San Juan quiere su río y no explotación minera

HECTOR HERRERA CABRAL
30 de julio 2024.-
Los sanjuaneros se
encuentran nuevamente en pie de lucha para evitar la explotación de la mina de
oro y otros minerales en la comunidad de Romero, por el temor de que dicha
acción atente contra la existencia del río San Juan, una fuente acuífera que
para el Granero del Sur tiene la misma importancia que el Nilo para Egipto.
Este es un tema en el que no
puedo ser imparcial, debido a que nací en Jínova, un campo de dicha provincia,
aunque como periodista tengo el deber de manejarme con objetividad, y por eso
he escuchado la versión de Goldquest Mining Corporation que es la empresa
adjudicataria del yacimiento minero, he procurado la versión de los principales
voceros del Movimiento que se opone a la citada explotación, y lo que dice la
Academia de Ciencias de la República Dominicana.
He entrevistado en dos
ocasiones al ingeniero Luis Santana presidente de Goldquest y, tanto en el
programa D´Agenda como en De Entero Crédito, me ha dicho de los beneficios
socioeconómicos que tendría San Juan, con inversiones millonarias y la
generación de miles de empleos, si se explota la mina.
Cuando hemos tocado el tema
del impacto ambiental, el ejecutivo empresarial jura que, más que daños, el río
y la presa de Sabaneta resultarán ampliamente beneficiados, en conclusión, no
habrá un pasivo ambiental porque ya la minería tiene técnicas de explotación
muy avanzadas, amen de que, al ser una empresa que cotiza en bolsas de valores,
tienen que cumplir con unos estándares internacionales en lo inherente a la
preservación del medio ambiente y los recursos naturales.
En la otra campana, he
conversado en mi programa de radio con el productor agropecuario y activista
social Manuel Matos, quien no dudó en advertir que la explotación de la mina en
Romero sería una sentencia de muerte para el río San Juan, con consecuencias
devastadoras para la presa de Sabaneta y el río Yaque del Sur.
La empresa pide se le
permita hacer un estudio de impacto ambiental, mientras las fuerzas vivas de
San Juan no ceden un ápice, y bajo ningún concepto están dispuestos a conceder
la dispensa más importante que es la licencia social.
Una imprudente y destemplada
declaración del ministro de Energía y Minas Antonio Almonte, quien en vez de
servir como árbitro y tratar de armonizar a las partes, que es el deber de todo
servidor del Estado, incurrió en insultos y bravuconería contra los que se
oponen a la explotación de la mina, eso ha provocado airadas reacciones de los
sanjuaneros, y de la Academia de Ciencias de la República Dominicana.
Almonte dijo que “el
gobierno no puede dejarse acorralar por ambientalistas radicales que se oponen
al desarrollo de proyectos mineros, instando a que sean obviados e ignorados en
sus consideraciones”.
Los sanjuaneros dijeron
sentirse irrespetados por las declaraciones del funcionario, un hombre que se
le tenía como prudente, pero, quizás, por la soberbia que da el poder se dirige
de forma atropellante contra aquellos que disienten de su parecer.
Mientras que la entidad que
agrupa a los hombres y mujeres de ciencias del país califica como grosera la
declaración del ministro, quien se presenta ante la sociedad del siglo 21, como
un promotor de la imposición, destierra el diálogo y la crítica u objeciones
técnicas, negándose al debate.
Sobre el proyecto minero, la
Academia de Ciencias considera “que el agua es un recurso imprescindible, y de
Romero se conoce que puede afectar el río San Juan, afluente de primer orden
del rio Yaque, curso hídrico de capital importancia del suroeste, tomando en
cuenta que la explotación subterránea, no excluye la posibilidad de contaminación
en las aguas, que del subsuelo brotan a la superficie en forma de arroyos,
manantiales, norias o cañadas”.
San Juan es una provincia
pacífica, de gente laboriosa, que por décadas ha sufrido la indiferencia de las
autoridades en dotarla de servicios básicos, precisamente, porque sus
habitantes no son propensos a las protestas por reivindicaciones de mejores
condiciones de vida.
Pero, eso no quiere decir
que no sea un pueblo con determinación, su historia está ahí, y en esta ocasión
sus hombres y mujeres han decidido desechar ocho o diez años de cierto
activismo económico a cambio del potenciar riesgo de ver morir su principal
río, por lo tanto, San Juan quiere preservar sus aguas, quiere su río, y no
quiere explotación minera.
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