EL ESPIRITU DE JOSEPH GOEBBELS EN LA PROPAGANDA DEL CANDIDATO OFICIALISTA

(Reminiscencias impúdicas de un pasado reciente) Joseph Goebbels ocupó la jefatura de propaganda del Tercer Reich, uno de los puestos más relevantes del régimen nazifascista de Adolfo Hitler. Sin embargo, y de manera curiosa, quien fuera uno de los principales adeptos al fuhrer no encajaba con el prototipo de hombre perteneciente al linaje de la raza aria, dado el aspecto desgarbado que denotaba su baja estatura y la anomalía en una de sus piernas, pero sí se ajustaba, a la perfección, a los requisitos de cinismo e impudicia del régimen fascista. Joseph Goebbels entendía que la propaganda, tanto en las lides políticas como en las guerras, debía ser un medio de disuasión de las masas al logro de los objetivos de la conquista y mantenimiento del poder, no importara el cinismo y descaro con que ésta se llevara a cabo. En ese orden, sustentaba la estrategia propagandística de la Alemania nazi en un conjunto de postulados, de los cuales citamos los siguientes: la propaganda debe etiquetar los acontecimientos y las personas con frases o consignas distintivas; la comunicación debe llegar a la audiencia por delante de la propaganda de la competencia; si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan; cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. Como ejemplo de la perversidad de la propaganda dirigida por Goebbels, se puede citar en el ámbito político el hecho de endilgarles a los judíos la tragedia de la miseria del pueblo alemán, luego de su derrota en la Primera Guerra Mundial, argumento que sirvió de excusa para Hitler ascender al poder en el 1933. Y en lo que respecta al ámbito de la Guerra, la propaganda nazi, en un esfuerzo por desmoralizar a los rusos durante los 900 días del sitio a Leningrado, incitó a los leningradenses unirse a los soldados alemanes en la “lucha humanitaria” contra el Estado soviético. Así transcurrieron los hechos. Sin embargo, a pocos años de concluida la Segunda Guerra Mundial y al otro lado del Atlántico, en la mitad de una pequeña isla, ubicada “en el mismo trayecto del sol”, un partido dirigido por gente de “primera”, la Unión Cívica Nacional, en medio del fragor de la primera contienda electoral democrática, luego de transcurrido 30 años de dictadura, desbordaba los medios de comunicación haciendo uso magistral de la máxima de Joseph Goebbels de que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, al endilgarle al profesor Juan Bosch, candidato del Partido Revolucionario Dominicano, la condición de comunista, demagogo, persona falta de cultura por lo disparatado en el uso del lenguaje, e inclusive de farsante y hasta loco. Tal era la agresividad de los cívicos por mantenerse en el poder en los comicios del 1962, que por recomendación del Secretario General de la UCN, Luis Baquero, llegaron a utilizar algunos trucos psicológicos, como lo de difundir en todos los confines del territorio dominicano la postura del clero que consideraba a Bosch un ser “malo”. Más recientemente, y a cincuenta años de aquella contienda electoral, el Partido gobernante, con el apoyo del oficialismo en pleno, hace uso de las enseñanzas aprendidas, no precisamente por quien fuera su fundador y mentor, sino de las lecciones impartidas por los cívicos, que se atrevieron a denigrar a Bosch en las elecciones del 1962; de las lecciones aprendidas de los reformistas, que intentaron desconocer la voluntad del pueblo dominicano en las elecciones del 1978; de las clases impartidas por los reformistas en materia de fraude, que de manera engañosa le arrebataron el triunfo electoral al mismo Bosch en el 1990; de las enseñanzas de los reformistas que le arrebataron el triunfo a Peña Gómez en el 1994; y del mismo PLD que apoyado por los reformistas, aprendieron la lección de lograr el poder basados en el cinismo y la manipulación de los medios de comunicación, en el 1996, y que hoy con la desfachatez de quien lidera el Partido que lleva como consigna: “servir al partido para servir al pueblo” se jacta de decirle a un grupo de correligionarios, en la urbe neoyorquina, que dispone de la “friolera” suma, de RD$40 mil millones de pesos del Estado dominicano, para catapultar la candidatura oficialista. Como diría un pobre campesino dominicano: “Chupe usted y déjeme el cabo”. Bernardo Hirán Sánchez Melo El autor es economista

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