RESPONSABILIDAD SOCIAL VS. GANANCIA EN LA INDUSTRIA DE EMBUTIDOS


MITOS Y REALIDADES EN LA CRUCIFIXION DEL SALAMI DE CADA DIA)

Con la publicación de los resultados de la investigación sobre la calidad de los embutidos producidos localmente, y específicamente el análisis de los salami, Pro Consumidor abrió, definitivamente, una de las cajas de Pandora que celosamente la industria alimenticia nacional, mantuvo cerrada, por muchos años, a los ojos de la población dominicana. En efecto, lo que la población consumidora intuía del contenido de los salami, elaborados por empresas establecidas en país, lo viene a corroborar un estudio que a instancia del órgano oficial protector del consumidor, fue llevado a cabo de manera científica y rigurosa, dada la aplicación de criterios metodológicos en la selección de las unidades muestrales y su posterior análisis físico-químico y bacteriológico, por parte de laboratorios de amplia reputación.

A nuestro entender, los resultados del análisis de las 258 unidades de salami, obtenidas de manera aleatoria de 22 empresas embutidoras, son contundentes y categóricos en lo que respecta al contenido y la falta de inocuidad de los salami elaborados a nivel nacional, al no dejar brecha para su cuestionamiento. Esto así, dado que en el “97% de las muestras tomadas, el contenido de proteína estaba por debajo del límite establecido”, porcentaje que al expandirlo al universo de los productores de embutidos, prácticamente, abarca la generalidad de este tipo de empresa. Por lo que resulta cuesta arriba, en consecuencia, solicitarle a Pro Consumidor una lista de empresas trasgresoras de las normas alimenticias, de la cual se pueda discriminar los productores que, supuestamente, cumplen enteramente con las normas sanitarias y de calidad.

De igual modo, los resultados evidencian un alto porcentaje de empresas que utilizan indiscriminadamente aditivos químicos, altamente cancerígenos, como lo es el nitrito de sodio, al encontrarse que el 51% de las muestras presentaron resultados por encima del límite permitido en el “Reglamento No. 329-11 de Inspección Sanitaria de la Carne y Productos Cárnicos en la República Dominicana, el cual no debe exceder el valor de 200mg/kg, lo que implica un alto riesgo para la salud de los consumidores”. Luego, si se expande los resultados de la muestra al universo, resulta sumamente alarmante que más del 50% de la muestra registrara un exceso en el uso de sustancias químicas para la preservación de embutidos.

Asimismo, resalta de la investigación que, un 95% de los productos analizados no cumple con el etiquetado nutricional, lo que evidentemente oculta la composición de los salami, debido a que en más de un 80% de los productos no se declara el uso de la carne de pollo mecánicamente deshuesada (MDM).

Contrario a criterios externalizados por quienes tratan de ocultar la realidad en el subsector de embutidos, es relevante destacar que todos los aspectos analizados están relacionados con la calidad del producto y las normativas relativas a la elaboración de productos alimenticios, los cuales son aspectos que están enteramente regularizados por el Ministerio de Salud Pública y la Dirección General de Normas y Sistemas de Calidad, DIGENOR, perteneciente al Ministerio de Industria y Comercio.

En efecto, visto por un experto en calidad, los resultados del estudio dan muestran fehaciente de la no conformidad en la producción de salami por parte de las empresas elaboradoras de embutidos, es decir se observa, la falta de cumplimiento de los requisitos especificados, pues si bien el etiquetado hace referencia a la elaboración de los salami en base a carne porcina y bovina , el 80% de las unidades analizadas no declara el uso de carne de pollo deshuesada; en tanto el 95% de la muestra oculta, por la falta del etiquetado nutricional, la ausencia de elementos proteicos en los salami.

Y peor aun, el incumplimiento de las normas establecidas en el “Reglamento No. 329-11 de Inspección Sanitaria de la Carne y Productos Cárnicos en la República Dominicana”, no solo trasgrede las normas sanitarias en la producción de alimentos, sino que viola la condición contractual (implícita) establecida entre la empresa y el consumidor, pues se oculta un contenido en los salami que el consumidor no estaría en disposición de adquirir, de conocer la verdadera información respecto al producto. Es decir un consumidor debidamente informado no compraría un producto con sustancias que les pudieran afectar su salud.

Otro aspecto relacionado con la calidad del producto, lo constituye el elevado contenido de humedad por encima de lo establecido en este tipo de productos, lo que se debe atribuir tanto a problemas en la formulación de dichos embutidos, como a la elaboración misma y manipulación de los salami en el proceso de producción, lo que contradice la contraofensiva publicitaria de alto estándares de calidad de las empresas embutidoras.

Ciertos economistas han tratado de defender la falta de cumplimiento de las normas nutricionales y sanitarias por parte de las empresas de embutidos, sustentándose en la necesidad de las empresas recuperar costos y obtener ganancias, llegando inclusive atribuirle condiciones altruistas al ofertar sus productos a “precios relativamente asequibles a la mayoría de la población”, con la salvedad de que la materia prima utilizada no se corresponde con las especificaciones (del etiquetado), dado que los altos costos de la carne de cerdo y ganado vacuno, alejaría éste producto de la canasta familiar. En otras palabras, las empresas deciden por el consumidor, de manera discrecional, no sólo el contenido del producto, sino también la preferencia de éste consumir lo que más le conviene, y más aun deciden sobre la condición de salud que debe tener quien consume embutidos.

Contrario a los planteamientos de la necesidad de las empresas mantenerse, a como de lugar, en un mundo globalizado y competitivo, la práctica de no cumplir con las especificaciones, es decir la falta de conformidad, en los productos dominicanos, se remonta a la década de los cincuenta, cuando producto de las políticas de sustitución de importación, la industria nacional, en su afán de generar alta tasas de ganancias, producía y elaboraba bienes sin cumplir con las especificaciones, por su condición de estar protegidas y no verse en la necesidad de competir en precios y calidad.

De modo que, en todas las etapas económicas del país, ha primado en una parte considerable de las empresas locales la ganancia sobre la responsabilidad social. Es así, como hoy en día las empresas ocultan sus verdaderas tasas de ganancias, basadas en su poder oligopólico. Y aunque se estime en cerca de un centenar las empresas fabricantes de embutidos en todo el territorio nacional, la industria de embutidos está concentrada en pocas industrias con amplia economía de escala y amplio márgenes de ganancia, dada la capacidad de ampararse en grandes importaciones de materia prima proveniente de deshechos de las industrias de los países industrializados.

A todo esto, se le pudiera agregar un componente político, pues parece que de despedida las actuales autoridades del Gobierno dominicano, le quieren dejar un “regalito” a alguien que produce salami, dado que las normas sanitarias y de calidad del país no se llegan a cumplir ni siquiera en un subsector tan neurálgico como lo es la industria farmacéutica, que al igual que la industria alimentaria, están estrechamente vinculadas a la salud de los individuos.

Bernardo Hirán Sánchez Melo
El autor es auditor certificado en normas ISO-9000 

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