Trump amenaza la estabilidad de RD
Por RAMON CEBALLO
24/07/2025
La nueva ofensiva económica
del presidente Donald Trump, no distingue aliados. En medio de su retórica
proteccionista, su propuesta de imponer un arancel del 10% a todas las
importaciones hacia Estados Unidos, incluyendo las provenientes de países
socios como República Dominicana.
Como si eso no bastara, su
gobierno ha decidido reactivar un plan para gravar las remesas internacionales,
lo que afectaría severamente a miles de familias dominicanas que dependen del
dinero enviado por sus seres queridos desde territorio estadounidense.
República Dominicana exporta
cada año más de 7,000 millones de dólares a Estados Unidos, principalmente en
productos textiles, tabaco, productos agrícolas, instrumentos médicos y
electrónicos. Con un arancel del 10%, muchos de estos productos perderían competitividad,
y se verían afectadas zonas francas, pequeñas industrias y empleos locales.
El país no solo exporta
bienes, también recibe un flujo constante de remesas que, en 2024, superaron
los 10,756 millones de dólares. Estas transferencias son el principal sostén
económico de millones de hogares, especialmente en comunidades vulnerables del
Cibao, el sur profundo y barrios marginados del Gran Santo Domingo.
Un impuesto sobre las
remesas reduciría el dinero que efectivamente reciben las familias, afectando
el consumo, la educación de los hijos, el acceso a salud y, por supuesto, la
demanda interna. Se trata de una medida regresiva que golpea directamente a los
más pobres.
Deportación
este panorama se suma un
componente migratorio y humanitario de alto impacto: el riesgo de deportación
de unos 270 mil dominicanos en condiciones de vulnerabilidad que residen en
Estados Unidos, y la posible suspensión del Estatus de Protección Temporal (TPS)
que ampara a más de 500 mil haitianos.
Si ambas comunidades son
forzadas a regresar al Caribe, República Dominicana enfrentaría una presión
social y económica sin precedentes, con la necesidad de responder a un aumento
abrupto de población en situación precaria.
Lo más preocupante es la
indiferencia del gobierno de Trump ante la profunda crisis haitiana, lo que
deja sola a la República Dominicana ante un problema regional que supera sus
capacidades.
Donald Trump ha insistido en
que “América debe proteger su industria”, pero sus políticas proteccionistas,
lejos de castigar a los grandes competidores como China, terminan afectando a
naciones aliadas, pequeñas y dependientes de la economía estadounidense.
Países como República
Dominicana, que han construido relaciones comerciales estables y legítimas bajo
acuerdos como el DR-CAFTA, se verían ahora penalizados por un giro político sin
diálogo.
Esto envía un mensaje
preocupante pues demuestra que Estados Unidos ya no es un socio comercial
predecible. Cualquier tratado, por más firmado que esté, puede ser ignorado por
la voluntad de un liderazgo populista que privilegia el espectáculo electoral por
encima de las relaciones internacionales.
Las medidas anunciadas por
Trump no solo afectan a República Dominicana, sino que pueden desatar una
reacción en cadena en Centroamérica y el Caribe, generando inestabilidad
regional, debilitando economías dependientes de las exportaciones y ampliando
las brechas sociales.
La verdad es que ante este
escenario, el gobierno dominicano debe asumir una postura firme, diplomática
pero clara, articulando una estrategia que fortalezca las relaciones
bilaterales con sectores del Congreso estadounidense que defienden el libre
comercio y la cooperación regional.
Al mismo tiempo, se hace
urgente diversificar los destinos de exportación, con mayor énfasis en Europa,
América del Sur y el Caribe, así como impulsar la formalización y
digitalización de las remesas para reducir el impacto de cualquier gravamen.

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