Los épicos parques de San Juan de la Maguana

Esta revista solicitó al arquitecto Ernesto Armenteros, quien trabajó con el afamado Ludwig Mies van der Rohe y fue discípulo de Walter Gropios, que evaluara los nuevos parques de San Juan de la Maguana.(lalupa.com)


Caonabo sin cadena, murió encadenado.
Caonabo sin cadena, murió encadenado. (Foto: Roberto Guzmán)


Por el Arq. Ernesto J. Armenteros
Tan pronto hicimos entrada en San Juan por una avenida amplia, relativamente limpia y bien cuidada, no nos tenían que haber dicho a qué vinimos, porque ¡ahí estaba! Si la idea de la síndica era llamar la atención, esta obra debería de servir como modelo para decorar la entrada de moteles. Aquello es la glorificación del mal gusto en proporciones épicas. Nuestras fotografías fueron tan artísticamente tomadas que no le hacen justicia a la irracionalidad del conjunto.
La plazoleta está ubicada en un terreno de unos 70 metros por 100 metros circunvalados por las avenidas de entrada a la ciudad. El área total está cubierta de azulejos, rotos, y compuestos para formar muros, asientos, la base de una figura de Caonabo de proporciones gigantescas, cercano a otro Caonabo de más modestas proporciones sobre una media carabela medieval a medio hundir en un mar de azulejos que forman un parque alrededor de un cemí de piedra. El conjunto incluye unos postes y lámparas cubiertos también de azulejos rotos.
Es difícil estimar lo que pudo haber costado construir ese adefesio. El estilo pudiera haber querido ser algo similar al Parque Güell de Antonio Gaudí en Barcelona, pero hacer comparación pudiera causar efectos portentosos en la tumba del afamado arquitecto catalán, porque daría vueltas como un trompo para manifestar su protesta. Tiemblo en pensar qué le hubiera pasado a la Catedral de San Juan si la obra más famosa de Gaudí, La Sagrada Familia, hubiera también inspirado a la alcaldesa y arquitecta en la remodelación de ésta.
Es desafortunado que alguien no le haya dejado saber a la síndica-arquitecta (aunque posiblemente no le hubiera hecho caso), que el estilo arquitectónico y uso de materiales y formas que fue apropiado para construir en Barcelona ‒por el arquitecto más vanguardista y emblemático del Art Nouveau en las primeras décadas del siglo XIX‒ no eran algo apropiado para construir una plazoleta en la intersección de carreteras en el siglo XXI con el fin de honrar a un cacique indígena en San Juan de la Maguana. Que el resultado sería un cagadal, como en efecto, es el caso.
La síndica-arquitecta de San Juan no es solamente versátil en diseñar, aprobarse y construir –jugando como pítcher, cátcher, segunda base y ampáyer en su condición de enllave de los gobernantes de turno–, sino que es particularmente prolífica.
Al San Juan Bautista le falta un brazo. (Foto: Roberto Guzmán)
Al San Juan Bautista le falta un brazo. (Foto: Roberto Guzmán)
En la rotonda, al lado de la plazoleta que nos ocupa, hay otra plaza con un obelisco que tiene una “corona de espinas” que no deja de tener su atractivo, pero que, aparentemente, su significado escapa a algunos ciudadanos. En la base del obelisco se colocó una estatua clásica de San Juan, bien proporcionada, que de por sí, aisladamente, en un entorno eclesiástico, pudiera tener sentido. El maridaje del obelisco y de San Juan es algo emblemático. La arboleda alrededor de esta plazoleta redime en algo el conjunto.
Unos metros más allá de estas dos plazas hay una tercera, dedicada al profesor Juan Bosch, donde una cabeza monumental del profesor –que habiéndolo conocido personalmente, sé que lo hubiera horrorizado– descansa en un libro abierto rodeado de muros alusivos que resaltan la inclinación de la síndica-arquitecta por lo dramático, al estilo arquitectónico “de entrada de motel” o “rococó jamaiquino”.
La remodelación de la Plaza de la Catedral es algo más moderada, con la excepción de unas enigmáticas estructuras que en un parque infantil pudieran servir para que los niños se deslicen, pero que creo tienen que ver con banderolas de concreto y colorines primarios.
En contraste con estos despliegues de ostentación cívica de la síndica-arquitecta, el ex “parque de los mulos”, que ocupa el lugar en que antiguamente se amarraban los mulos que trasportaban mercancías al mercado, es un parque típico de los pueblos, con arboleda, bancos, área pavimentada y un busto del general José María Cabral y Luna, héroe nacional en la guerra de independencia contra los haitianos y oriundo de San Juan de la Maguana. Nos explicaron que ese parque se construyó durante el gobierno de Hipólito Mejía (2000-2004). Es un lugar sin pretensiones ostentosas, pero muy agradable.
Otras dos plazoletas construidas décadas atrás tienen una figura desvencijada de San Juan Bautista a la que le falta un brazo, y otra de una india que pudiera ser, con algo de imaginación, Anacaona. A pesar del abandono, tienen el atractivo bucólico que le da el tiempo a ingenuas representaciones pueblerinas de figuras emblemáticas. Es desafortunado que se canalicen tantos recursos en la creación de ostentosas plazas y ningún recurso en mantener lo histórico. Al desafortunado San Juan deberían de hacerle un injerto de brazo nuevo.
A un munícipe con una camisa con un logo que implica que trabaja en una agencia del Gobierno y que estaba acompañado por una compañera –ambos ya entrados en años– le preguntamos quién había construido la Plaza de Caonabo (la de los azulejos), y nos informó que la síndica se llamaba Hanoi Sánchez, que además era arquitecta. Nos añadió que Hanoi era muy cercana a Leonel Fernández y a Félix Bautista, y que por eso obtenía los fondos para estas construcciones. Les preguntamos si le gustaban las plazas y nos dijeron que sí, que estaban muy bonitas.
La mayoría de los munícipes parecían estar de acuerdo en que Hanoi era una buena síndica, porque la ciudad estaba limpia. Si la limpieza de la ciudad y la popularidad es lo que califica la eficacia de una alcaldesa, yo la clasificaría con una “A”. Como arquitecta, con una “F”.
Debo admitir que Hanoi no está sola en la propensión de nuestros síndicos a construir plazas públicas ostentosas y de mal gusto. Hay otros numerosos casos en diferentes ciudades y pueblos. Si hiciéramos un concurso de las plazas más horrorosas del país, la competencia sería fuerte y entre ellas estaría la conocida como la del “Zooberto” en Santo Domingo; la de Sánchez y la de mi pueblo, San Pedro de Macorís. Pero creo que San Juan sería la ciudad campeona por la escala de su plaza.
Estructura enigmática que en un parque infantil podría servir para que niños se deslicen. (Foto: Roberto Guzmán)Sería interesante que ciudadanos activistas les entregáramos a los síndicos responsables de estas obras el trofeo de “La Mata de Coco Plástica”, en referencia a los árboles de coco plásticos iluminados por luces fluorescentes que se colocaron en la avenida frente a la Basílica de Higüey. Algunos feligreses juran que cuando eso ocurrió, la Virgen de la Altagracia hizo una mueca de desagrado.


Estructura enigmática que en un parque infantil podría servir para que niños se deslicen. (Foto: Roberto Guzmán)


Fuente:http://www.lalupa.com.do/2013/01/los-epicos-parques-de-san-juan-de-la-maguana/#more








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