En el Senasa fue desarrollado un gran esquema de corrupcion
Santo Domingo.-El Seguro Nacional de Salud, SENASA, desembolsó más de doce mil millones de pesos a favor de empresas privadas que, en la mayoría de los casos, se habilitaron como proveedores de insumos de salud después de 2020 cuando se inició la gestión de Santiago Hazim.
La columna principal de los
gastos millonarios cuestionados por la Superintendencia de Salud y Riesgos
Laborales, SISALRIL, y ahora bajo la lupa del Ministerio Público, está
configurada por compra de nutrientes y antioxidantes, servicios privados de
atención primaria y adquisición de vacunas.
Los valores millonarios fueron
cuestionados en múltiples ocasiones por personal técnico de la SISALRIL que
llegó a advertir que los gastos en nutrientes, por ejemplo, ponían en riesgo la
sostenibilidad económica de la ARS pública.
No obstante, las alertas, los
cuestionados programas nutricionales de SENASA, dirigidos a escolares y
envejecientes, se mantuvieron activos por tres años con un gasto ascendente a
casi seis mil millones de pesos (RD$5,861,036.783).
Para comprar servicios de
atención primaria de salud a empresas privadas, SENASA utilizó el modelo de
pago capitado destinando un importe fijo de 130 pesos mensuales por afiliado
sobre una base de 900 mil afiliados del régimen subsidiado.
En el periodo comprendido
entre 2020 a 2025, la ARS estatal erogó valores para esos fines que ascienden a
poco más de cinco mil millones de pesos (RD$5,083,164.602). De este monto, la
principal partida se la llevó la empresa “Khersun”, propiedad del investigado
empresario Eduardo Read, que facturó casi cuatro mil millones de pesos
(RD$3,897,064.602).
Le sigue la empresa Servicios
Médicos DELESTE, con 932 millones con cien mil pesos mientras que otras tres
recibieron en diferente proporción valores que alcanzan los 254 millones de
pesos., Se trata de las empresas UNIDICAPE, la Fundación Sanas y VivaMax.
Mientras, SENASA apenas pagaba
22 pesos por afiliado a la red pública muchas veces con retrasos.
Al producirse el ingreso de
poco más de dos millones de afiliados al régimen subsidiado a finales de 2020,
la ARS estableció un monto fijo por este concepto a favor del Servicio Nacional
de Salud, SNS, de 75 millones de pesos mensuales.
Se replantearon acuerdos que
datan de 2018 en tensas negociaciones.
Las tensiones alcanzaron su
clímax en abril de 2023 cuando el SNS solicitó la mediación de SISALRIL.
El conflicto quedó registrado
en las actas oficiales como un arbitraje que finalizó cuando el órgano rector
de la Seguridad Social obligó a una renuente SENASA a honrar sus compromisos a
favor de las unidades estatales de atención primaria, UNAP, que dispone -según
las cifras oficiales- de más de mil trecientos centros distribuidos en todo el
país.
Eso, al menos, dicen los
papeles, pero en cambio hay indicios testimoniales de que en la práctica SENASA
recortó aún más los fondos que destinaba al sector público.
Bajo escrutinio aparecen otros
gastos destinados a favorecer a centros privados de salud, que se hicieron bajo
el modelo de pago prospectivo con un importe fijo que, en muchos casos, no
rendían informes de ejecución.
En las referidas partidas
-nutrientes, atención primaria, vacunas y pagos prospectivos- se concentra la
mayoría de los cuestionamientos del órgano rector durante los años en que
estuvieron en vigencia los contratos, reclamos que solo fueron atendidos a mediados
de 2023 cuando los millones entregados habían dejado un lastre económico que
mermó la capacidad de la ARS pública para hacer frente a sus compromisos
financieros.
El declive de los negocios en
SENASA llegó cual si fuese un esquema Ponzi: cuando el dinero no es suficiente
para mantener a todos complacidos.
En 2023 se incrementaron los
reclamos de proveedores disgustados por la tardanza en recibir sus pagos que se
documentó en múltiples intercambios de comunicaciones constantes entre el
órgano rector y SENASA.
Para entonces los auditores de
SISALRIL eran claros al señalar que SENASA estaba en riesgo de colapsar si
continuaba el ritmo vigente hasta entonces.
A los reclamos de los
suplidores siguieron las sanciones administrativas hasta que, finalmente, a
mediados de 2023, SISALRIL ordenó finalizar los millonarios contratos de
nutrición.
Los pagos a los puntos de
atención primaria y otros centros privados se mantuvieron hasta el 2025 cuando
estalló la crisis, se produjo una intervención con mayor drasticidad de
SISALRIL y el liderazgo de SENASA fue reemplazado por el presidente de la República,
Luis Abinader, que destituyó al ahora investigado Santiago Hazim, y designó
como director al actuar titular Edward Guzmán.
Hemos accedido a decenas de
estos informes y, dada la complejidad y alcance de la información, expondremos
en sucesivas entregas los datos que evidencian una estrategia de privatización
de los servicios de salud de SENASA con inversiones millonarias de cuestionada
efectividad y modelos insostenibles.
Llegamos a estos datos por
diversas fuentes: una buena parte de la documentación fueron entregados tras
requerirlos mediante la Ley de libre acceso a la información pública,
entrevistas bajo reserva con personal de SENASA.
El cobro de sobornos
constituye una piedra angular del caso SENASA. Se cuenta con testimonios de
suplidores que recibieron presiones de pagos irregulares incluso cuando ya era
pública la investigación.

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