San Juan: entre la espada y la pared
Natanael De los Santos
La provincia de San Juan se
encuentra en una situación digna de reflexión. La falta de oportunidades y de
ofertas de empleo ha provocado una preocupante migración de su juventud hacia
otros lugares de mayor desarrollo y oportunidades.
Esta situación ha hecho que
San Juan pierda representación en el Congreso Nacional, sufriendo la reducción
de un diputado.
Ante esa realidad, el
presidente Luis Abinader la declaró en estado de emergencia y adoptó algunas
medidas que, según su lógica de gestión, contribuirían a revertir la situación.
Se trata de una zona que
históricamente había sido de las más pujantes del país. San Juan fue
considerada durante años como una provincia productiva, lo que le valió ser
conocida como el granero del sur; lamentablemente, ha dejado de serlo.
Existen grandes limitaciones
en la producción agrícola y una reducción considerable de su productividad,
debido a la falta de tecnificación y modernización.
A esto se suma la alta
sedimentación de la Presa de Sabaneta, principal recurso para el desarrollo
agrícola de la zona y de la región, que ha reducido de forma importante la
capacidad de almacenamiento de agua para riego.
Todo ello ha afectado de
manera significativa la producción agropecuaria. Si a esto le sumamos los
deficientes servicios de distribución de agua para consumo humano, el resultado
es un impacto negativo en la calidad de vida de su población.
Una intención valiosa desde
la perspectiva presidencial, pero que resultó ineficaz en sus inicios, fue la
creación del llamado Plan San Juan.
Este proyecto se concibió
para brindar apoyo a los productores, pero al estar gestionado por personal sin
la preparación adecuada y sin una planificación efectiva, se politizó y se
desperdiciaron más de 3,000 millones de pesos. Afortunadamente, un reciente
cambio de autoridades y de gestión parece estar encaminando esta iniciativa,
por lo que se espera que genere mejoras en el sector productivo a mediano
plazo.
Por otro lado, San Juan
tiene ante sí el reto de valorar la posibilidad de diversificar su matriz
productiva, lo que permitiría estudiar otras formas de aprovechamiento de sus
recursos naturales.
Sin embargo, existe un
enfoque estrictamente conservacionista que se ha negado a evaluar la
posibilidad de hacer uso de los recursos mineros con los que cuenta la
provincia.
Una empresa llamada
Goldquest ha presentado, tras realizar estudios, una propuesta para combinar la
actividad agrícola con el aprovechamiento sostenible de esos recursos mineros,
asegurando que ello se podría llevar a cabo de manera responsable con el medio
ambiente, gracias a los avances tecnológicos disponibles en la actualidad.
No obstante, una parte de la
población, arrastrada por posturas populistas y la difusión de información en
redes sociales, ni siquiera ha permitido que la empresa exponga y explique la
metodología de extracción propuesta.
San Juan no puede seguir
entre la espada y la pared. Su historia, su tierra y su gente merecen mucho más
que promesas sin rumbo, enfrentamientos estériles o proyectos que se pierden en
la politiquería.
Es urgente dejar de elegir
entre agricultura o minería, entre protección ambiental o progreso; porque el
verdadero desarrollo consiste en armonizarlo todo, con visión, con ciencia y
con el único interés de sacar a esta tierra bendita del atraso. San Juan merece
despertar, avanzar y volver a brillar con la fuerza que siempre ha tenido.
San Juan fue el granero del
sur y puede volver a serlo, el fanatismo o la negligencia no deben condenar a
su gente a la migración o a la miseria.
Es hora de unir voluntades,
de planificar con seriedad y de abrir los ojos a todas las posibilidades que la
naturaleza y la inteligencia humana ponen a nuestro alcance.
San Juan clama por un futuro
digno, y ese futuro, sin duda alguna, es posible. Mientras sigamos atrapados
entre la espada de la falta de visión y la pared de la pobreza, se
desperdiciará nuestra mayor riqueza: nuestra gente.
No se trata de elegir entre
agricultura y minería, ni entre progreso y naturaleza. Se trata de elegir entre
estancarnos para siempre o construir un porvenir con sabiduría. San Juan merece
resurgir, porque ha sido grande y está destinada a volver a serlo.
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