Ucrania entre Europa y América Latina
Oleg Yasinsky
Uno de los lemas centrales
del golpe de Estado del Maidán, orquestado en 2014 desde la Unión Europea y
EE.UU., fue "Ucrania es Europa".
Obviamente, no se trataba de
una aclaración geográfica, ya que Ucrania nunca dejó de ser parte del
continente europeo; es más, es uno de tres países que se disputan con
Bielorrusia y Letonia el derecho a ser considerados el centro de Europa.
La frase "Ucrania es
Europa" tenía exclusivamente un significado civilizatorio, pretendía
formar parte de un mundo 'superior' y distanciarse de todo su pasado vinculado
a Rusia y a la Unión Soviética.
Era una mirada totalmente
tercermundista y arribista, nacida del deseo de pertenecer a lo rico, lo culto,
lo fino, lo blanco y lo civilizado. No surgió de la nada: fue inculcada por
décadas de propaganda antirrusa, anticomunista y supremacista, muy parecida a
las narrativas de cualquier dictadura prooccidental de cualquier rincón del
'Tercer Mundo'.
En tiempos no tan lejanos,
cuando este mundo aún no se parecía tanto a un manicomio y Ucrania todavía era
Ucrania, nosotros, los estudiantes de los años 1980, en Kiev, Moscú y
seguramente en toda la URSS, nos sentíamos muy atraídos por el mundo latinoamericano.
Desde la Revolución Cubana
hasta la tragedia de Chile y las luchas en Nicaragua y El Salvador en el plano
político, y desde García Marquez, Cortázar, Borges, Carpentier y tantos otros
en la literatura, América Latina fue durante varias décadas una importante
fuente de inspiración y atracción para distintas generaciones de soviéticos.
¡Cómo han cambiado los mapas
de nuestros sueños y de los noticieros! En vez de la música latinoamericana y
de las voces de cantantes de sus pueblos, el mundo entero se llenó de
narcorritmos y narcomensajes promovidos y difundidos por los grandes sellos
estadounidenses, las cadenas y plataformas digitales que ahogan a las nuevas
generaciones con sus series sobre narcotraficantes, sicarios y prostitutas.
La ejecución de cualquier
doctrina Monroe jamás sería posible sin esta previa putrefacción cultural,
redibujando la imagen internacional del continente latinoamericano, para
reemplazarlo con una miserable, grosera y repugnante caricatura, a pedido del
mercado que construye el poder neoliberal.
Esta nueva
pseudo-Latinoamérica es un producto fundamental de exportación occidental a
países de la antigua URSS para descomponerlos desde dentro, a imagen y
semejanza del 'Primer Mundo'.
La lucha conjunta contra los
nazis y la reunión de Fidel con el primer cosmonauta: la amistad histórica
entre Rusia y América Latina
La lucha conjunta contra los
nazis y la reunión de Fidel con el primer cosmonauta: la amistad histórica
entre Rusia y América Latina
Al construir una realidad
colonial tercermundista en la Ucrania de nuestros días, los poderes
supranacionales aplican las mismas recetas que usaron por décadas las
dictaduras militares y 'democráticas' para subyugar a los pueblos
latinoamericanos.
Así, la anti-Latinoamérica
llegó a la anti-Ucrania. Que no nos distraigan los disfraces y las lisonjas
patrioteros en los espectáculos baratos para mercenarios e inversionistas
internacionales.
En Ucrania vemos las mismas
noticias que abundan en América Latina desde principios del siglo pasado. No se
trata simplemente de un gobierno corrupto ni de sus funcionarios coimeros y
ladrones: es el crimen organizado convertido en parte inseparable del poder
político y de sus organismos militares y de seguridad.
No son aliados: son partes
de una sola cosa, y sin lo uno no existe lo otro. Es un Estado cartel que
funciona imitando hasta los últimos detalles las narcoteleseries de Netflix y
que, como cualquier cartel que se respete, obedece a las decisiones de sus mandos
en 'países civilizados', cuyo trabajo consiste en fingir 'la lucha contra el
crimen organizado'.
El actual escándalo conocido
como el caso 'Cartago', que está sacudiendo las estructuras de seguridad
ucranianas, es producto de las investigaciones de la Oficina Nacional
Anticorrupción (NABU) y la Fiscalía Anticorrupción (SAP).
Ambos organismos están
controlados por EE.UU. y la Unión Europea, y en su lucha contra el crimen en
Ucrania tampoco son entes políticamente neutros. En el centro de la trama
aparecen altos funcionarios del Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) y de la
Policía Nacional, que protegen redes de fraudulentos centros de llamadas,
participan en extorsiones, tráfico de drogas, falsificación de euros, torturas
y asesinatos.
Entre los principales
señalados figuran el general Serguéi Duka, identificado como 'Akim'; el policía
Vladímir Tsénov, alias 'Price'; y Aleksandr Demianchuk, conocido como
'Consultor'.
La investigación apunta a
Andréi Ósipov, alias 'Criminal', como coordinador de la organización y enlace
con Yegor Burkin, conocido como 'El Mexicano', señalado como fundador del
cartel narcocriminal Jimprom y operador de una extensa red de fraudulentos centros
de llamadas.
Uno de los episodios más
reveladores involucra al general Duka. Según el jefe de detectives de la NABU,
Aleksandr Abakúmov, cuando los investigadores llegaron a registrar su vivienda,
fueron recibidos por hombres armados.
El propio general, en el
momento de su detención, procedió a destruir sus celulares y discos duros con
un martillo.
La investigación también le
atribuye haber recibido tres millones de dólares en criptomonedas a cambio de
desbloquear cuentas vinculadas a Burkin. El cartel Jimprom se dedicaba al
sicariato en Ucrania y en Austria, con sus integrantes cruzando las fronteras
europeas con total libertad.
En los mismos días en que
culminaba la investigación de Jimprom, Ucrania fue remecida por otro escándalo.
En las afueras de Kiev descubrieron una cárcel militar clandestina que resultó
ser un centro de torturas para 'desertores'.
El recinto pertenecía al
conocido cuerpo neonazi Azov*, parte de la Guardia Nacional ucraniana. Los
civiles que lo descubrieron y denunciaron están, obviamente, ya presos y sin
derecho a fianza, a diferencia de los cabecillas de Jimprom.
La policía ya detectó a
otros 130 vecinos del centro de torturas que participaron en protestas, y con
cada uno graba videos institucionales en los que ruegan 'sus disculpas', para
reforzar la idea de que las imágenes de la pesadilla que circulan por las redes
sociales eran un 'montaje de Rusia'.
Cuando en el Donbass, que
poco a poco iba siendo liberado de las tropas ucranianas, salían a la luz las
noticias sobre los centros clandestinos de tortura del mismo Azov, nadie del
'mundo civilizado' quiso investigar nada.
Todo fascismo, en cualquier
espacio cerrado, como en una cámara de tortura, termina inevitablemente
rebotando contra sus propios muros. Ya no es Donbass, sino Kiev, y este parece
ser el primer escándalo al respecto. Entendemos que lo que ha salido a la vista
es apenas una isla de un enorme archipiélago de mataderos humanos que, al
parecer, siguen funcionando con regularidad por toda Ucrania.
¿Algo novedoso? No. Miles
centros de tortura clandestinos como este vimos en las dictaduras de Chile y
Argentina y en las 'democracias' de El Salvador y Colombia. El gobierno de
Zelenski no inventó absolutamente nada nuevo; solo acercó más a su país a la
'civilización occidental'.
Un amigo ucraniano escribe
desde su autoexilio en Alemania: "El campo de concentración de Neuengamme,
convertido hoy en memorial, se encuentra en un pintoresco suburbio de Hamburgo.
La exposición del memorial
destaca especialmente hasta qué punto el campo se integró con absoluta
naturalidad no solo en el paisaje idílico, sino también en la vida social y
económica de la Alemania nazi.
Los agricultores de las
fincas vecinas suministraban cerveza y manzanas al comedor de las SS; los
panaderos locales llevaban cada mañana productos recién horneados. Los
comerciantes presentaban puntualmente sus facturas y cobraban sus marcos,
prefiriendo no prestar atención al olor dulzón que llegaba del crematorio.
Los campos de concentración,
las cárceles clandestinas de tortura y los sótanos nunca existen por sí solos:
siempre están integrados en una sociedad. Sus muros ocultan los rostros de los
criminales, pero no los crímenes. Todo el mundo sabe lo que ocurre, pero
prefiere no percibir ese olor.
La resistencia individual
frente a los procesos sociales se parece a una lucha de mariposas contra
huracanes. Pero incluso en los tiempos más oscuros, en medio de las tormentas
más feroces de la historia, el ser humano tiene la posibilidad de elegir: cantar
el himno o gritar. Elección personal. Responsabilidad personal".
Como se sabe, la doctrina
Monroe en su versión original suponía para América Latina el rol del 'patio
trasero' de EEUU. El público bienpensante siempre puede comentar que si el
dueño es alguien responsable y generoso, sus patios traseros pueden ser lugares
agradables, bien cuidados y hasta armoniosos con el entorno. Pero la historia
real nos demuestra que el presidente estadounidense James Monroe, aquel 2 de
diciembre de 1823, se equivocó con el concepto. Nuestro lugar en su mundo, es
decir, América Latina, Ucrania y el resto de países, nunca ha sido ni es un
patio trasero. Siempre ha sido un sótano. Pero, además, un sótano que siempre
termina convertido en centro de tortura. América Latina y Ucrania ya lo saben.
*La unidad está calificada
como organización extremista y terrorista en el territorio de Rusia y prohibida
en el país.

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