LA ALEGRIA DE LA MUERTE
https://www.elvalleinformativo.com/2016/08/la-alegria-de-la-muerte.html
Por Roberto Rosado
Acelerar un automóvil sin control es
divertido pero mata, es placentero pero te elimina, agrada a la vista pero es sinónimo de desgracia, es la
alegría de la muerte.
A la juventud, en esta
alegría le ha tocado la peor parte y a su familia el llanto y la tristeza.
Todas las estadísticas que se publican dan cuenta de la cantidad de jóvenes que
son víctimas de accidentes y que pierden
la vida como consecuencia de los mismos.
Hay que intervenir
urgentemente para la solución de esta alarmante situación. Los porcentajes no
se pueden publicar porque son tantos, que a cada minuto pierden actualidad.
Los consejos de los padres
no han sido suficientes. La Escuela ya
no es la guía orientadora que moldea la conducta y los modos de actuar de sus
dirigidos. Las homilías de las Iglesias ya no surten ningún efecto que influya
en la juventud para que no vayan a las agencias a comprar la muerte cada vez
que adquieren una motocicleta de alto calibre.
Los escasos programas
formativos que se difunden por la radio y la televisión los jóvenes, en una
gran mayoría ni los ven, ni los escuchan. Las
oraciones y sugerencias de los padres cuando sus hijos salen en
motocicletas a echar carreras no parecen surtir efectos positivos.
Los programas de
orientación de las universidades no son suficientes para disminuir la cantidad
de accidentes que acaban con la vida de la juventud. Nada de lo que se ha hecho surte efecto positivo
en esta ola de muertes a destiempo. Todo parece indicar que la solución está
muy lejos del alcance de quienes tienen la responsabilidad de evitar que desaparezca
nuestra juventud y la sociedad, por vía de consecuencia, se quede sin esas
mentes jóvenes representantes del futuro de los pueblos.
En los escenarios
habilitados para la discusión, no parece encontrarse solución alguna. Hay
que ir a las causas de las altas
velocidades. SERÁ EL ALTO CONSUMO DE ALCOHOL por los jóvenes entre 16 y 22 años
que está influyendo en acelerar sin control hasta conseguir la muerte? Será el uso excesivo de
estupefacientes por jóvenes comprendidos entre dichas edades? O, tal vez, la
ausencia de una política estatal dirigida a controlar la promoción desmedida de
ambiciones que sobrepasan el poder adquisitivo de la juventud y lo hace andar
de prisa para adquirir por cualquier vía
recursos con que suplir sus exigentes necesidades y, por esa prisa,
conseguir la muerte? Será la proliferación de discotecas, las altas músicas,
las carreras nocturnas, las noches sin
dormir, el deseo desmedido por brillar, que se crea superior a los demás, el
parecer rico, o, tal vez, darse el lujo de mostrar sus habilidades en el
volante, a pesar de que nuestras carreteras y calles no están ni construidas,
ni diseñadas para esas velocidades?
Cual que sea la razón,
sigue originando preocupación en las familias cuyos hijos están comprendidos en
esas edades. Se impone la búsqueda de una rápida solución.
Como paliativos les
propongo, de ser posible, que cada dia antes de acostarse, las familias hagan
un diálogo sincero sobre la situación, busquen fórmulas que fortalezcan los
controles para los espacios de actuación
de cada integrante.
La Escuela fortalecer sus
programas formativos que garanticen la creación de líneas de orientación
permanente a través de los organismos internos de la escuela y las
instituciones comunitarias.
Las Iglesias continuar sus
orientaciones habituales que garanticen mejores comportamientos y más control
de los jóvenes en esa edad que no razonan mucho antes de actuar.
El Estado tomar medidas
pertinentes para eliminar o disminuir el alto consumo de bebidas alcohólicas y
estupefacientes, vigilar las carreteras, las discotecas y demás centros de
expendio de bebidas y la justicia, junto al cuerpo del orden aplicar los
postulados de las leyes, de modo que las transgresiones se castiguen sin
discriminación.
Estos pasos, junto a una
evaluación permanente de lo que se difunde en los medios de comunicación masiva
serían paliativos para ver si no vemos morir a destiempo los que, tal vez
pudieran ser, de no morir, personas
útiles a su familia y a su sociedad.
El autor es profesor Curo
UASD San Juan de la Maguana

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