A Dios rogando….
Los activistas anticubanos
de Miami convocaron para el 26 de abril pasado a una jornada de oración para
pedirle a Dios dizque por la libertad de Cuba.
Aunque anunciaron que se
rezaría en muchos países del continente, incluyendo República Dominicana, desde
donde supuestamente también viajarían delegados, el intento pasó sin pena ni
gloria.
Por más que se haya repetido
que al César lo del César y a Dios lo que es de Dios, y que Cristo recalcara
que su reino no es de este mundo, la derrotada contrarrevolución de Miami,
trata de usar a Dios como estandarte, aunque en quienes cree es en Donald Trump
y Marco Rubio, que han impuesto a Cuba y a su pueblo los rigores más
implacables del bloqueo. Entonces, a Dios rogando y con el mazo dando.
Pobre de Dios, en la boca y
en los planes de esta clase de feligreses. Los continuadores de agentes del
terrorismo como Posada Carriles; los sucesores de Jorge Mas Canosa y su mafia
política y económica; los que organizan expediciones armadas contra la integridad
territorial y la seguridad interior de Cuba, los que oran porque el gobierno
yanqui endurezca el bloqueo, aunque el pueblo cubano sufra aún mayores
penalidades, y los que, a pesar de la siempre actual y valedera advertencia de
Antonio Maceo, claman porque Trump ordene un ataque militar en gran escala, con
todas sus consecuencias materiales y humanas y se apodere de la isla.
Esperan que bajo las botas
invasoras y sobre las tumbas y los escombros, reine la libertad por la que
rezan estos profanadores.
Porque ¿Cuál libertad es la
que se persigue? Cuba superó el viejo sistema bajo el cual la oligarquía
legalizaba su dominio cada cuatro años, mientras para los de abajo, bastaba el
circo electoral, con el soborno de los votantes incluido, y todo seguía igual.
Ese país tiene su sistema de
participación popular establecido, con sus probables limitaciones y sus
déficits, pero no puede exigírsele lo imposible, si ha tenido y tiene que
defender su existencia en el ambiente de cerco y plaza sitiada que se le ha impuesto.
Y, en última instancia, cabe
aclarar, que Cuba ejerce la más importante de todas las libertades para
cualquier Estado nacional digno de ese nombre: la libertad y el derecho de
ejercer su soberanía, esa libertad que no tienen los gobiernos que la asedian,
la libertad de decidir su propio rumbo, sin permitir dócilmente que ningún
agresor extranjero se lo imponga.
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