China está callada
Las guerras que ha librado Estados Unidos han sido lejos de su territorio por eso tiene una poderosa fuerza naval y aérea para invadir las zonas de interés como hace en el Oriente medio, pero la guerra con Irán devela perfiles que resaltan las variaciones en las tácticas y estrategias apoyadas en la tecnología militar.
Norteamérica, como egemón
del mundo capitalista, se aproximó a la semi feudal China para sembrar allí sus
industrias al tiempo que acentuaba el debilitamiento de Rusia, enemigo de mayor
cuidado por tener mayores reservas de materias primas, minerales y productos
energéticos.
Así entró EEUU en su tercera
fase de expansión: controlaba la lucha interna de Rusia, conducía con un
biberón a Europa y exportaba sus marcas para que la obra de mano china inundase
el mundo, mientras gestionaba la comercialización del petróleo en base al
dólar.
El imperio británico le dejó
la mesa puesta para que se sentara el mayor imperio en la historia de la
humanidad. Nada que ver con Roma, Gengis Kan, o el imperio Persa.
Van ya 80 años de
supremacía, pero con la aparición de várices en sus estructuras las respuestas
no son tan rápidas ni contundentes, surgen coágulos por aquí y por allá. Hasta
mosquitos navales se dan el lujo de pasearse entre sus vetustos zapatos navales
que se han convertido en blancos hipersónicos.
El actual conflicto,
patrocinado por Norteamérica en dueto con Israel, tiene la ausencia de Europa
que no obstante tener la soga al cuello la falta de combustibles y dotación
militar se mantiene distante porque sabe que su contribución sería de cadáveres,
una variable negativa para las elecciones en sus respectivos países. No hay
marcha atrás, Europa sin colonias es invitada de pega a la que el Pentágono
envía memos amenazantes y recriminatorios.
Los estadounidenses del
presidente Trump parecen estar enchivados en un conflicto multicefálico: una
guerra cara con un pueblo en contra y perdida de sustentación hasta en sectores
propios; presionados por el vencimiento del tiempo legal para gestionar conflictos
armados; supuesta disminución de su arsenal militar; aproximación de la espada
electoral congresual; aumento de precios de los artículos principalmente la
gasolina; y en el plano de la guerra Irán parece ganar la narrativa porque no
ha sido derrotada.
Se sabe que EEUU podrían
ganar la guerra, pero se ignora el costo. No fue en conflictos similares, pero
es oportuno recordar que Gran Bretaña ganó la segunda guerra mundial y hasta
ahí llegó el imperio.
Los expertos en geopolítica
dicen que la guerra de Irán en realidad es contra China, porque el control
petrolero por EEUU busca debilitar la fábrica del mundo.
Ese viejo imperio, educado
en la paciencia, va tomando nota del reumatismo del líder político y adopta en
silencio previsiones militares y económicas.
Cree que el ganador gana sin
pelear. No sorprendería que en futuro próximo las chinas se unan sin pelear.
Son el mismo ADN y lideres de ambos bandos negocian bajo cuerda. Los taiwaneses
son chinos y esto podría pesar en una confrontación regional.
En estos días, aunque hay
control occidental de la prensa, se sabe que Irán saca pecho y hasta amenaza
con sacar nuevas armas si se reanuda la guerra mientras China burla el bloqueo
y sigue callada cargando el petróleo.
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