Ola de corrupción
Marisol Vicens Bello
La solicitud de medidas de
coerción del escándalo de corrupción de Senasa, la Administradora de Riesgos de
Salud (ARS) del Estado dominicano, y las acusaciones que allí se describen como
resultado de una investigación realizada por la Procuraduría General de la
República, la cual desde ya anuncia que no están todos los implicados y que
están investigando a otras personas físicas y jurídicas por lo que habrá nuevos
imputados; muestran de la forma más grotesca posible hasta dónde puede llegar
la avaricia, la deshonestidad, la falta de escrúpulos y de humanidad.
Aunque la histórica impunidad
que ha reinado en el país llevó a algunos comunicadores a criticar la dilación
de la Procuraduría, y el morbo expresado en las redes sociales señalaba que esa
investigación no produciría un resultado por tratarse de un funcionario del
actual gobierno, a pesar de que el presidente Luis Abinader había expresado de
manera contundente que tenía “amigos, pero no cómplices”, lo cierto es que el
que es abogado o conoce de investigaciones judiciales sabe que se requiere de
un tiempo importante para que se pueda investigar, hilvanar los hechos,
desmadejarlos e intentar probarlos, por lo que el trabajo realizado en algo
menos de tres meses es encomiable.
Este terrible caso reafirma
que nadie aprende en cabeza ajena, y que “perro huevero aunque le quemen el
hocico”, pues para muchos era impensable que a sabiendas de que la lucha contra
la corrupción fue un estandarte del partido de gobierno y del presidente, y de
que este ha dado reiteradas manifestaciones de que ha separado de su lado a
quienes directa o indirectamente están vinculados a casos de corrupción;
algunos se atreverían a tanto, ensoberbecidos por el poder y guiados por el
vicio de la codicia.
Si bien muchos se preguntan
con razón dónde estaban la supervisión y los controles que debió ejercer el
regulador, la Superintendencia de Salud y Riesgos Laborales (Sisalril), los que
conocemos la Ley 87-01 de Seguridad Social sabemos que esta es sumamente laxa y
por eso hemos reclamado la urgente necesidad de su reforma, basta leer su
artículo178 para darse cuenta que ni siquiera se menciona expresamente entre
sus facultades la de supervisar, inspeccionar y fiscalizar a las ARS, como sí
hacen las leyes correspondientes con el Superintendente de Bancos y de Valores;
y que salvo los reglamentos que se dictaron en la etapa de implementación del
sistema, como el de la organización y regulación de las ARS que tampoco trata
sobre esta supervisión, no se ha dictado otros para intentar suplir esta
falencia.
Por más que la oposición
quiera rasgarse las vestiduras aquí hay muchas culpas compartidas, pues es una
irresponsabilidad que un sistema de seguridad social en el que se maneja tanto
dinero, monto que ha ido creciendo exponencialmente, no se haya respetado lo
que en un inicio intentó hacerse, mantener perfiles profesionales y morales de
los altos cargos, siendo el tesorero ejemplo de esto, y lamentablemente estos
cargos pasaron a ser parte del botín político.
Las malas prácticas del
anterior Instituto Dominicano de Seguros Sociales (IDSS) fueron harto
conocidas, como lo son también las de un sector salud que en un considerable
porcentaje se ha negado a transparentar sus operaciones en clara evasión
fiscal, con acciones reñidas con la ética de cobro comisiones, de prescripción
de medicamentos por prebendas y de referimientos a centros propios o de los
cuales se extrae un beneficio, y de falta al juramento festinando certificados
médicos, licencias, y procedimientos, todo bajo la debilidad de un ministerio
de salud regulador, en algunos casos limitado por los vínculos con su clase, y
en ocasiones cuna de los conflictos de interés, lo que ha normalizado malas
conductas.
El astronómico costo de
nuestras campañas es un caldo de cultivo para que surjan movimientos externos,
que desgraciadamente en muchas ocasiones lo que buscan es montarse en una ola
que los lleve al poder, para pasar factura de su apoyo a golpe de corrupción,
como patéticamente se pone de manifiesto en este caso.
Es mucho lo que hay que
corregir, enderezar y reformar en nuestro país, y muy doloroso constatar hasta
donde se puede llegar inmisericordemente, pero saber que imputados de casos tan
graves como este, y con tanto poder político, económico y relaciones al más
alto nivel serán investigados y juzgados, dejando atrás años de oprobiosa
protección desde la cúpula del poder, es una señal de esperanza que nos debe
comprometer a seguir reclamando justicia, institucionalidad y cero impunidad,
conscientes de que la lucha nunca acaba porque desgraciadamente la corrupción
no se destruye, sino que se transforma.

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