El petróleo de Venezuela: Respaldo para el dólar bajo la Doctrina Monroe
Durante la época De Gaulle, en los años 60, Francia les pidió a Estados Unidos que cambiara sus dólares por oro no fue un capricho. Fue un acto político calculado, casi pedagógico, para denunciar lo que París consideraba una distorsión peligrosa del sistema monetario internacional.
Los franceses estudiaron el
sistema de Bretton Woods que, les permitía a EE. UU., financiar sus déficits,
simplemente emitiendo dólares, porque el resto del mundo los aceptaba como
reservas internacionales.
Con este privilegio, De Gaulle
y su asesor Jacques Rueff veían que EE. UU. acumulaba crecientes déficits
externos. Consideraron que, si todos los países decidían convertir sus dólares
en oro al mismo tiempo, las reservas estadounidenses no alcanzarían. Francia
concluyó que el sistema era insostenible y que terminaría rompiéndose —como
efectivamente como ha estado ocurriendo.
De Gaulle afirmó que solo el
oro —“valor fiduciario inalterable”— podía servir como referencia
internacional, porque no dependía de la política de ningún país. A partir de la
década de los 70s, El FMI y el Banco Mundial reforzaron a los países de América
Latina a ejecutar el sistema de Bretton Woods (1944–1971).
Estaban obligados a mantener
sus reservas internacionales principalmente en dólares. La consecuencia de
obedecer con ese mandato, EE. UU. acumuló más del 70% del oro mundial, dejando
a los demás países sin alternativa.
Estados Unidos descubre que su
poder monetario tiene límites. En 1971, Richard Nixon suspende la
convertibilidad del dólar en oro.
El “Nixon Shock”— marca el
inicio formal de la decadencia: el dólar deja de ser “tan bueno como el oro” y
pasa a ser “tan bueno como la confianza”. Las devoluciones del dólar por oro,
provocó el disparo de la inflación; por lo que, el mundo empezó a cuestionar la
estabilidad del dólar.
En una jugada maestra, los
EUA, llegaron a un acuerdo con Arabia Saudita y la OPET, para que las ventas de
sus petróleos, deberán ser pagada con dólares, a cambio, los norteamericanos
facilitarían seguridad abriendo bases militares en zona equidistantes de los
saudíes.
Este acuerdo, salvaría al
dólar, pero también lo hace dependiente de la geopolítica energética. Desde
entonces, el “petrodólar”. Fue una moda a partir de la década de los 80s.
La decadencia del dólar no
empieza hoy, ni con China, ni con los BRICS. Empezó hace más de medio siglo,
cuando Estados Unidos descubre que su poder monetario tiene límites. Fue cuando
el mundo descubrió que había emitido más dólares de los que podía respaldar con
oro.
No había suficiente oro para
respaldar todos los dólares circulando en el planeta; ese desorden monetario y
la desconfianza en su moneda, ha provocado inflación y déficit presupuestaria.
La pérdida de confianza y la
devaluación del dólar, depende de la geopolítica, depende también de la fuerza,
de las alianzas, de las sanciones y del control de recursos estratégicos. Para
recuperar su hegemonía, las potencias actúan como imperios porque sienten que
el tiempo se acelera.
De ahí que, las invasiones de
Rusia a Ucrania; Estados Unidos a Venezuela. Ambos imperios buscan administrar
esos países con fideicomiso, para explotar en sus beneficios, sus riquezas
naturales.
Para Rusia, no se trata solo
de fronteras: es una disputa por gasoductos, puertos, rutas comerciales y la
capacidad de proyectar poder sobre Eurasia.
Para EUA, la Doctrina Monroe
—que alguna vez justificó intervenciones en el Caribe y Centroamérica—
reaparece bajo nuevas formas: sanciones financieras, presiones diplomáticas,
reordenamiento energético y vigilancia sobre los minerales estratégicos que alimentan
la economía y revivir el poder del dólar.
En un mundo donde el dólar
enfrenta desafíos estructurales, el control de recursos críticos se convierte
en un mecanismo de supervivencia monetaria. El petróleo, el litio, el gas y las
tierras raras ya no son solo materias primas: son instrumentos de poder
financiero.

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