El más honesto
https://www.elvalleinformativo.com/2016/01/el-mas-honesto.html
Por: JUAN TAVERAS HERNANDEZ
Francisco Ulises Espaillat
y Juan Bosch pueden ser considerados los presidentes más honestos que ha tenido
la República Dominicana, tal vez -no lo
sabemos- porque sus mandatos fueron demasiado breves; el primero de cinco meses
y el segundo de siete. Pero ambos exhibieron prendas éticas y morales a lo
largo de sus vidas.
Otros mandatarios podrán
estar en la corta lista de honorables. No los citaré porque le corresponde a
los historiadores señalarlos como lo han hecho con Espaillat y Bosch, y como
posiblemente lo harán con don Antonio Guzmán, para solo añadir otro nombre.
Un deshonesto no puede
encabezar un gobierno honesto. Es imposible. Su “ADN” se lo impedirá. (¿?)
Un presidente honesto no
anuncia en su toma de posesión un “borrón y cuenta nueva” para que los
corruptos de su partido no terminen en la cárcel y sus bienes incautados como
lo ordena la Constitución en su artículo 146.
Un presidente que anuncia
la cancelación de sus funcionarios
“hasta por el rumor público”, y no lo
hace a pesar de los rumores y denuncias de corrupción en todas las dependencias
del Estado, no puede autocalificarse campeón de la honestidad.
Un presidente honesto
ordenaría al Procurador General de la República investigar todas las denuncias
de prevaricación hechas por Participación Ciudadana y otras entidades de la
sociedad civil en los últimos 20 años y sometería a la justicia a los
responsables, caiga quien caiga.
Un presidente honesto
habría hecho valer la promesa de Juan Bosch
de que ningún miembro del PLD se haría rico con el dinero del Estado,
que no se robaría un peso del dinero del pueblo. (Y todo sabemos que se han
robado hasta la esperanza del pueblo)
Un presidente honesto
habría cancelado a los funcionarios (más del 70%) que no han hecho su
declaración jurada de bienes como manda la ley, ni permitiría que el director
de ética de su gobierno cometiera perjurio cuando lo hizo.
Un presidente honesto no
permitiría el “barrilito” ni el “cofrecito” de senadores y diputados a través
de los cuales reciben cientos de millones de pesos todos los años, acto
bochornoso reñido con la ética y la moral.
Un presidente honesto no
mantendría las “nominillas” a través de las cuales cerca de 20 mil personas
cobran sin trabajar, ni auspiciaría las botellas millonarias que han elevado
extraordinariamente el gasto público.
Un presidente honesto no habría
impedido que la justicia actúe en el caso de la Oficina Supervisora de Obras
del Estado (OISOE) donde una joven y su hermano tenían un poder
plenipotenciario y no han sido investigados seriamente por “una orden de
arriba”, ni habría reprimido las “cadenas humanas” que exigen justicia.
Un presidente honesto no
habría comprado la modificación de la Constitución para beneficio propio, ni
pactado con personajes como Félix Bautista entre otros, garantizándoles
impunidad en los tribunales.
En un gobierno honesto no
quedan sin sanciones ejemplares los verdaderos jefes de la mafia del poder
judicial, del Ministerio Público y la Policía, en complicidad con mercenarios
del derecho de todos conocidos.
Un presidente honesto no
utiliza los recursos del Estado como si fueran suyos fomentando el clientelismo
y el transfuguismo, no envilecería compañeros de su propio partido para obtener
mayoría en el Comité Central y el Comité Político, ni permitiría que sus
funcionarios gastaran fortunas de las instituciones que dirigen para promover
candidaturas de amigos y relacionados incluyendo esposas, hijos y amantes.
Un presidente honesto no
roba, pero tampoco permite que otros lo hagan en su nombre ni en su gobierno,
sin pagar las consecuencias.
Un presidente honesto no
hace fraude, no compra votos, ni vulnera la voluntad popular con los recursos
del Estado.
EL AUTOR es periodista y
abogado. Reside en Santo Domingo

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