¿Tus bacterias intestinales pueden aumentar el riesgo de piedras en los riñones?
Oxalobacter formigenes es una bacteria que vive en el intestino y tiene algo muy llamativo: usa el oxalato como fuente de energía. Eso importa porque el oxalato es una sustancia presente en alimentos como espinaca, remolacha, cacao, nueces y algunos tés, y también se produce dentro del cuerpo.
Cuando el oxalato se absorbe
en exceso, puede aumentar en la orina y favorecer la formación de cálculos de
oxalato de calcio, que son los más comunes.
Por eso, durante años, esta
bacteria se ha visto como una especie de "aliada natural". La idea es
sencilla: si Oxalobacter formigenes degrada parte del oxalato dentro del
intestino, entonces podría quedar menos oxalato disponible para absorberse y,
en consecuencia, menos oxalato llegaría a la orina.
Esa lógica biológica sigue
siendo sólida y está respaldada por estudios experimentales y observacionales.
Ahora bien, aquí viene la
parte importante: que la teoría sea buena no significa que ya tengamos una
solución clínica clara.
La evidencia más reciente
muestra que las personas con cálculos renales suelen tener un microbiota
intestinal alterada, y varios trabajos sugieren que la pérdida de bacterias que
degradan oxalato, entre ellas Oxalobacter, puede formar parte del problema.
Incluso un estudio de 2024
en animales mostró que transferir microbiota de pacientes con litiasis a ratas
favoreció cambios compatibles con mayor riesgo de piedras, como más oxalato
urinario y menos citrato.
Sin embargo, el panorama no
es tan simple como "si tengo menos Oxalobacter, me va a dar piedra".
Investigaciones recientes
insisten en que el riesgo depende de una red completa de bacterias, de la
dieta, del calcio intestinal, de la barrera intestinal, del uso de antibióticos
y de cómo cada persona maneja el oxalato. En otras palabras, Oxalobacter formigenes
importa, pero no trabaja sola.
Otro punto clave es el
efecto de los antibióticos. Un estudio en humanos mostró que la colonización
por Oxalobacter formigenes puede disminuir de forma importante después de
ciertos antibióticos, y en algunos individuos esa pérdida persiste.
Esto refuerza la idea de que
el microbioma intestinal puede modificar el manejo del oxalato, y también ayuda
a explicar por qué algunas personas pierden esa "protección"
bacteriana.
¿Entonces sirve tomarla como
probiótico? Ahí la evidencia todavía es mixta. Un estudio de prueba de concepto
publicado en 2025 mostró que administrar bacterias vivas logró colonizar a
adultos sanos y redujo la excreción urinaria de oxalato en alrededor de 14 %,
lo cual es prometedor.
Pero ensayos previos, sobre
todo en contextos como hiperoxaluria primaria, no siempre han mostrado
beneficios claros. Por eso, hoy no puede decirse que ya exista una
recomendación firme para usar Oxalobacter formigenes como tratamiento estándar.
La conclusión más honesta es
esta: Oxalobacter formigenes es una bacteria muy interesante y probablemente
relevante en la prevención de algunos cálculos renales, pero todavía no es
"la solución mágica".
Lo que sí sigue teniendo
base fuerte es cuidar la hidratación, evitar restricciones extremas de calcio
dietético, ajustar el exceso de oxalato en quienes tienen hiperoxaluria y
revisar el contexto intestinal completo, no solo una bacteria aislada. La ciencia
va avanzando, pero todavía estamos en una etapa de construcción, no de certezas
absolutas.
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