Carolina Mejía y la herencia política de Hipólito
Por: Alejandro Santos.
Las aspiraciones
presidenciales de Carolina Mejía constituyen el primer caso en que un hijo o
hija de un presidente o expresidente dominicano proyecta una posible sucesión
del poder en nuestro país, algo cercano a la idea de una dinastía política.
No se trata solo de una
candidatura, sino de un intento de transferencia de capital político entre
generaciones dentro de un mismo liderazgo.
Hipólito ha señalado de manera
contundente a Carolina como su sucesora, su continuidad, su heredera política.
Contra todos los vientos, el proyecto de Carolina carga con el legado de su
padre.
La acompañarán las luces y las
sombras de esa trayectoria, pero también el peso de una identidad política que
todavía no termina de diferenciarse de la figura originaria.
Tan elevado es el
involucramiento de Hipólito que en ocasiones genera confusión sobre quién es el
verdadero aspirante del proyecto.
A ratos parece que el
protagonista sigue siendo el propio Hipólito, mientras su hija queda
subordinada a la capacidad de movilización, influencia y negociación que aún
conserva su padre. Esto introduce un dilema estratégico: mientras más visible
es el respaldo del expresidente, más difícil le resulta a Carolina consolidar
una identidad propia y autónoma.
La forma en que se mueve el
proyecto ha creado una dependencia estructural de la acción política de
Hipólito. La viabilidad de la candidatura no descansa únicamente en el
liderazgo de Carolina, sino en la permanencia del peso político de su padre
dentro del partido. Esto convierte la candidatura en una apuesta que combina
renovación generacional con continuidad del estilo y el legado de Hipólito, una
fórmula que no siempre resulta viable en los partidos dominicanos.
En lo interno del PRM, gran
parte de lo que fue la plataforma de sustentación de Hipólito se ha ido
debilitando. Muchos de sus antiguos dirigentes migraron hacia la corriente de
Abinader, atraídos por el poder institucional, la capacidad de distribución política
y el control de las estructuras partidarias. Este desplazamiento no solo reduce
la fortaleza del expresidente, sino que modifica el equilibrio interno del
partido.
Actualmente, Abinader conserva
la fuerza principal dentro de las estructuras orgánicas del PRM. Esto significa
que, si decidiera apoyar abiertamente a algún aspirante a la nominación
presidencial, partiría con una ventaja determinante en una contienda interna.
En los partidos de gobierno, el liderazgo del presidente suele convertirse en
el principal factor ordenador del poder interno, y el PRM no parece ser la
excepción.
En la última contienda en la
que participó Mejía, los resultados fueron contundentes: Abinader obtuvo
283,163 votos (74.10%), frente a los 80,934 (21.18%) alcanzados por Hipólito en
la convención que definió la candidatura presidencial de 2020. Aquella votación
no solo reflejó una derrota circunstancial, sino un cambio profundo en la
correlación de fuerzas dentro del partido.
Todo indica que Abinader
cuenta actualmente con más poder político, institucional y orgánico para
incidir en quién sería el candidato presidencial del PRM para las elecciones de
2028. La pregunta central no es solo si Carolina puede crecer políticamente,
sino si puede hacerlo sin el aval del liderazgo y la influencia de Abinader que
hoy domina el partido.
Negar que en lo interno del
PRM existen dos corrientes estructuralmente definidas sería no ver con claridad
la realidad política del partido. Hipólito y Abinader encabezan, cada uno, sus
respectivos espacios de influencia. La definición del liderazgo futuro del PRM
dependerá de cuál de esas corrientes logre convertir su fuerza interna en
mayoría electoral decisiva.
La viabilidad del proyecto
presidencial de Carolina Mejía no dependerá únicamente de su crecimiento
personal como figura política, sino del reordenamiento del poder interno dentro
del PRM.
Si el partido se inclina hacia
la continuidad del liderazgo que hoy gobierna, su candidatura enfrentará
límites estructurales difíciles de superar. Pero si logra transformar la
herencia política de Hipólito en un liderazgo propio, capaz de construir alianzas
más allá del apellido y del respaldo paterno, entonces su proyecto podría pasar
de ser una prolongación familiar a convertirse en una opción real de poder. En
esa transición se juega no solo su futuro político, sino también el modelo de
relevo que definirá al PRM en los próximos años.
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