El éxodo dominicano no es pobreza, es cálculo
Cada día, 143 dominicanos abordan un avión con boleto de una sola vía. No huyen de la miseria. Huyen de la aritmética. La emigración en 2026 dejó de ser un acto de desesperación para convertirse en una decisión financiera, social y hasta filosófica.
LA TRAMPA DEL CRECIMIENTO
SIN DERRAME
El Banco Central reporta
5.1% de crecimiento y CEPAL nos pone en 4% para 2026, líderes del Caribe. Pero
el salario mínimo del sector privado no sectorizado es RD$25,116. Eso son
US$425 al mes. Un dominicano en Lynn, Massachusetts, gana eso en una semana lavando
platos.
El problema no es que
República Dominicana sea pobre. Es que la distancia entre el PIB y el bolsillo
se volvió insalvable. El joven no compara su vida con la de su abuelo en 1960.
La compara con su primo en TikTok desde Nueva Jersey.
EL COSTO OCULTO DE LA
INFORMALIDAD
55% de los ocupados están en
la informalidad según el Banco Central. Traducido: sin AFP, sin ARS, sin acceso
a un préstamo para una casa. Un motoconchista en Herrera genera RD$35,000 al
mes, pero no existe para el sistema bancario.
En cambio, un “delivery” en
Madrid con contrato de 20 horas semanales cotiza, tiene sanidad pública y en 2
años aplica a residencia. Emigramos comprando ciudadanía económica. El Estado
dominicano cobra impuestos, pero vende pocas certezas.
CRISIS DE PREDICTIBILIDAD
INSTITUCIONAL
No nos vamos por los
apagones. Edesur reporta 98% de cobertura. Nos vamos porque un título de
propiedad puede durar doce años en tribunales, porque una sentencia se negocia,
porque el “sano” depende de a quién conoces.
El Banco Mundial lo mide: en
el índice “Rule of Law” estamos en percentil 40. Estados Unidos en 89. Europa
sobre 80. La diáspora no compra dólares.
Compra la garantía de que
las reglas no cambian a mitad del juego. Por eso, tras casos como el de George
Nicolás Mora, el joven dominicano de 24 años encontrado muerto en su vehículo
hace unos días en Pensilvania, la comunidad no deja de migrar: porque incluso
en la tragedia, allá hay un sistema que responde, investiga y da cuentas.
LA REMESA COMO MODELO DE
DESARROLLO FALLIDO
Recibimos US$10,200 millones
en remesas en 2025. Es el 9% del PIB. Somos una economía que exporta su gente
para importar divisas. Es el “impuesto patriótico” que mencionó el presidente
de la AIRD, Julio Brache, cuando dijo que la industria “transforma esfuerzo en
progreso”.
El problema es que estamos
transformando el esfuerzo en aeropuertos, no en parques industriales. Cada
joven que se va es un técnico, un enfermero, un ingeniero que no estará para el
hub logístico que soñamos.
DESENCANTO GENERACIONAL
La generación que hoy tiene
24 años nació en democracia, creció con internet y vio pasar seis gobiernos. Su
paciencia no es la de sus padres. No cree en el “aguanta que esto va a
cambiar”.
Ve a funcionarios sin
consecuencias, servicios públicos que colapsan y un Congreso que legisla para
grupos. Su conclusión es racional: si el país no me garantiza movilidad en
cinco años, yo me muevo en cinco horas. El aeropuerto de Punta Cana es el mayor
plan social del país.
¿QUE HACER?
Cerrar fronteras es iluso y
antihistórico. La solución es competir con la frontera. Eso implica tres
decisiones duras: Primero, salario de entrada digno. Ningún hub logístico se
construye con RD$15,000 mensuales.
Segundo, guerra total a la
burocracia. Que un permiso no dure 8 meses. Que un título salga en 90 días.
Tercero, consecuencias. Que
el funcionario que roba vaya preso, no a otro ministerio.
El dominicano no quiere
irse. La prueba son los US$10 mil millones que manda cada año para mantener
viva su casa aquí. Quiere razones para volver.
Mientras el Estado no
compita con la visa americana en certezas, el AILA seguirá siendo el principal
programa de primer empleo. Porque emigrar ya no es traición. Es la forma más
dramática de amar a tu país: trabajando lejos para que los tuyos vivan aquí.
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