Dos aberraciones adicionales
Roberto Rosado
18 de septiembre 2026
El Ayuntamiento del Distrito
acaba de oficializar la designación del Mirador Sur con el nombre de Joaquín
Balaguer. Una de las estaciones del Metro también se llama así, aunque a la
estación siguiente le pusieron Amín Abel, una de las grandes víctimas del
régimen violento que ese mismo Balaguer encabezó.
Con el voto de sus
opositores, tan acosados y perseguidos en ese régimen, el Congreso declaró a
Balaguer Padre de la Democracia.
A pesar de haber sido uno de
los padres de la tiranía trujillista; de haber prostituido los poderes
públicos, al Ejecutivo lo convirtió en instrumento de su voluntad autoritaria y
sus pasiones personales; al Congreso, en una herramienta dócil y, en el poder
judicial, militarizó los tribunales, instaló verdaderas cortes marciales, con
oficiales militares activos o veteranos, que como en los tiempos de Pedro
Santana, condenaban a los opositores “a verdad sabida y buena fue guardada”.
Hace tiempo mutilaron al
patricio, cuando a la carretera Duarte le quitaron el nombre entre Santiago y
Navarrete para llamarla avenida Joaquín Balaguer.
Aquí abundan los
despropósitos. A la avenida Enrique Jiménez Moya le pusieron en su mayor parte
dizque Winston Churchill, que tal vez ni supo que nuestro país existía. En otra
ocasión, por poco le quitan el nombre a la avenida Charles Sumner, el senador por
Massachussetts, que, al decir de don Américo Lugo, en 1870, con dos discursos
salvó República Dominicana, para ponerle el de un empresario radial.
Dice la señora alcaldesa,
que a un hombre que se entregó al país, se le debe honrar protegiendo su
legado. ¿Cuál legado? ¿El de la corrupción que solo se detiene “en la puerta de
mi despacho”; el de los fraudes y los “apagones” electorales; el de la represión
o el del servicio impúdico a Trujillo?
Si el legado es el de las
obras construidas, sépase que las obras materiales no son el criterio esencial
para juzgar y rendirle honores a determinado personaje.
De ser así, y como Duarte,
Sánchez ni Mella fueron sus constructores, designemos las tres principales
carreteras del país construidas bajo la ocupación militar yanki, con el nombre
de Infantería de Marina, y olvidemos el agravio a la patria y el terror que ese
cuerpo implantó. O, volvamos a ponerle Ciudad Trujillo a la capital.
No hay dudas, Balaguer ha
sido santificado oficialmente, y ni siquiera por los reformistas, sino por
algunos que dijeron ser sus opositores. Aquí la memoria histórica anda patas
arriba y hay que hacer un gran esfuerzo para ponerla de pie.
Dos aberraciones
adicionales: 1) confesar que la "Constitución es un simple pedazo de
papel", sin hacer nada para corregir esa distorsión incalificable; y 2)
justificar todas los desmanes y asesinatos señalando que se trataba de
"fuerzas incontrolables", sin haberlos sometido a la acción de la
justicia. ¿Si Balaguer fue el padre de la democracia, entonces cómo calificar a
Juan Bosch y a José Francisco Peña Gómez?

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