Impacto económico del calor extremo en el pais

 

Santo Domingo---------La ola de calor extremo que afecta a la República Dominicana, con temperaturas máximas y una sensación térmica que puede superar los 33 grados Celsius, no solo representa una amenaza para la salud y la vida de las personas. También tiene importantes consecuencias económicas.

De hecho, no es necesario alcanzar esos niveles para que sus efectos comiencen a sentirse: a partir de los 28 grados Celsius ya se registran impactos significativos sobre la actividad productiva.

En el sector agropecuario, por ejemplo, las altas temperaturas provocan una reducción considerable en la producción de alimentos, deterioran la salud animal y generan cuantiosas pérdidas económicas. El estrés térmico altera el metabolismo de los seres vivos, disminuyendo su rendimiento físico y biológico.

El ganado bovino, en particular las razas lecheras, es altamente sensible al incremento de la temperatura. La producción diaria de leche puede reducirse hasta en un 30 %, mientras que la menor ingesta de alimentos deteriora la condición corporal de los animales, provocando pérdida de peso y una mayor vulnerabilidad a enfermedades.

Una situación similar se observa en la porcicultura. Cuando la temperatura supera los 25 °C, los cerdos comienzan a sufrir estrés térmico.

Para disipar el exceso de calor, modifican su metabolismo y reducen el consumo de alimento, lo que afecta negativamente su crecimiento y la eficiencia de la producción.

La industria avícola enfrenta riesgos aún mayores. Debido a que las aves carecen de glándulas sudoríparas, constituyen uno de los sistemas de producción más vulnerables al calor extremo.

En galpones con ventilación deficiente pueden producirse golpes de calor que ocasionen mortalidad masiva. Además, el jadeo excesivo provoca alcalosis respiratoria y desequilibrios electrolíticos. La calidad del huevo también se deteriora, con cascarones más delgados y frágiles, así como una reducción en el tamaño de las piezas.

Al mismo tiempo, disminuye la postura de las gallinas ponedoras y empeora la conversión alimenticia, lo que obliga a utilizar más alimento y más tiempo para que los pollos de engorde alcancen el peso de mercado.

La agricultura tampoco escapa a estos efectos. El estrés hídrico y térmico acelera los procesos metabólicos de las plantas, limitando su crecimiento y reduciendo los rendimientos.

También provoca deshidratación celular, fallas en la polinización y una maduración prematura que da lugar a granos y frutos de menor tamaño. A ello se suma la proliferación de plagas y enfermedades, así como la degradación de los suelos, factores que comprometen la sostenibilidad de la producción agrícola.

Sin embargo, los efectos del calor extremo trascienden el sector agropecuario. Uno de los canales más importantes es la productividad laboral. Las altas temperaturas reducen la capacidad física y cognitiva de los trabajadores, especialmente en actividades al aire libre. Se estima que en América Latina y el Caribe el estrés térmico podría disminuir la productividad laboral en alrededor de un 4 % hacia 2030. En la República Dominicana, donde persisten elevados niveles de informalidad y una importante proporción del empleo se desarrolla a la intemperie, ese impacto podría ser aún mayor durante episodios de calor extremo.

El sector energético también enfrenta una presión creciente. El aumento de las temperaturas incrementa la demanda de electricidad debido al mayor uso de sistemas de aire acondicionado y refrigeración, elevando tanto los costos de generación como la necesidad de subsidios para evitar incrementos significativos en las tarifas.

En el turismo, principal actividad generadora de divisas del país, las consecuencias también son evidentes. La reducción del confort térmico puede alterar los patrones de viaje de los visitantes, mientras que los hoteles deben asumir mayores costos operativos para mantener condiciones adecuadas de climatización. Todo ello reduce los márgenes de rentabilidad y afecta la competitividad del destino.

El Estado tampoco permanece ajeno a esta realidad. Las olas de calor incrementan el gasto público en atención sanitaria, fortalecimiento de la respuesta ante emergencias y subsidios al sistema eléctrico, ejerciendo una presión adicional sobre las finanzas públicas.

En consecuencia, aunque todavía no existe una estimación oficial que cuantifique de manera integral el costo económico del calor extremo en la República Dominicana, la evidencia indica que sus efectos ya se reflejan en la producción agropecuaria, el consumo de energía, la productividad laboral, los precios y la salud pública.

El mayor desafío, sin embargo, no es la ola de calor actual, sino la creciente frecuencia e intensidad con la que estos fenómenos se presentan debido al cambio climático.

Para afrontarlo, se debe impulsar el uso de tecnología eficiente de ambiente controlado en la producción agropecuaria, así como el diseño y la tecnología inteligente en las edificaciones, los cuales pueden reducir la temperatura interior entre 3 °C y 8 °C.

Adaptar la economía, fortalecer la resiliencia de los sistemas productivos e invertir en medidas de mitigación ya no es una opción, sino una necesidad impostergable.

 

 

 

 

 

 

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