Estanflacion, causas y consecuencias, historia.
La estanflación (del inglés: stagflation) es una situación económica caracterizada por la aparición simultánea de una inflación elevada, un estancamiento del crecimiento económico y un elevado desempleo.
Este fenómeno desafía las
teorías económicas tradicionales, que anteriormente sugerían que la inflación y
el desempleo estaban inversamente relacionados, tal y como representaba la
curva de Phillips.
El término estanflación,
acrónimo de «estancamiento» e «inflación», fue popularizado por el político
británico Iain Macleod en la década de 1960, durante un periodo de dificultades
económicas en el Reino Unido.
Obtuvo un reconocimiento más
amplio en la década de 1970 a raíz de una serie de crisis económicas mundiales,
en particular la crisis del petróleo de 1973, que perturbó considerablemente
las cadenas de suministro y contribuyó a la subida de los precios y a la
ralentización del crecimiento.
La estanflación plantea un
dilema político, ya que las medidas típicas para frenar la inflación —como el
endurecimiento de la política monetaria— pueden exacerbar aún más el desempleo,
mientras que las políticas destinadas a reducir el paro pueden alimentar la
inflación.
Se suele hablar de dos
explicaciones principales de la estanflación: los choques de oferta, como un
fuerte aumento de los precios del petróleo, y las políticas gubernamentales
equivocadas que obstaculizan simultáneamente la producción industrial y expanden
la oferta monetaria con demasiada rapidez.
La estanflación de la década
de 1970 condujo a una revaluación de las políticas económicas keynesianas y
contribuyó al auge de teorías económicas alternativas, como el monetarismo y la
economía de la oferta.
Causas y consecuencias
Formalmente, se determina
que existe una recesión cuando el producto interno bruto (PIB) decrece durante
dos trimestres consecutivos. Cuando la recesión llega acompañada de alta
inflación, el proceso recibe el nombre de estanflación; está considerado uno de
los peores escenarios económicos posibles por la dificultad de su manejo y
corrección.
Las políticas monetarias y
fiscales que suelen utilizarse para dinamizar una economía recesiva empeoran el
componente inflacionario [cita requerida]de la estanflación y las políticas
monetarias restrictivas que se utilizan para combatir la inflación tienden a
profundizar y ampliar su componente recesivo.
La estanflación distorsiona
completamente los mercados y coloca a los hacedores de políticas de los
gobiernos y sus bancos centrales en una posición 'perder-perder'.
En la estanflación la
recesión suele ser parcial, registrándose simultáneamente el decrecimiento de
algunos sectores, como la producción de bienes, junto al crecimiento de otros
sectores, como la producción de servicios.
Si se trata de una economía
relativamente abierta y la inflación viene acompañada de un proceso de
devaluación, puede registrarse una contracción de las actividades que consumen
divisas y una expansión de las que generan divisas.
Esto representa un desafío
enorme para las autoridades pues reciben señales mixtas y contradictorias sobre
la economía que hacen muy difícil decidir qué políticas aplicar, en qué
secuencia y en qué momento tomarlas. «Es lo peor de los dos mundos», dicen muchos
economistas.
Historia
Históricamente y con algunos
matices, siempre han existido en el mundo dos posturas económicas en puja: el
«Librecambismo» y el «Intervencionismo».
En la época moderna, hasta
el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914, el planeta vivió
predominantemente una era de «libre mercado», donde las personas podían
desplazarse libremente de un territorio a otro y donde los bienes eran
comerciados según las reglas naturales de la oferta y la demanda.
Se trataba de la llamada
«mano invisible» que supuestamente autorregulaba el mercado, una metáfora
acuñada por el filósofo Adam Smith en su libro «La riqueza de las naciones»
(1776).
Otra constante histórica ha
sido la existencia de ciclos económicos, es decir oscilaciones recurrentes
donde una fase de expansión es seguida, al cabo de algún tiempo, por otra fase
de contracción.
Esta última siempre deriva
en una crisis económica que afecta a la población en general. En una economía
de mercado, los efectos inmediatos de una crisis económica suelen ser un alza
aguda del desempleo y una deflación en los precios, ya que la oferta de bienes
y servicios supera a la demanda.
Tras la Gran Depresión
norteamericana, tomó fuerza la corriente económica denominada keynesianismo,
que si bien consideraba a los ciclos económicos como fenómenos inevitables,
postulaba que el Estado podía compensar los efectos negativos de estas crisis incrementando
el gasto público, lo que generaría más puestos de trabajo y por ende una mayor
demanda de bienes y servicios.
Tras la Primera Guerra
Mundial, países como Rusia se adhieren al comunismo, una corriente que se apoya
en la planificación estatal, mientras que en el mundo occidental se acentúa
poco a poco una mayor participación de los estados en la economía. Una suerte
de economía mixta, donde se respeta la propiedad privada, aunque aumenta
considerablemente la participación estatal en defensa de valores como la
justicia y el bienestar social. Esta situación se afianza definitivamente tras
la Segunda Guerra Mundial.
El keynesianismo se
convirtió no solo en una corriente económica, sino también ideológica,
vinculada al bienestar social. Concepto que fue bien acogido por las
democracias occidentales, influenciadas durante los años ´50 y ´60 por el
avance de las ideas comunistas. Por lo tanto, lo que comenzó siendo una
propuesta excepcional y temporal para tiempos de crisis, terminó convirtiéndose
en una política económica permanente.
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