El tamaño del fraude
https://www.elvalleinformativo.com/2016/05/el-tamano-del-fraude.html
Danilo Medina 62%, Luís
Abinader 35%. Así comenzó y así terminó.
Con las primeras dos o tres
mesas electorales contabilizadas, Roberto Rosario, sin que los demás miembros
del pleno de la JCE lo supieran, violando no sólo la ley, sino el acuerdo con
los partidos de oposición en presencia
de observadores electorales, le otorgó 62% a Danilo Medina y 35% a Luís
Abinader.
De ese modo se le daba
continuación al plan fraudulento diseñado por
Joao Santana junto a Danilo Medina y algunos ministros, que le costó al
país alrededor de 50 mil millones de pesos.
62/35. Se repitió una y
otra vez en las encuestas “independientes” y en las comprometidas del gobierno
que las bocinas, cornetas, velloneras y megáfonos repetían una y otra vez, hasta el cansancio
en los medios de comunicación.
El plan era meterle en la
cabeza a la gente el 62/35 de la misma manera que lo hacen las empresas
licoreras o de gaseosas. Las campañas publicitarias van directamente a la
siquis de la personas. Trabajan en el subconsciente, y son muy efectivas. No es
casual que de cada 30 spot del gobierno apenas la oposición colocaba uno.
Algunos partidos no tenían recursos para pagar ninguno. El gobierno gastó entre
18 y 20 millones de pesos diarios durante meses con el rostro de Danilo y el
número mágico, 62/35.
El conteo de Roberto
Rosario comenzó con el 62/35. Y así terminó. ¿Coincidencia? ¡No! Se trató del
plan que incluyó múltiples formas de fraude que ya fueron evidenciados por la
oposición, pero que medios de comunicación, beneficiados de la campaña
electoral, igual que grupos empresariales y religiosos, procuran ignorar,
desconocer o silenciar.
“No hay razón para las
quejas porque la diferencia es demasiado”, dicen. “Si la diferencia fuera de
uno o dos puntos tal vez, pero Danilo casi dobla a Luís”, agregan. No saben o no quieren saber, que ese es el
tamaño del fraude, que esa era
justamente la idea.
El fraude fue grande, de
unos 20 puntos. Poco más, poco menos.
El fraude se limitó a la
boleta presidencial. No, en las demás boletas fue igual o mayor porque el
hombre del tiburón podrido había advertido que necesitaba tener un Congreso que
respondiera a sus intereses, porque después la oposición “no me dejaran
gobernar” convirtiéndose en un justo y necesario contrapeso.
Las bocinas, cornetas,
velloneras y megáfonos, cumpliendo la función por la cual le pagan, -miles de
millones de pesos- dicen que las
denuncias de fraude y las impugnaciones no son más que pataleos, (al que ni
siquiera tienen derecho) pero que dentro de una semana todo volverá a la calma,
aun cuando el Tribunal Superior Electoral continúe actuando como un Círculo de
Estudios del PLD.
Luís Abinader está
recibiendo presiones de todos lados, como la arepa (candela por arriba y
candela por abajo) para que deje las cosas como están, que después del “palo
dao ni dios lo quita”, que se olvide de
todo y vuelva a comenzar. Le dicen que es joven, que tiene “mucho futuro”, que
dentro de cuatro años las cosas serán distintas, entre otras pendejadas.
Sucede que así como el PLD
compró o se robó las elecciones del 2012 y estas del 2016, lo intentará en el
2020, en el 24, el 28 y el 32, porque esa es su verdadera naturaleza.

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