Trump entre la espada y la espada

 


Alfredo Freites

La amenaza del presidente Donal Trump de que podría dejar a Irán en la edad de piedra, lejos de ser una declaración de fuerza muestra que está entre la espada y la espada por no haber diseñado una estrategia que incluyera cómo finalizar la guerra si las cosas no iban bien.

Conocer el pasado permite vislumbrar el futuro. Irán es cuna de uno de los mayores imperios de la humanidad, y durante cinco mil años, ha terminado asimilando a los que la ocupan.

En la etapa actual del conflicto hay un rosario de advertencias, amenazas, declaraciones y cambios de estrategias que desacreditan la actual administración del gobierno de EEUU. Todo termina siendo un desmentido. Sonidos cuyo eco afecta la credibilidad.

Eliminando toda la propaganda política la situación se reduce a ¿qué hacer para ganar?: bombardear a Irán hasta que no quede piedra sobre piedra. ¿Qué hacer para perder?, lo mismo.

Con la posible victoria desataría una crisis económica mundial sin parangón en la historia que afectaría a todos los países, incluyendo a Norteamérica y sus aliados.

Esa espada destructiva, irracional y primitiva se puede blandir como amenaza y no pasar de ahí porque, aunque Trump convirtiera su país es una dictadura, la economía es la que manda. Sus propios patrocinadores lo llevarían al patíbulo de la historia.

Un ataque para la aniquilación de Irán provocará la venganza con bombardeo al petróleo y el agua potable de sus vecinos. Aunque el territorio continental de USA este lejos de ser un blanco para acciones militares, el sunami económico le pegará con fuerza.

Además, las elecciones congresuales de noviembre pudrían provocar un cambio en la correlación de fuerzas amarrando a Trump de pies y manos.

Una rápida mirada a la estrategia iraní evidencia que tiene largos años estudiando a EEUU como preparación para el conflicto y ha montado un mosaico defensivo financiando múltiples anillos se ven aparecer ahora con ejércitos proxis que operan con independencia. Esta asimetría militar no busca la derrota frontal sino el desgaste de sus adversarios.

Entender esta defensa en mosaico toma en cuenta la escalada horizontal de las operaciones y la asimetría de costos de las mismas. La guerra se desarrolla en cuatro dimensiones claves: la militar, la política la económica y la narrativa.

Hasta ahora Trump no tiene unidad en su retaguardia política porque la mayoría ciudadana rechaza el conflicto; carece de coherencia en el campo de batalla porque sus mismos soldados disienten y ha tenido que recurrir a la poda para callar voces; de la economía ni hablar porque sigue en aumento los prestamos internos y la narrativa ahora la tiene Irán al derrotar el supuesto blindaje contra los bombardeos, alejó la marina y deja sin protección a los que han pagado por ello.

La guerra contra Irán no cuenta con la aprobación del Congreso y es otro campo de batalla. La estrategia iraní muestra profundos estudios de las guerras que ha sostenido Estados Unidos y su forma de operar. Han copiado a los vietnamitas: cavan túneles para hacer fábricas de drones, establecer los mandos militares, establecer plataformas de lanzamientos de cohetes y recurren a los procedimientos militares que los llevaron a construir el imperio persa. Trump debe pactar, pierde más prolongar su estada en Irán. Quizá así salve las elecciones.

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