El poder y la Gloria
https://www.elvalleinformativo.com/2014/11/el-poder-y-la-gloria.html
Por Nicolás Mateo
En una de esas tertulias
amenas que se producen fortuitamente en la calle El Conde, el empresario
enganchado a coronel, Kalil Haché, nos
contó del entierro de quinta categoría que tuviera la “matrona de la República
Dominicana”, María Martínez viuda Trujillo. Contándolo a él como único deudor,
la doña fue llevada bajo la más absoluta discreción hasta su última morada en
un carro público de la ciudad de Panamá.
Con la sabiduría de un
hombre que ha vivido intensamente, Kalil reflexionó sobre las ironías que a
menudo nos muestra la vida. Ninguna mujer dominicana jamás tuvo tanto poder, ni
tanta gloria, ni tanta riqueza a su disposición como la viuda de Rafael
Leónidas Trujillo, sin embargo, en su sepelio no hubo marcha fúnebre, ni
honores militares, ni panegírico, ni llantos simulados, ni muestra irreverente
de dolor, sólo un amigo fiel en un automóvil público que llevó a la difunta al
campo santo.
Y así es la vida, como si
buscase un equilibrio, frecuentemente despide en silencio a quienes han agotado
su existencia en la más connotada estridencia, y nos enrostra que las cajas de
muerto no tienen bolsillos, y que las luces, las cámaras y los flash inflan el
ego del poder, pero no sirven para la gloria.
Esta historia que nos
contara el más fiel y afable de los trujillistas, la cuento sin la mínima
esperanza de sensibilizar a quienes desde el poder han levitado para ir a
ocupar un lugar de primera junto a los
Dioses en el Olimpo.
Ello no tienen tiempo para
mirar a un lado, ni para disquisiciones triviales, se aferran a los puestos
como una naufrago a su madero, ensordecen aunque no enmudecen, no se corrompen
sino que se desenmascaran, entran por la puerta grande al poder, pero salen por
el patio a la vida, aunque no les importa.
Maltratan, humillan y
avasallan, poseen una extraordinaria memoria de hormiga, por eso andan en fila
India para poder retomar el camino que le llevara al mismo lugar y a ninguna
parte. No son afectivos, no dan un abrazo con sinceridad y creen que todo el
mundo es un estorbo hasta que llega el momento de votar de nuevo.
El poder los desnuda, la
abundancia de lo ajeno los envilece, nunca tienen la respuesta exacta de nada,
no tienen dignidad ni decoro cuando se pone en juego su puesto, no renuncian a
nada. Se mudan a una burbuja al vacío donde no entra ruido ni calientan los
rayos del sol, y casi siempre tienen dos caras: una de ingrato y la otra de
gusano.

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