Por qué el café estimula mucho a algunas personas y tiene pocos efectos en otras
Madrid, España------"El café simplemente no me hace mucho efecto", dice Emily, de 20 años, mientras sale de una cafetería en el centro de Londres a las 6 de la tarde.
"Normalmente tomo dos tazas al día y quizá también una bebida energética. Y luego puedo beber refresco de cola toda la noche y sentirme perfectamente bien".
Todos tenemos un amigo como Emily. Ese que puede tomarse un espresso doble o incluso una bebida energética por la noche y aun así quedarse dormido una hora más tarde sin problemas.
Sin embargo, para muchas
personas, los efectos de la cafeína pueden durar mucho más tiempo.
¿Por qué algunas personas
pueden tomar café antes de acostarse y dormir profundamente, mientras que otras
pasan la noche despiertas mirando al techo?
¿Qué es exactamente la
cafeína?
La cafeína es, con diferencia,
la sustancia psicoactiva más consumida en el mundo.
Cada día se beben más de 2.000
millones de tazas de café, y eso sin contar los refrescos de cola, las bebidas
energéticas, algunos chocolates, chicles y suplementos deportivos que también
contienen esta sustancia química.
Puede hacernos sentir más
alerta, mejorar la concentración y combatir el cansancio. Pero un consumo
excesivo puede provocar dolores de cabeza, nerviosismo, palpitaciones y noches
inquietas.
Los expertos afirman que la
cafeína no aporta energía adicional al cuerpo, sino que ayuda a enmascarar la
sensación de cansancio.
Lo consigue bloqueando la
acción de la adenosina, una sustancia química que se acumula en el cerebro a lo
largo del día y nos hace sentir sueño.
¿Por qué afecta de forma
diferente a cada persona?
Un factor clave es el tiempo
que la cafeína permanece en el organismo.
Después de beber una taza de
café, esta se absorbe en el torrente sanguíneo y llega rápidamente al cerebro.
Al mismo tiempo, también está
siendo descompuesta, o metabolizada, por una enzima en el hígado y
posteriormente eliminada a través de la orina.
Ese proceso de depuración
puede tardar entre seis y veinte horas, dependiendo de la persona, explica la
doctora Marilyn Cornelis, profesora asociada de Nutrición en la Universidad
Northwestern de Chicago (EE.UU.).
"Es posible tomar una
primera taza de café y quizá no sentir ningún efecto", señala.
"Pero dos o tres horas
después, la cafeína sigue presente en el organismo y, si añades una segunda
taza, eso podría ser suficiente para inclinar la balanza y hacer que empieces a
sentirte un poco ansioso", añade Cornelis.
Por qué la cafeína estimula a
algunas personas más que a otras
La rapidez con la que el
hígado procesa la cafeína depende de un único gen conocido como CYP1A2.
Curiosamente, esto también
podría estar influido, al menos en cierta medida, por la ascendencia genética
de cada persona.
Un estudio publicado este año
halló que los europeos y los sudamericanos tienden, en promedio, a metabolizar
la cafeína más rápidamente.
¿Qué otros factores
intervienen?
El ADN está lejos de contar
toda la historia. Fumar, aunque probablemente no vapear, parece estimular al
hígado para que descomponga la cafeína mucho más rápido, acelerando el proceso
hasta en un 65%.
Esto podría ayudar a explicar
por qué los fumadores suelen consumir más café y por qué quienes dejan de fumar
descubren de repente que su taza habitual les afecta mucho más que antes.
Algunos antibióticos, las
píldoras anticonceptivas y otros medicamentos con receta pueden tener el efecto
contrario, permitiendo que la cafeína permanezca más tiempo en el organismo y
prolongando sus efectos.
Lo mismo ocurre durante el
embarazo, cuando los cambios hormonales reducen la actividad de la enzima
hepática encargada de descomponer la cafeína.
Luego está la cuestión de la
tolerancia.
Los consumidores habituales de
café se vuelven menos sensibles a la cafeína a medida que el organismo se
adapta a la presencia de esta sustancia.
Si después se deja de consumir
café durante algunas semanas, esas adaptaciones cerebrales comienzan a
revertirse, lo que significa que la primera taza tras la pausa puede provocar
una sensación inusualmente intensa de estimulación o nerviosismo.
¿Qué recomiendan los expertos?
Los investigadores del sueño
suelen recomendar evitar la cafeína durante al menos seis horas antes de
acostarse.
La doctora Lindsay Browning,
psicóloga y especialista en sueño, afirma que la evidencia sugiere que la
cafeína no solo puede dificultar quedarse dormido, sino también afectar la
calidad del sueño.
"Suelo sugerir a las
personas que eviten la cafeína después de aproximadamente las 2 de la tarde si
tienen previsto acostarse hacia las diez de la noche", explica.
"Pero una regla rígida y
universal no resulta útil, porque no tiene en cuenta las complejidades y las
diferencias individuales de lo que realmente está ocurriendo".
El Servicio Nacional de Salud
(NHS) de Reino Unido aconseja a las mujeres embarazadas limitar el consumo de
cafeína a menos de 200 mg al día, aproximadamente el equivalente a dos tazas
grandes de café filtrado, ya que diversos estudios han relacionado cantidades
superiores con bajo peso al nacer y otras complicaciones.
Para el resto de los adultos,
el mensaje principal es la moderación, ya que la sensibilidad a la cafeína
varía enormemente de una persona a otra.
"La cafeína es
relativamente segura", afirma Peter Rogers, profesor emérito de Nutrición
de la Universidad de Bristol.
"Si consumes grandes
cantidades, simplemente empiezas a sentirte nervioso e incómodo, y terminas
dándote cuenta de que necesitas parar porque no tiene sentido seguir tomando
más".
Las sobredosis de cafeína son
muy poco frecuentes y los casos graves de intoxicación casi siempre implican
productos con cafeína altamente concentrada, en los que pueden ingerirse varios
gramos en cuestión de minutos.
Para los amantes del café, la
buena noticia es que ese hábito matutino habitual (aunque cada vez más costoso)
parece estar asociado con mejores resultados de salud.
Aunque los investigadores no
pueden demostrar que el café sea la única causa, décadas de estudios sugieren
que las personas que lo consumen con moderación tienden a presentar menores
riesgos de padecer varias enfermedades importantes e incluso podrían vivir
ligeramente más tiempo que quienes no lo beben.
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