No sólo peligra Ocoa, todo el Sur está bajo amenaza
Emiliano Reyes Espejo
El oscuro umbral se cierne,
no sólo sobre la productiva provincia de San José de Ocoa, el mal se irradia a
toda la región Sur.
Me referí con anterioridad
al peligro que implica el descubrimiento de plantaciones de marihuana en las
fértiles montañas de Ocoa. A raíz de este enfoque nos llegaron observaciones en
varios sentidos.
Primero, nos enrostra que no
diéramos los créditos merecidos, que fuimos parcos en no reconocer el trabajo
de inteligencia que realiza la Dirección Nacional de Control de Drogas (DNCD)
de frente a la delicada situación; y segundo, que limité la narrativa a una
provincia cuando el mal se enseñorea en toda la región.
“Tú no tienes idea de lo que
ocurre en el Sur Profundo (Barahona, Bahoruco, Tamayo, Vicente Noble y otras
comunidades fronterizas)”, refirieron.
Por allí no sólo se
normaliza el tráfico y uso de drogas, sino también el trasiego de armas
provenientes del cercano Haití.
En estas zonas ya ha
comenzado a imponerse el factor fuerza-con la indiferencia de las policías
locales-, se impone la extorsión y la apropiación de manera ilícita de tierra
de propiedad privada, mientras comienza a prevalecer en estas comunidades un
ambiente de temor entre sus pobladores, y hasta en las propias autoridades.
“La región Sur de la
República Dominicana es una de las principales rutas utilizadas por el
narcotráfico internacional para introducir sustancias narcóticas desde
Sudamérica”, subrayan datos de fácil acceso en las redes. “Zonas costeras
estratégicas, como la provincia de Barahona y las costas de Baní (provincia
Peravia), son focos críticos para el trasiego de grandes cargamentos”,
precisan.
Narcotráfico en el Sur
Según observadores, “los
cárteles internacionales, principalmente procedentes de Colombia y Venezuela,
utilizan lanchas rápidas (“go-fast”) o avionetas para arrojar o descargar
narcóticos en el litoral Sur”.
Igualmente, los informes
señalan que el mayor volumen incautado corresponde a cocaína y marihuana,
especialmente en la costa de Barahona, la cual es considerada puerta “de acceso
frecuente debido a su extensa y apartada geografía”.
Los reportes sobre los más
recientes decomisos realizados en la zona, y que recogimos de diferentes
fuentes, periodísticas y de las redes, establecen que instituciones como la
DNCD, la Armada y la Fuerza Aérea “han incautado cientos de paquetes de narcóticos
en alta mar y en operaciones terrestres en Baní”.
Llamó la atención la
reciente intervención de la DNCD en zonas montañosas de difícil acceso en San
José de Ocoa, donde se han localizado grandes cantidades de plantas de
marihuana.
Los relatos hablan también
de incursiones de avionetas en la zona, desde las cuales se lanzan paquetes
presuntamente de cocaína. “Se han reportado –asimismo-persecuciones de más de 8
horas frente a las costas dominicanas para interceptar lanchas rápidas que
intentaban ingresar al país”.
Pago en especie e impacto en
el consumo
En referencia a estos
hechos, una reseña aparecida en el periódico El Día destaca en un titular: “El
Sur y Barahona son las puertas por las que entra más droga al país”. “La región
Sur, específicamente Barahona, es por donde ingresa más droga a la República
Dominicana, debido a la cercanía y la facilidad para llegar desde Sudamérica y
países del área”.
La situación se complica
debido a que en ese mundo los cargamentos de drogas y los servicios de
logística “se pagan en especie y a través de criptomonedas o redes complejas de
lavado de dinero en efectivo”.
Al parecer los carteles de
las drogas usan en la región Sur la modalidad, específicamente en Barahona, Pedernales
y Baní, de “pago en especie (con la misma droga)”.
Eso explica el auge de “los
puntos de drogas” en ciudades y municipios de la zona. Según explican los
entendidos en la materia, “en lugar de arriesgar grandes sumas de dinero en
efectivo, los carteles sudamericanos (colombianos y venezolanos) pagan a las
redes locales dominicanas entregándoles un porcentaje del cargamento de cocaína
o marihuana interceptado o transportado”.
“Estas redes locales
(“contactos criollos”) venden su parte del cargamento dentro de las provincias
del Sur y otros puntos del país”, explican conocedores del problema, y agregan
que “esto convierte la droga en efectivo de manera interna, alimentando directamente
los puntos de microtráfico locales”.
También se estipula que “el
dinero tras la venta de la droga se reintroduce en el Sur y el resto del país
mediante la compra de bienes raíces, negocios de entretenimiento (discotecas,
bares), dealer de vehículos y proyectos turísticos o comerciales”.
Informes especializados
precisan que estas redes “utilizan testaferros para distanciar el origen del
dinero del narcotráfico transnacional”.
La presencia de estos
testaferros está creando un problema adicional, se están armando y no se
limitan, en algunos casos, a lavar el dinero de las drogas, sino que, además,
se dedican a usar la fuerza, crear terror y temor para entonces apropiarse de
bienes legítimos, específicamente terrenos.
No sólo fomentan el tráfico
de armas, sino que también cometen un crimen adicional, desvían a jóvenes
talentos de la región de sus propósitos de superación mediante los estudios o
el trabajo digno y los condenan a vivir atados a los estupefacientes.
“La criminalidad en la
región Sur de la República Dominicana se caracteriza principalmente por
conflictos sociales, microtráfico de drogas y riñas locales, a pesar de que el
país muestra una reducción general en su tasa acumulada de homicidios”.
En ese sentido, las
autoridades policiales realizaron operativos “en provincias como Barahona donde
incautaron armas de fuego artesanales, sustancias controladas y armas blancas”.
Temidos “caciques locales”
Se agrega a esta realidad la
existencia de los “caciques locales”, los cuales a base de dinero terminan
asumiendo influencia y control en municipios y comunidades de la zona.
Estos caciques son especies
de “supra jefes” que imponen sus voluntades frente a los demás ciudadanos, los
cuales, por temor y para preservar sus vidas, evitan enfrentarlos. Igual ocurre
con las autoridades municipales, policiales y judiciales.
A nadie se le ocurre hacer
frente a estos señores, a los cuales “a base de billetes” se les tiene como
“personas honorables” a los que hay que respetar.
Todo el mundo sabe de dónde
salen las fortunas de estos personajes y dónde están los puntos de venta de las
drogas, pero la gente “mira para otro lado” porque “no quieren problemas”.
En Barahona, Bahoruco, los
bateyes cañeros y Tamayo se pueden observar estos especímenes operando casi
abiertamente. Entre estos han hecho presencia ex altos jefes militares y
poderosos sindicatos de camioneros, los cuales han comenzado a tomar terrenos
de propiedad privada, simulando compras ficticias a personas que carecen de
títulos, pero que realmente son parte de esas redes opacas que operan en la
zona.
Al igual que ocurre en la
provincia San José de Ocoa, las autoridades deben afinar su labor de
inteligencia en esta parte del Sur Profundo para prevenir que estos caciques se
afiancen más de la cuenta y adquieran tanta fuerza, que luego se dificulte afrontarlo
sin que ello implique la ocurrencia de muertes inocentes.
No obstante, tranquiliza que
el presidente Luis Abinader haya dado el mandato a la DNCD “de atacar el crimen
organizado sin importar de quién se trate”. Y esa contundente orden incluye,
obviamente, a las provincias, municipios y bateyes cañeros del Sur Profundo.
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