¿El nombre que les damos a nuestros hijos afecta sus oportunidades en la vida?
https://www.elvalleinformativo.com/2014/04/el-nombre-que-les-damos-nuestros-hijos.html
BBC MUNDO…..Cuando los
padres pasan horas analizando detenidamente libros de nombres de bebés puede
que también piensen en el impacto que la decisión que tomen tendrá en la vida
de sus hijos. Pero ¿realmente los nombres hacen una diferencia? Una serie de publicaciones
ponen esta idea bajo el microscopio.
Escoger un nombre para un
niño puede ser algo complejo. No sólo debe sonar bien con los apellidos, sino
también es importante considerar futuros apodos, ya sean buenos o malos.
Un nombre podría honrar al
abuelo favorito, pero también puede ser tener un significado escondido.
Dalton Conley y su esposa,
Natalie Jeremijenko, vivieron este placentero pero laborioso proceso cuando su
niña nació dos meses antes de lo previsto. Y tomaron una decisión bastante
original.
“Logramos reducir la
selección a un grupo de nombres que empezaban por la letra E, pero al final no
nos decidimos por ninguno”, cuenta Conley, quien vive en Nueva York. “Entonces
se nos ocurrió una idea: ‘Démosle sólo una letra y cuando ella sea lo
suficientemente mayor que decida a que se refiere la E”.
E nació. Ahora tiene 16
años y todavía no ha sentido la necesidad de extender su primer nombre. “Pienso
que una vez te dan un nombre, te acostumbras a él, es parte de ti”, señala.
El hermano menor de E, Yo
Xing Heyno Augustus Eisner Alexander Weiser Knuckles, sí aceptó la oferta de
sus padres de cambiar su nombre. Él añadió Heyno y Knuckles cuando tenía 4 años
y sus padres hicieron los cambios oficialmente.
“A mí me han calificado de
abusador infantil en internet”, señaló Dalton Conley, autor de “Parentology:
Everything You Wanted to Know about the Science of Raising Children but Were
Too Exhausted to Ask” (“Parentología: Todo lo que quería saber sobre la ciencia
de criar hijos pero estaba exhausto para preguntar”). “No creo que les haya
impuesto una carga horrible. A ellos (mis hijos) les gusta el hecho de que
tienen nombres únicos”.
Nombres y raza
Mi nombre es Sue Yoo y soy
abogada.
No puedo decir con certeza
por qué decidí convertirme en abogada, pero me gradué el año en que la burbuja
dot.com explotó y la profesión de leyes se veía como un buen y seguro camino a
seguir.
Como inmigrantes en Estados
Unidos, al principio mis padres no entendieron el impacto del nombre que me
habían dado, pero crecí con gente que lo comentaba todo el tiempo. Incluso
antes de que yo misma me diera cuenta lo que significaba sue(demandar) a
alguien, la gente me decía que yo debía convertirme en una abogada para apoyar
un poco la teoría de que el nombre de una persona podría determinar su
profesión (lo que en latín se conoce como Nomen est omen).
Pero más allá de la
anécdota, los nombres dicen mucho de las sociedades.
Un ejemplo interesante es
la creciente facilidad con la que se puede saber si una persona en Estados
Unidos es blanca o negra por el nombre que lleva.
Los investigadores Roland
Fryer y Steven Levitt indican que en California hasta 2003 a alrededor de 40%
de las niñas negras se les puso nombres que no tenía ni una sola niña blanca en
ese estado.
Las implicaciones de esta
clara señalización de la clase social y raza son sorprendentes.
En un estudio de 2003,
llamado “Are Emily And Greg More Employable Than Lakisha and Jamal?” (“¿Son
Emily y Greg mejores para conseguir un empleo que Lakisha and Jamal?”),
Marianne Bertrand y Sendhil Mullainathan enviaron cerca de 5.000 currículos en
respuesta a anuncios de trabajo publicados en periódicos de Chicago y Boston.
El contenido de las hojas
de vida era el mismo, pero la mitad de ellos tenían nombres falsos que daban la
impresión de que se trataba de candidatos blancos, como Emily Walsh o Greg
Baker, mientras que la otra mitad tenía nombres afroestadounidenses como
Lakisha Washington o Jamal Jones.
La tasa de las llamadas de
los potenciales empleadores fue 50% más alta para los nombres “blancos” que
para los nombres “negros”.
Los efectos del estudio
incluso fueron notados por contratistas federales con políticas de “acción
positiva” y compañías que se jactaban de tener directrices de empleo guiadas
por la “igualdad de oportunidades”.
Los investigadores
infirieron que los empleadores estaban usando los primeros nombres para
discriminar injustamente a candidatos negros, quizás a un nivel inconsciente.
Esos mismos prejuicios
podrían también entrar en juego al momento de efectuar las entrevistas, pero un
candidato llamado Greg Baker, quien recibe la invitación a la entrevista, al
menos tiene un pie en la puerta.
También existe evidencia de
ciertos nombres provocan determinadas reacciones en escolares.
David Figlio, quien ahora
trabaja en la Universidad de Northwestern de Illinois, analizó las puntuaciones
de 55.000 niños de una escuela del distrito de Florida.
En cambio de solo
distinguir entre “blanco” y “negro”, el investigador codificó qué aspectos de
los nombres apuntaban a que probablemente les pertenecía a niños negros y niños
de familias de bajos recursos.
Esto le permitió crear una
escala móvil que iba, por ejemplo, de Drew a Dwayne a Damarcus a Da’Quan.
Figlio halló que mientras
más lejos avanzaba en su escala, las calificaciones de las pruebas escolares
eran peores y menos probabilidades tenía el estudiante de ser recomendado para
integrar los programas diseñados para estudiantes “dotados”.
Figlio cree que la
explicación está en las expectativas de los maestros y administradores de los
planteles. En las escuelas con más profesores negros, los efectos eran menos
marcados.
En una investigación
diferente, Figlio usó la información de la escuela de Florida para demostrar
que los niños negros con nombres que son más comunes entre niñas son más
propensos a desarrollar problemas de comportamientos cuando llegan a la
pubertad.
Los problemas aumentan
significativamente cuando hay niñas en la misma clase con el mismo nombre.
Si los nombres afectan las
oportunidades de éxito de sus portadores, esto podría no siempre deberse a las
reacciones que ellos causan en otras personas.
Iniciales
Los psicólogos hablan de
“egoísmo implícito”, los sentimientos positivos que tenemos sobre nosotros
mismos.
Brett Pelham menciona el
concepto al explicar su hallazgo de que los individuos llamados Virginia,
Mildrer, Jack y Phillip proliferan en Virginia, Milwaukee, Jacksonville y
Filadelfia. Él asegura que esas personas son atraídas a vivir en sitios que se
asemejan a sus nombres.
Otro estudio interesante
data de 2007 y está titulado “Moniker Maladies” (“Mal de apodos”). Según dice,
el cariño que la gente le tiene a las iniciales de sus nombres podría
intervenir en el camino hacia el éxito.
Leif Nelson y Joseph
Simmons analizaron las actuación de bateadores de béisbol en un periodo de casi
un siglo y hallaron que aquellos con la inicial K tenían una tasa de ponchados
o eliminados más alta.
“K” significa eliminado.
Los investigadores también
encontraron que los posgraduados con las iniciales C y D tenían un promedio de
calificaciones ligeramente más bajo que los estudiantes con iniciales A y B y
que los postulantes A y B a la escuela de Derecho tenían más probabilidades de
ir a mejores instituciones académicas.
Claramente E Conley le
tiene cariño a su inicial, que es su caso es su nombre.
“Es genial que la gente,
especialmente mis amigos, nunca volverán a ver la letra E de la misma forma”,
dice. E no pareciera pensar que su inusual nombre tenga una influencia profunda
en su vida. “Es solo una experiencia interesante. No soy realmente diferente a
una Elizabeth”.
Su padre reflexiona que sus
hijos no han recibido burlas, como sí les sucede otros portadores de nombres
inusuales, en parte quizás porque integran una escuela y un vecindario con
mentalidad abierta. “No diría que los nombres no importan en lo absoluto”,
comenta. “Pero cuánto importan, depende del contexto”.
Tomada de El Nacional
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