La agropecuaria de República Dominicana entre el visto bueno y el reparo de los que saben

 

En el último año los aportes de la agricultura y la pecuaria a la expansión productiva dominicana constituyeron el 4.5% del Producto Interno Bruto, PIB, apreciado con optimismo por un sector nacional que se considera en presencia de una señal de que ambas actividades avanzarían hasta convertirse en un vigoroso motor de la economía con dimensiones industriales.

Pero, desde el mismo litoral de apreciaciones favorables emergen preocupaciones por: déficit en riego para cultivos en un país de elevado índice de desperdicio de agua, insuficiente capacidad para almacenar y preservar bienes de consumo perecederos y una fuerte gravitación sobre el mercadeo y la distribución comercial de intermediarios especuladores que actúa contra la rentabilidad de los cosecheros con lucros superiores a los de los productores.

A la vista que el pasado año el renglón agropecuario dominicano arribó a un crecimiento sostenido de 3.9% al tiempo que autoridades del renglón proporcionaron informaciones que indican que las exportaciones de productos del campo habrían alcanzado la cifra récord de US$3,680 millones para un crecimiento de 9%. Las mismas fuentes sostuvieron que con la industrialización de bienes generados en suelos del país se ha llevado a un 87% la autosuficiencia alimentaria.

Sin embargo, el balance al día del Banco Mundial - al margen de lo dicho por el Gobierno de que el campo se moderniza con casi dos mil empresas agroindustriales- indica que el citado espacio de producción figura con brechas estructurales por una preocupante “asimetría tecnológica” que se manifiesta con un sector exportador “altamente automatizado” al tiempo que una extendida comunidad de pequeños productores está atada a técnicas tradicionales y sin acceso a financiamientos a tasas razonables. Aún cuando el sector público dice tener en pie mecanismos de microfinanzas de bajo costo y aceptable penetración.

Otra campaña

La posición que ante el panorama agropecuario suscribe el Partido de la Liberación Dominicana con la pugnacidad de su principal dirigente agronómico a la cabeza, Adriano Sánchez Roa, es la de que el Gobierno mantiene en un segundo plano la inversión en el campo al restringirla a un 1.18% del Presupuesto Nacional.

Entiende que se ha desmantelado virtualmente al Ministerio de Agricultura y al Instituto Agrario Dominicano que dejó de existir como organismo autónomo para ser enfocado exclusivamente en un programa de titulación de tierra que logra que se reconozcan derechos de propiedad a miles de parceleros.

El PLD describe al campo dominicano como alejado de créditos sustanciales para medianos y pequeños productores mientras muchos de ellos han ido a la quiebra por “importaciones masivas” que generan excedentes artificialmente desplomando precios.

Además, pone en dudas la eficacia de controles sanitarios en puertos, aeropuertos y en la frontera, por lo que están elevados los riesgos de ingresos de plagas que diezmarían cosechas y la crianza de cerdos, coloquialmente considerados las “alcancías de los campesinos pobres”.

Sánchez Roa no estima suficiente –aunque existe- el subsidio estatal a los fertilizantes. Entre el 80% y el 90% de la producción agrícola convencional está subordinada críticamente a los abonos químicos, orgánicos y órgano-minerales.

Más voces

Desde la Junta Agropecuaria Dominicana, JAD, que suele tomar la palabra ciñéndose a la legítima defensa de los productores, se ha sostenido que el sector agropecuario nacional cuenta con un “alto nivel de desarrollo” y autosuficiencia consolidándose como el “motor principal de la seguridad alimentaria del país” y ha aseverado que las crisis del agro dominicano son “temporales y finitas” por existir una capacidad para la rápida recuperación. Pone de ejemplo la estabilidad de precios y de inversiones tecnológicas que tienen fortalecida la producción de arroz.

No ha dejado –ciertamente- de inventariar los retos: el gran desafío es preservar para la agricultura con recursos técnicos un sistema de riego que aproveche la abundancia natural de agua por lo que es urgente modernizar el sistema de canales.

Defiende a los productores del campo exonerándolos de responsabilidad por alzas de precios de la canasta básica de las que culpa exclusivamente a los especuladores del mercado interno a falta de un marco legal que se coloque del lado del consumidor.

Desde la autoridad de un largo ejercicio periodístico en renglones agropecuarios, Evaristo Rubens sostiene que en las últimas décadas la agricultura dominicana ha tenido avances y retrocesos incorporando tecnologías de última generación a la producción agrícola y pecuaria.

 “En arroz, el principal cultivo del país, se han logrado variedades de alto rendimiento y desarrollado tecnologías para todas sus actividades que están al alcance de los productores grandes y algunos medianos constituidos en asociaciones”.

Pero, todavía una gran parte de los productores agrícolas y de ganadería carece de acceso a tecnologías consideradas sofisticadas lo que se debe a la falta de recursos económicos, agregó Rubens recordando que el grueso de los alimentos que consumen los dominicanos y residentes extranjeros lo producen pequeños y medianos hombres y mujeres del campo.

“Muchos de esos agricultores y agricultoras usan herramientas rudimentarias en sus actividades, incluyendo el arado de la tierra con bueyes y caballos” y muy probablemente sin aplicar los agroquímicos que refuerzan y protegen las cosechas.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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