“La maldita reelección”: el desafío de tres en uno
https://www.elvalleinformativo.com/2015/06/la-maldita-reeleccion-el-desafio-de.html
La forma acelerada,
atropellada y de reparto del Estado en que se ha manejado la reforma de la
Constitución para permitir la repostulación del presidente Danilo Medina vuelve
a mostrar el alto costo que ha tenido en la historia nacional la reelección fundada
siempre en la corrosión de las instituciones y la compra de conciencias.
Aunque para muchos la
triple alianza parece invencible, por su premura no deja de ser indicativa de
debilidad, y podría reproducir aquí la avalancha de rechazo al sistema político
que se vive en la región, si un frente de oposición apela a los dos tercios de
la población que viene expresando insatisfacción y desconfianza en los partidos
políticos.
Costo de la financiación.
Aunque la reforma constitucional no contaba con suficiente apoyo ni en el
propio partido de gobierno, terminó imponiéndose con repartos antidemocráticos
sin precedente primero en sus propias entrañas y luego con el sistema político.
Nadie podrá precisar el costo de financiación de la 39 reforma de la Constitución
dominicana que comenzó doblegando a la mitad de los legisladores del Partido de
la Liberación Dominicana (PLD), que dejaron solo a su líder Leonel Fernández, y
siguió con los 42 diputados del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), 9 del
Reformista Social Cristiano (PRSC) y 2 de los 36 del nuevo Partido
Revolucionario Moderno (PRM), estos últimos en vías de expulsión.
La reforma reeleccionista
de Medina no tiene precedente en la adolescente democracia dominicana, ya que
nunca los tres partidos dominantes durante más de medio siglo, se habían puesto
de acuerdo para constituir un frente electoral. Aún a nivel mundial es difícil
encontrar una concertación parecida, a no ser en las luchas contra las
tiranías, como en Chile para rescatar de Pinochet el sistema político e
institucional.
El pacto reeleccionista que
implica a los tres partidos comenzó por sus diputados, que lo hicieron público,
arrastrando a sus dirigentes, que para no quedarse en el descalabro han tenido
que plegarse. Ningún organismo del PRD o el PRSC discutió ni aprobó el acuerdo,
y sus líderes, candidatos presidenciales, no lo han explicado.
En el debate en la Cámara
de Diputados el vocero del PRM Nelson Arroyo responsabilizó a los ministros de
Obras Públicas y Economía y al reformista Marino Collante de haberse ocupado de
persuadir a sus colegas, y nadie lo enfrentó. La diputada Minou Tavárez dijo
sentirse asqueada del mercado en que convirtieron el Congreso. Los votos de
diputados se habrían cotizado hasta a 10 millones de pesos. Algunos líderes y
senadores, recibirían otros incentivos, como asignaciones de obras públicas.
Costo para el presidente
Todo el reparto
antidemocrático y las protestas que ya está generando hasta en el propio PLD,
donde miles de precandidatos que habían invertido fuertes sumas en su
promoción, se ven amenazados, podría generar un alto costo, más aún al
conllevar el aplastamiento de un liderazgo tan fuerte como el de Leonel
Fernández y seguidores.
La palabra de Danilo Medina
queda devaluada, tanto que en todo el proceso no ha justificado el haber
cambiado sus promesas de que solo gobernaría 4 años, para involucionar a lo que
siempre se ha hecho en la historia dominicana, desde Santana, Báez y Lilís,
hasta Horacio, Trujillo, Balaguer y Leonel, a quien estigmatizó por ello en el
2008.
Abundan los vídeos y las
citas de Medina en la Internet, resaltando el costo económico, institucional y
democrático del reeleccionismo, desde su campaña por la nominación presidencial
para el 2008 cuando le “venció el Estado”, a la lucha por el poder en el 2012 y
al comenzar su gobierno. En “Las Propuestas de los Candidatos” del Grupo de
Comunicaciones Corripio al final de la campaña del 2012, Danilo Medina se
explayó explicando por qué nunca buscaría reelegirse, tras recordar que estaba
prohibido “y es muy difícil que ningún presidente pueda conseguir los votos
suficientes para modificar la Constitución”. Fue tajante: “yo quiero cuatro
años y nada más”.
Danilo se extendió en
explicaciones sobre cómo la reelección es antidemocrática, “porque tenemos
instituciones democráticas muy débiles todavía. Tal vez en los próximos 20
años, cuando tengamos un período sucesoral de cuatro o cinco gobiernos, y
hayamos avanzado en el fortalecimiento de las instituciones democráticas,
entonces esas instituciones estén en capacidad de soportar la reelección”. Y
agregó que “los funcionarios, cuando van a un proceso de reelección, no
distinguen la línea que separa los bienes públicos de los bienes partidarios, y
terminan dañando la imagen de los presidentes, dañando la imagen de los
partidos y dañando la economía”.
Parece que las
premoniciones de Medina se están dando en el actual proceso, que ya tiene alto
coto en el PLD, y que “la maldita reelección”, como abjuraba Hipólito Mejía
antes de caer en la tentación de modificar la Constitución para fracasar en su
persecución, amenaza con enterrar lo poco que venía quedando de los dos
partidos más antiguos de la historia nacional. Y todavía faltan más de once
meses para las elecciones.
Un gran desafío nacional
Aunque hay propensión a
creer que ante el pacto de tres en uno no hay mucho por hacer, el mismo
representa un enorme desafío para la sociedad dominicana, si acaba de fraguar
la planteada “Convergencia por un Mejor País”, que tendría como base principal
al PRM y su candidato Luis Abinader, configurado en las encuestas como
alternativa.
Si estos se manejan con el
acierto que tuvieron en sus elecciones primarias y abren un real y amplio
espectro político y social, por lo menos producirían una bipolarización del
proceso y trazarían una línea de Pizarro, haciendo insubstancial a todo el que
quede fuera de los dos polos, y nutriéndose aún más de la disidencia que
producirá el reparto antidemocrático, por ejemplo en un PRD que desde hace
meses viene reduciéndose en las encuestas a menos del 5 por ciento de las
preferencias.
En el país podría repetirse
una coyuntura como la del 1978, de todos contra el poder absoluto, cuando todo
el presupuesto nacional, y el control total de las instituciones y empresas
estatales, incluyendo junta electoral, militares, policías y jueces no fue
suficiente para imponer la reelección. Ahora no hay un líder opositor de las
capacidades de Peña Gómez, pero una ola de indignación está relegando los
partidos tradicionales en todo el continente. Empezó por Venezuela, Perú,
Brasil, Bolivia, Uruguay y Ecuador, y se ha extendido a Colombia, llegando a
Centro América por El Salvador. El año pasado Varela y Solís fueron electos
presidentes de Panamá y Costa Rica, aunque las encuestas los situaban en tercer
lugar de preferencias, desplazando a partidos tan antiguos como el tico
Liberación Nacional. Y en Guatemala y Honduras las masas piden la renuncia de
los presidentes, en el primero tras liquidar a la vicepresidenta y los jefes
del Banco Central y la seguridad social.
Muchos creen que República
Dominicana vive aislada del mundo, pero seguramente no tienen en cuenta que las
encuestas registran una fuerte insatisfacción y desconfianza en los partidos
políticos. La última Encuesta sobre Cultura Política de la Democracia en RD,
2012, auspiciada por reconocidas instituciones, arrojó una caída del 58 al 49
por ciento de apoyo al sistema político, solo un 37 por ciento con militancia
partidista y con los partidos en el último escalón de confianza ciudadanía, 32
por ciento, por debajo hasta de la Policía, entre las 12 más importantes
instituciones nacionales.
Aún con la alta aprobación
que ha registrado el presidente Medina, el tres en uno conlleva riesgos.-
Por Juan Bolívar Díaz/Almomento.net

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