El imperio conspira contra la producción de arroz dominicano
Miguel Espaillat Grullón
1
– En decenas de páginas del internet se encuentra la información siguiente: La
política impulsada por el gobierno de Bill Clinton en 1994, que obligó a Haití
a reducir sus aranceles a la importación de arroz del 35% a apenas el 3%.
Esta
imposición macabra tuvo efectos devastadores a largo plazo en la economía, la
sociedad y la seguridad alimentaria haitiana. Aunque la estrategia se planteó
bajo postulados neoliberales y planes de industrialización, el propio Clinton
la calificó años después (en 2010) como un «pacto con el diablo» y un error
histórico.
Los
principales efectos de esta decisión fueron:
1A.
Destrucción de la producción agrícola nacional
Antes
de la apertura arancelaria, Haití era un país prácticamente autosuficiente en
la producción de arroz, su principal alimento básico, y el sector agrícola
protegía la economía rural. Al eliminar las barreras arancelarias, el mercado
haitiano se vio inundado por el denominado «Miami Rice» (arroz de Miami).
Los
agricultores haitianos, que utilizaban métodos tradicionales y carecían de
apoyo estatal, no pudieron competir con una producción tecnificada con el grano
estadounidense, el cual estaba fuertemente subsidiado por el gobierno de EE.
UU. y se vendía a precios artificialmente bajos. Esto causó la quiebra masiva
de los productores locales.
1B.
Dependencia alimentaria absoluta y vulnerabilidad externa
Haití
pasó de producir la mayor parte del arroz que consumía a importar más del 80%
del grano desde los Estados Unidos. Esta pérdida de soberanía alimentaria dejó
al país a merced de la volatilidad de los precios internacionales y de las
crisis cambiarias.
Cuando
el precio global de los alimentos subía, la población haitiana —ya sumida en la
pobreza extrema— sufría hambrunas inmediatas al no contar con una red de
producción interna que amortiguara el impacto.
1C.
Éxodo rural y tugurización urbana
La
ruina del sector arrocero en regiones clave como el valle de Artibonito
destruyó el empleo en el campo. Miles de familias campesinas e industrias
molineras locales se vieron obligadas a abandonar sus tierras. Esto aceleró un
éxodo rural masivo hacia Puerto Príncipe y otras urbes, donde los desplazados
terminaron viviendo en barriadas marginales y precarias.
1D.
Fracaso del modelo de industrialización prometido
La
teoría económica que justificó la medida argumentaba que, al disponer de arroz
extranjero barato, los haitianos dejarían la agricultura de subsistencia para
convertirse en mano de obra barata en zonas francas y fábricas de ensamblaje.
Sin
embargo, la inestabilidad política interna y la falta de infraestructura
impidieron que dichas inversiones industriales cuajaran a gran escala. Como
resultado, los empleos fabriles prometidos nunca llegaron a compensar los
cientos de miles de empleos agrícolas destruidos.
1E.
Impacto en la salud pública
El
cambio drástico en el suministro del grano modificó los hábitos de consumo de
la población. El arroz importado, altamente procesado en comparación con las
variedades locales haitianas de grano entero (más nutritivas), comenzó a
consumirse diariamente.
Diversos
estudios y expertos de la salud vincularon esta transición dietética forzada
con el surgimiento de epidemias de diabetes y problemas metabólicos en el país.
La
disculpa histórica de Bill Clinton
2
– En marzo de 2010, compareciendo ante el Comité de Relaciones Exteriores del
Senado de los EE. UU. en su rol de enviado especial de la ONU para Haití, Bill
Clinton asumió la responsabilidad total del desastre con estas palabras:
Puede
que haya sido bueno para algunos de mis agricultores en Arkansas, pero no ha
funcionado. Fue un error. Tengo que vivir cada día con las consecuencias de la
pérdida de la capacidad de producir arroz en Haití para alimentar a esa gente,
debido a lo que hice». Fin de la cita.
Lo
grave y peor
3
– La agravante de esta situación es que Estados Unidos, tan propenso a exigir
reparaciones cuando algo ha afectado sus intereses, nunca se dignó a pagar
indemnización a Haití por este daño tan atroz.
Es
grave e inhumano que semejante potencia haya hecho ese mal a un pueblo pobre
tan solo para que sus agricultores de Arkansas se ganaran algunos pesos a costa
de llevar a la miseria con hambre devastadora a otra nación que subsiste en la
más abyecta pobreza.
Trump
y su imperio conspiran contra la producción del arroz dominicano
4
– Si Trump materializa su exigencia de que el gobierno dominicano derogue el
decreto 693-24 del presidente Luis Abinader, que establece medidas arancelarias
para proteger la producción nacional de arroz, repetirá en nuestra RD la misma
destrucción que en 1994 causó en Haití Bill Clinton al reducir los aranceles a
la importación de arroz desde EE. UU. del 35% al 3%.
5
– Trump justifica su medida, argumentando que es necesaria para garantizar el
acceso del arroz estadounidense al mercado local bajo el DR-Cafta. Esta es la
misma inhumanidad que alimentó la imposición de Bill Clinton en 1994. Esta
conspiración de Trump contra la producción del arroz dominicano demuestra una
vez más que Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses.
El
imperio es egoísta, solo vela por sus intereses; los demás que se jodan.
6
– Por causa de sus intereses, en 1826 EE. UU. boicoteó el Congreso de Panamá.
Posteriormente, por el mismo motivo, se opuso radicalmente a la integración de
toda América y el Caribe. Por esta razón se ha opuesto al ALBA (Alianza
Bolivariana para América), al MERCOSUR (Mercado Común del Sur), al BANCOSUR (El
Banco del Sur), a TELESUR (canal de televisión latinoamericano).
7
– En lugar del ALBA, EE. UU. quiso imponer el ALCA (Tratado de Libre Comercio
de América del Norte). Sin embargo, en la IV Cumbre de las Américas celebrada
en Mar del Plata, Argentina, el 4 de noviembre de 2005, el ALCA fue derrotado,
aplastando la ofensiva estadounidense que buscaba imponer un modelo neoliberal
que subordinaba las economías nacionales a los intereses de las
transnacionales.
El
triunfo del ALBA se dio denunciando que la implementación del ALCA significaba
la pérdida de soberanía, la imposición de recortes sociales y la profundización
de la desigualdad. Sus precursores fueron Hugo Chávez y Fidel Castro, los
cuales presentaron el ALBA como la alternativa basada en la solidaridad, la
justicia social y la integración de todos los pueblos.
8
– El ALCA propuesto por Estados Unidos abogaba por la reducción de barreras
arancelarias, acceso a mercados, bienes y servicios de intercambio comercial,
inversión extranjera, privatización de bienes y servicios públicos,
agricultura, derechos de propiedad intelectual, subsidios y medidas antidoping
y de libre competencia y resolución de diferendos.
Este
tratado supuestamente aseguraba el desarrollo a través de las transacciones
comerciales que impulsarán la especialización, la competitividad, la
desaparición de monopolios, la mejora del nivel de bienestar de la población y
un desarrollo de las infraestructuras.
Todo
era una farsa, puesto que para que esta competitividad se dé, los Estados
Unidos tendrían obligatoriamente que eliminar los subsidios a sus productores
agropecuarios, cosa a la que ellos se han negado rotundamente.
Sobre
el tratado de “libre comercio”, el ALCA, propuesto por EE. UU.
9
– Está bien documentado que los llamados «Tratados de Libre Comercio» de libre
no tienen nada. Estos son impuestos y calculados alevosamente tan solo para el
beneficio leonino de los EE. UU.
Sus
supuestos beneficios (reducción de barreras arancelarias, acceso a mercados,
bienes y servicios de intercambio comercial, inversión extranjera,
privatización de bienes y servicios públicos, agricultura, derechos de
propiedad intelectual, subsidios y medidas antidoping y de libre competencia y
resolución de diferendos) son un engaño siniestro.
En
los países donde estos tratados se han puesto en vigencia, han ocasionado
ruina, muerte, destrucción y miseria extrema.
El
final de los productores de maíz en México y los de arroz en Haití y la India,
y los productores de soya del Brasil son el ejemplo por antonomasia de estos
casos. Lógicamente, los “productores del patio trasero” que operan bajo las
normas de este «libre comercio amarrado» son destruidos porque tienen que
competir con los agricultores norteamericanos y europeos, que son subsidiados
por el Estado, tienen tecnología de punta, infraestructura, insumos más
baratos, mayores extensiones de terreno, acceso al financiamiento barato y
mecanismos de apoyo público y, como si fuera poco, también tienen el mercado y
precios asegurados.
10
– La intención oculta de los «Tratados de Libre Comercio» es ladina, es
inhumana: quebrar a los agricultores del Tercer Mundo y hasta eliminarlos, tal
como sucedió en Haití, México y en la India, donde muchos productores de estos
cereales, tras las quiebras, optaron por el suicidio.
La
intención de este “comercio amarrado” es que el mercado quede en manos de los
agricultores norteamericanos y europeos, tal como ha estado sucediendo.
De
estos quiebres solo se beneficiaron los productores de Arkansas, una vez con la
destrucción arrocera y en otra ocasión con la eliminación de los cerdos por la
fiebre porcina africana.
Es
importante recordar que esta peste fue introducida primero en Cuba por obra y
gracia de la guerra bacteriológica que desató la CIA contra aquel país, y que
de Cuba pasó a nuestra RD y a otros países.
Conclusión
En
esta oportunidad no podemos permitir que Trump y el imperio se salgan con las
suyas; su materialización sería destruir la industria arrocera dominicana, en
cuyo caso, en nuestra RD se repetiría la amarga experiencia de destrucción y
muerte que sufrieron Haití y los países ya referidos.
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