REVOLUCION AGROPECUARIA

por ANA JOSEFA  GIL MATEO


Los tratados de libre comercio de los cuales nuestro país es signatario nos obligan a ser competitivos en calidad y precios; pero el actual gobierno dominicano en vez de trabajar en pro de la adecuación del sector agropecuario, cual si fuere un látigo   les azota y estrangula, atentando contra nuestra soberanía al pretender hacernos dependientes de países productores de ajo, arroz, azúcar, carne de pollo, cebolla, frijoles, leche en polvo y maíz.
Capacidad de sobra tenemos en la República Dominicana para desarrollar una verdadera revolución agropecuaria que permita autoabastecernos y exportar nuestra producción, en vez de importar esos productos que por ser  los más sensibles a nuestra economía, han venido afectando en gran medida a nuestros campesinos y hacendados.
No respetan estos gobiernistas la rectificación técnica que sirve de marco de regulación de tales productos, los cuales están protegidos ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).  Por eso hace falta  definir con voluntad una adecuada política agropecuaria y eliminar las asesinas medidas económicas de importaciones que ha implementado este gobierno del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
Aún cuando Danilo Medina fue Ministro de la Presidencia y siendo originario de un campo del municipio de Bohechío, de nuestra provincia San Juan, estableció desde entonces, este gobierno morado, una tiranía comercial que enterró al otrora  “Granero del sur” y así mismo, ha venido descalabrando al resto de los productores nacionales  en estos casi doce años de mandato.
Danilo Medina, a sabiendas que el  San Juan que él siempre ha marginado es eminentemente agropecuario, y desde aquel despacho en palacio, se ha mantenido en silencio al lado de dos o tres protegidos del poder ejecutivo  que  con insaciable avaricia y  refinado egoísmo protagonizan las mafiosas y desmedidas importaciones de productos agropecuarios; incluyendo recientemente 75 ejemplares lecheros a un costo de RD$24 millones de pesos. ¡Increíble usar los fondos de CONALECHE para comprar a RD$320 mil pesos promedio  cada una de esas vacas! 
Contrario a ese selecto y multimillonario grupo de allegados a Leonel Fernández, a Danilo Medina o Salvador “Chío” Jiménez,  son muchos los hombres y mujeres dedicados(as) a labores agropecuarias que han sido objeto de quiebras, o laten actualmente en estado agónico, cuando han debido estos gobiernistas, a través de esta loable actividad económica,  propiciar la generación de empleos y la seguridad alimentaria para los desheredados de nuestra patria, amén de desarrollar las riquezas nacionales.
Requeridos por el Poder Judicial han debido estar esos allegados, ministros y funcionarios vinculados a la mafia de  las importaciones para ser juzgados por el origen de sus fortunas, que en algunos casos son el resultado de manejos ocultos e ilegales que violan nuestras leyes, entre otros aspectos, en torno a  cantidades a importar, dejando en la Dirección General de Aduanas (DGA) registros que no coinciden con las cifras que superan exageradamente los datos registrados en las exportaciones de aquellos países que son suplidores de nuestra nación.
Tan protegidos están esos mafiosos importadores, como abandonados a su suerte están los productores agropecuarios en todo el territorio nacional: En Constanza, en Sánchez Ramírez, en Peravia, en San Juan, en Comendador y demás. Las mayorías de ellos piden auxilio porque  no pueden enfrentar los compromisos con la banca formal e informal, obligados a pagar elevadas tasas de interés mensual de hasta un 10%, ya que el Banco Agrícola hace años que este gobierno peledeista lo convirtió en una entelequia, desprovisto de dineros para financiar la producción nacional.
Añoramos aquellos tiempos prometedores en los gobiernos del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), aún recuerdo aquel año de 1979 cuando mi padre recibió un reconocimiento al mérito en su calidad de productor agropecuario por parte del entonces Secretario de Agricultura, el Agron. Hipólito Mejía Domínguez.  Con la inocencia propia de aquella edad, llegué a soñar ser la dueña de una próspera finca agropecuaria, pero como  aprendí a amar el campo y el trabajo, no el dinero ilícito ni  lavado: ¡Tremenda quimera con los peledeistas dirigiendo los destinos de nuestra nación!
Estos gobiernistas enemigos de la producción nacional no solamente han obstruido sueños, también han impedido el desarrollo de factibles proyectos quebrando empresas con sus pésimas políticas económicas, han arrabalizado las ciudades al obligar al campesino a emigrar de sus predios, y en vez de otorgarles la oportunidad de apuñar el arado, permiten que a esos barrios lleguen las armas de fuego con respaldo de la corrupción gubernamental y el narcotráfico.
Hace años que estos gobiernistas vienen atentando contra la dignidad y la moral de estos hombres y mujeres dedicados a tan consagrada labor, pues hay que amarla intensamente para dedicarse y mantenerse en ella.  ¿De qué sirve que voces pagadas intenten desvirtuar y desviar el sentido de las palabras de Hipólito Mejía? ¡Los hechos están ahí! Los productores agropecuarios nacionales quieren, pero no pueden pagar sus deudas, y necesitan ser rescatados y apoyados por un gobierno responsable.
Reitero: ¡Los hechos están ahí!, indicando con mayor fuerza que con él, Hipólito Mejía, junto al Partido Revolucionario Dominicano (PRD) reverdece la esperanza de la agropecuaria nacional, la cual es determinante para salvar la seguridad alimentaria del país.  Por eso en nuestros campos, en nuestros barrios, y en las ciudades; hastiados del hambre y las calamidades, con gran fuerza claman: ¡Llegó papá!.  

                                             

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