de que la
investigación ha concluido con que se trató de una acción armada del
narcotráfico para liberar a sus secuacesÖ ¡todos matones a sueldo!
OBSTÁCULO. DURANTE MÁS DE
UNA HORA LA PN NO PUDO ENTRAR AL LUGAR DEL SUCESO POR ORDEN DEL PROCURADOR
Un celular en el bolsillo
del pantalón largo-- extrañamente pantalón largo--, del recluso Ángel Maríñez
Alcántara, jefe del grupo que tomó por asalto la cárcel de Najayo, fue la clave
que condujo a la Policía a esclarecer uno de los hechos vandálicos más osados
del crimen organizado en la República Dominicana.
Todo ocurrió por pura
casualidad porque durante más de una hora la Policía no pudo entrar al
escenario de los hechos por disposición del procurador general de la República,
Francisco Domínguez Brito, a pesar de que el general Manuel Castro Castillo
insistía en que se trataba de un asunto muy grave que exigía la presencia de la
institución del orden.
El procurador alegaba que
hasta su llegada nadie podía acercarse al sitio donde estaban tirados los cadáveres
de los cuatro reclusos muertos en la refriega para evitar que se contaminaran
pruebas y evidencias, razones entendibles en la investigación forense siempre
que el ministerio público no tarde tanto en llegar.
Cuando por fin los
investigadores pudieron analizar los cuerpos, hallaron en el bolsillo del
pantalón de Alcántara-- a quien apodaban El Moreno, El Gordo o El Sicario--, un
teléfono celular y varios chips. La primera revisión descubrió las últimas
llamadas del recluso, a partir de las 12:35 del mediodía del viernes 24, menos
de una hora antes del tiroteo...
Habían sido hechas de forma
consecutivas al teléfono de su hermano Gustavo Alcántara Valdez, alias El
Grande, que se encontraba en compañía de Elvin Féliz Alcántara, alias Sadam;
Hairo Brito Bello, alias El Jairo, y Abraham Sued García, alias El Gordo, en
una yipeta que merodeaba el recinto carcelario esperando que se produjeran los
acontecimientos para llevarse a los evadidos.
Las cosas ocurrieron de la
siguiente forma: El mismo día del intento de fuga, es decir el viernes 24,
agentes de vigilancia y tratamiento penitenciario de la cárcel, conocidos en el
nuevo modelo penitenciario como VTP, habrían advertido que desde hacía rato
merodeaba por el lugar una yipeta gris marca Hyundai, pero no hicieron nada
para indagar la sospecha.
Se confirmó que el mismo
día “alguien” introdujo al penal dos pistolas del calibre 9 mm y un revólver
Magnum 3.57, armas que se entregaron a Andy Maríñez Valdez y éste se quedó con
el revólver y dio las pistolas a sus secuaces.
Dos o tres horas después, y
de forma “extraña y sorpresiva”, Andy aparece vestido con pantalón largo-- algo
prohibido en el penal, donde es norma rigurosa que los hombres vistan
pantalones cortos--, y después de cruzar junto a sus compañeros de aventura
tres puertas con candados de seguridad, encañonaron al administrador de la
cárcel, lo tomaron de rehén y se dirigieron a la salida que hallaron franca y
sin ninguna resistencia.
Los guardianes de la torre
lateral izquierda se percataron de la ocurrencia porque a los cuatro
delincuentes se sumaron otros reclusos que pretendían aprovechar la oportunidad
para una fuga masiva. Los vigilantes dispararon y alcanzaron a uno de los
cuatro hombres armados y lo derribaron...
... Andy respondió el fuego
y alcanzó al sub administrador de la cárcel, Starling de Jesús Amarante
Polanco, que recibió tres disparos mortales, y los otros dos reclusos también
dispararon e hirieron de gravedad al penitenciario Milcíades Casanova Casanova,
que murió al día siguiente.
A partir de ese momento se
desataron los demonios en el recinto penitenciario; el tiroteo duró casi 20
minutos, los cómplices de la yipeta dispararon hacia el interior de la cárcel
-- dicen que usaron fusiles automáticos M-16 y otras armas de guerra--, mientras
escapaban rumbo a la capital tomando la autopista 6 de Noviembre.
En la balacera también
resultaron heridos los reclusos Rayan Rafael Medina, Carlos Manuel de León,
Henry Blanco Polanco, Jhonatan Franco Heredia, Iván Fernando Féliz, Francis
Miguel Burgos y Yeremi Gutiérrez Peña, y los policías penitenciarios Ruddy
Lorenzo Pérez, Alexander Ramírez y Paula Díaz Peña, el menor Miguel de la Cruz
Rosario y su madre Cándida Rosario Holguín.
Inicia
la investigación
El celular y los chips
hallados junto al cadáver de Andy dio inicio a la investigación policial. Una
cosa llevó a la otra y en cuestión de dos horas la Policía tenía el perfil de
los principales sospechosos y publicaba sus nombres y fotografías para lograr
la captura, mientras igualmente daba a conocer el prontuario criminal de los
delincuentes abatidos en la cárcel momentos antes.
“Dándole seguimiento al
presente caso, debido a la persecución de miembros de la Dirección Central de
Investigaciones Criminales, se entregaron en horas de la noche del día 26 de
octubre Abraham Suero García, alias El Gordo, y Gustavo Alcántara, alias El
Grande. Y en horas de la mañana (del día siguiente) se entregó Hairo Brito
Bello, alias El Jairo, quienes están siendo investigados en torno a su
participación en el intento de fuga...”, dice la Policía.
Dos días después los tres
fueron libertados por una corte de San Cristóbal luego que los fiscales
retiraran la querella por falta de sustento probatorio.
Aún así la Policía siguió
la pista, y el pasado jueves a primera hora de la mañana allanó una residencia
en la calle Juan Goico Alix esquina Presidente Vásquez del ensanche Ozama y
apresó a Juan Diego Montero Estrella, alias Diego Parrillada, y ocupó pertrechos
y armas que pudieran estar vinculadas a los sucesos de Najayo.
Al ser interrogado, Diego
Parrillada reveló que el asalto a la cárcel fue ejecutado por un tal Miguel
Ángel Rojas Alcántara, alias Tom, y otro sujeto a quien sólo conoce por el
nombre de Bastardo, ambos residentes en El Café, de Herrera.
La investigación continuó.
El mismo día la Policía allanó un negocio de rent car en el kilómetro 22 de la
autopista Duarte y determinó que la yipeta utilizada en los hechos de Najayo
fue rentada allí por una mujer identificada como Rosa María Martínez, quien
estaba acompañada “de un hombre de unos 30 años de edad”.
Las autoridades han
recibido informaciones sobre el origen de las armas utilizadas para el intento
de fuga colectiva de la cárcel y la forma en que fueron llevadas e ingresadas
hasta caer en manos de los delincuentes. Esos informes señalan que quien las
introdujo al penal fue un individuo identificado como “El Pastor” o “El Cojo”,
que reside en el sector de Herrera.
Sin embargo, la investigación
descarta la posibilidad de que dos pistolas y un Magnum 3.57 hayan podido
ingresar a la cárcel sin la connivencia de personal de vigilancia y seguridad
del penal.
“Resulta simplemente
imposible introducir a la cárcel esas tres armas, el mismo día y al mismo
tiempo, sin que hubiera complicidad con personal de seguridad de Najayo. Esas
son algunas de las cosas que nos faltan por determinar”, se reveló a La Tecla.
En términos personales, se
supo, el Presidente Danilo Medina está muy atento de este caso y pendiente del
giro que van tomando las investigaciones.
Tomada del Listin Diario

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