RECUPEREMOS EL CAMPO
https://www.elvalleinformativo.com/2016/01/recuperemos-el-campo.html
Por Roberto Rosado
Fernandez
La vida en el campo no es posible
sostenerla debido a que se ha perdido o reducido a la mínima expresión su modo
tradicional de producción para sostenimiento de la familia y para conseguir
algún recurso monetario para solucionar problemas del diario vivir.
Ya los periodos de lluvia son
impredecibles, no se puede sembrar en el tiempo acostumbrado debido a que la
primavera ya no es primavera, más bien hay verano permanente. Si se logra
sembrar algo se tiene la duda de obtener buena cosecha debido a la inconsistencia
de la lluvia, a la carestía de los insumos para controlar las plagas y, si por
casualidad se produce, no es posible venderla a buen precio, y, si se vende al
estado hay que hacerle huelga para pagar la deuda contraída. Si se le vende al
sector privado se la compran a menor precio y les engañan en la pesada.
La crianza de animales ya no es posible, se
ha abandonado por la falta de verdor para encontrar la alimentación de los
mismos y para que los que sobrevivan vayan a parar a manos de los que, producto
de las carencias, se apropian de estos como si fueran suyos.
Los problemas medioambientales continúan
debido a la falta de comprensión y de conciencia acerca de los mismos y del desarrollo sostenible para tomar
medidas que garanticen la protección de las cuencas de los ríos, y, del sistema
montañoso, forma adecuada para sostener el bosque que, a su vez, retiene las
aguas que mantienen fresco el bosque y preserva el caudal de los ríos.
Los créditos en los bancos, principalmente
el agrícola, ya no se le otorgan por su incapacidad para el pago, porque la
cosecha ya no es garantía para honrar la deuda contraída.
La desolación es ya común provocando un
éxodo tan pronunciado que no es posible incluirlo en las estadísticas porque a
diario se le introduce una nueva variable, siempre negativa.
Los planes de los gobiernos, no están
dirigidos a proteger el campo, más bien, lo han empeorado, de tal manera que
ya, los que quedan no conocen ni siquiera
sus ancestros. Esto se ha ido
acumulando con el tiempo provocando que el campesino venda su tierra, compre
una motocicleta, se inicie en el moto concho y pase a engrosar los cinturones
de miseria que caracterizan los barrios marginados que abundan en las ciudades.
En estos nuevos lugares son pasibles de
ser sonsacados por las desviaciones que allí abundan y ser convertidos en seres
de conducta cuestionable, perder la dignidad y manchar la imagen suya y de su
familia.
Son pasibles también de ser absorbidos por
la política clientelar de los aspirantes, en tiempo de campaña electoral, a
cargos congresuales y municipales creándole expectativas que se diluyen en el
tiempo, obligándoles a vivir de dadivas o comprometerse con acciones ilícitas
que le puede, con el tiempo, costar la
cárcel, el hospital y, hasta su propia vida.
Todo cuanto planifican se le dificulta por
las limitaciones de sus entradas, pues viven de lo que a diario pueden
conseguir en infinitas actividades que realizan para subsistir y palear la
situación.
Aquellos que resisten la tentación de
delinquir viven en la extrema pobreza, prefiriendo esta, antes que morir antes
de la fecha, o pasarse el resto de su vida entre las cárceles y los hospitales
y, al mismo tiempo, ganarse el repudio de su familia, su comunidad y el resto
de la sociedad.
En lo inmediato no se vislumbra solución
adecuada a esta situación. La política gubernamental no está dirigida a la
protección del campesino para su permanencia en el campo. Sus planes aunque lo
mencionan no pretenden recobrar la vida agrícola como clave del desarrollo, por
ello no hay financiamiento a tiempo a través del Banco Agrícola, no hay
asistencia técnica a los que aun siembran, provocando que solo puedan
permanecer en el área los dueños de grandes
porciones de terrenos adquiridas a precio de vaca muerta, obligados a
vender por la miseria y la ausencia de una política gubernamental que les
proteja y evite que esto suceda.
De no unirse institucionalmente el campo,
nos convertiremos en espectadores de una nueva población rural compuesta
principalmente por nacionales haitianos visita inesperada que ha sustituido la
presencia de sus verdaderos dueños.
La unidad del campo ha de ser la tarea
obligada si queremos por lo menos recobrar todo el verdor de los árboles, la
sabana y el rio que en la juventud fue
nuestra principal diversión.
Roberto
Rosado Fernández
Profesor
UASD, San Juan de la Maguana.


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