El mango una de las frutas más dulces reduce el riesgo de diabetes
¿Y si lo que parece dañino para la glucosa fuera, en realidad, protector? Un reciente estudio sugiere que no todos los azúcares son iguales y hay algunos que, contrariamente a la creencia popular, ayudan al organismo a manejar mejor la insulina.
Publicado en la revista Foods
a finales de agosto, el estudio plantea que los mangos, pese a su alto
contenido de azúcar, podrían convertirse en un aliado inesperado en la
prevención de la diabetes tipo 2. Se trata de la primera investigación en
evaluar de forma clínica y a largo plazo el consumo de mango en personas con
prediabetes.
Los resultados evidenciaron
que no es solo el azúcar lo que importa, sino el contexto nutricional del
alimento. A diferencia de productos procesados con azúcares añadidos, el mango
ofrece fibra, vitaminas y antioxidantes, que podrían contrarrestar los efectos
negativos de su dulzura natural.
Los investigadores demostraron
que el error común es fijarse únicamente en los gramos de azúcar que contienen
los alimentos.
Para comprobarlo, el equipo
dividió a los participantes del ensayo clínico en dos grupos: uno consumió
diariamente un mango fresco —con alrededor de 32 gramos de azúcar—, mientras
que el otro recibía una barra de granola baja en azúcar (unos 11 gramos).
Durante seis meses, se
midieron sus niveles de glucosa, sensibilidad a la insulina y la composición
corporal. Los resultados revelaron que quienes comieron mango mostraron un
mejor control de la glucosa en sangre, mayor sensibilidad a la insulina y una reducción
en la grasa corporal en comparación con quienes consumieron la barra de
granola.
"El objetivo es animar a
la gente a incluir frutas enteras, como el mango, como parte de hábitos
alimenticios saludables y estrategias dietéticas prácticas para la prevención
de la diabetes", indicó Raedeh Basiri, quien lideró el estudio.
Con ello, el mango, lejos de
ser un 'enemigo dulce', se posiciona como un aliado en la lucha contra la
diabetes, desafiando lo que creíamos sobre la dieta. Más azúcar, menos riesgo.

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