El dilema de la Policía Nacional
Nelson Encarnacion
Como punto inicial para cualquier análisis tenemos que partir del hecho concreto de que la Policía Nacional, como un organismo estatal que monopoliza el uso de la fuerza, está en la obligación de preservar la integridad física de todas las personas objeto de persecución por la presunta comisión de un delito.
Es lo que se impone en un
Estado social y democrático de derecho como es la República Dominicana, donde
ni siquiera mediante la aplicación de la ley está permita la pena de muerte.
En esto estamos más que
claros. Sin embargo, cuando la criminalidad se desborda; cuando no funcionan
los métodos persuasivos; cuando los antisociales se proponen plantar cara a las
autoridades, la Policía Nacional se ve ante un grave dilema.
Por un lado, se encuentra
con el reclamo de la ciudadanía que se ve asfixiada por las acciones de los
delincuentes y pide que el cuerpo policial dé respuesta a una situación que
genera una gran incertidumbre.
Solo quienes hemos sido
víctimas de delincuentes—directamente o por agresiones a familiares
nuestros—sabemos de la impotencia que se apodera de uno cuando se pasa por
semejante trance.
Y por el otro lado, la
institución tiene que afrontar las críticas—la mayoría de buena fe, pero una
parte con intenciones maliciosas—cuando su respuesta a la delincuencia desborda
lo que se considera políticamente correcto.
Es decir, los llamados
intercambios de disparos le producen a la Policía Nacional un ambiente gris que
acaban por minar su imagen ante la sociedad legalista.
Creo que no deberían existir
posiciones dubitativas cuando se pone en la balanza la seguridad de 11 millones
de dominicanos y los millones de turistas que nos visitan, frente a unos
cuantos delincuentes cuyo accionar se circunscribe a una vida de antisociales
irrecuperables.
La autoridad tiene que
preservar la tranquilidad ciudadana apelando a la famosa ley de la necesidad
del romano Tito Livio, que, en el caso particular de la situación dominicana,
se contrae a la obligación que tiene el Estado de apelar incluso a ciertos extremos
para preservar el derecho de la mayoría.
La seguridad ciudadana, definida,
así como concepto medio abstracto, se fundamenta en la obligación que tiene la
Policía de garantizar que todos los dominicanos podamos transitar tranquilos
por las calles o dormir sin sobresaltos. Lo demás es parafernalia ruidosa.
Nelsonencar10@gmail.com
Publicar un comentarioDefault CommentsFacebook Comments