Homicidios y sociedad
https://www.elvalleinformativo.com/2016/10/homicidios-y-sociedad.html
Por ANULFO MATEO PÉREZ
I
Las cifras de homicidios en
la República Dominicana continúan altas, si tomamos en cuenta que su población
para el año 2015 era de poco menos de 10 millones, con una superficie de 48.670
kilómetros cuadrados y una densidad poblacional que se elevó a 205, según la
Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).
De acuerdo a la misma
fuente oficial, en el año 2015 en nuestro país ocurrieron un total de mil 680
homicidios, mil 522 víctimas de sexo masculino y 158 femenino, cuadro muy
parecido a los años 2013 y 2014. Para el 2015, en el Distrito Nacional se
produjeron 208 homicidios, 193 hombres y 15 mujeres, mientras en Santiago, 207
murieron por esa causa, 189 hombres y 18 mujeres, con poca diferencia con el
2014.
La región Sur reporta
estadísticas que resultan preocupantes; en San Cristóbal les quitaron la vida a
95 personas, 82 hombres y 13 mujeres, mientras en Peravia fueron 33, 31 de sexo
masculino y 2 femenino.
En San José de Ocoa, la
sumatoria es de 11, 9 hombres y 2 mujeres; Azua: 26 en total, 23 hombres y 3
mujeres; San Juan: 42 personas, 37 de sexo masculino y 5 femenino; Elías Piña:
14, 13 hombres y una mujer.
Barahona: 40, 37 masculinos
y 3 femeninas; mientras en Bahoruco es de 18, todos de sexo masculino;
Pedernales tiene una cifra de 5, 4 hombres y una mujer, e Independencia: 5
homicidios, todos hombres.
En otras provincias los
homicidios se mantienen altos, como ocurrió en Santo Domingo, con 370, 338
hombres y 32 mujeres, mientras en La Altagracia, hubo 72 muertes por esa causa,
59 de sexo masculino y 13 femenino.
Entre otros factores, en el
homicidio juegan papel relevante la marginalidad social, narcotráfico,
alcoholismo y otras adicciones, hogares rotos y psicopatologías en un sistema
excluyente y empobrecedor.
II
Las cifras de homicidios en
la República Dominicana son aún más alarmantes, si tomamos en cuenta que una
parte significativa de ellos no son tales, sino asesinatos, lo que es un
agravante no sólo desde el punto de vista legal, sino también en la estructura
psicosocial del victimario y de su entorno familiar.
Desde el ámbito de la
psiquiatría forense, la emoción tiene una importancia capital, en particular
por su aplicación delictual, ya que se la invoca en la psicogénesis de muchos
delitos contra las personas.
Primero, debemos tener en
cuenta la “emoción fisiológica”, que provoca perturbación de la capacidad de
síntesis, inhibición voluntaria y tendencia al automatismo, puede haber amnesia
y memoria imprecisa.
Segundo, la “emoción
violenta”. Tiene mayor intensidad que la anterior, pero tampoco llega a
suprimir la conciencia; la memoria puede presentar trastorno de falta de
nitidez, lagunas y conducta impulsiva.
Y tercero, la “emoción
patológica”. Produce inconsciencia fugaz, perturba la voluntad, juicio y la
inteligencia. Se pierde el control inhibitorio, hay descarga motriz y luego el
sujeto se puede tornar depresivo.
Otras condiciones pueden
favorecer la relación estímulo-personalidad, como es el caso de la epilepsia,
astenia, hiperemotividad, intoxicación por alcohol u otras drogas que pueda
consumir el sujeto.
Sobre estos argumentos de
la psiquiatría forense se apoya la defensa de los “homicidas”, sujetos por lo
general con trastornos de la personalidad, sobre todo de la clasificada como
sociopática o antisocial.
Aunque muchos de ellos son
inimputables por delinquir bajo el impulso de una enfermedad mental que le
aliena, otros tantos son responsables de sus actos y por lo tanto imputables y
condenables al ser juzgados.

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