Prevención de la Violencia, un Compromiso de todos/as







Por: Licda. Luz María Orozco Aybar

Cuando prevenimos, evitamos, se toman medidas antes de ocurrir situaciones o hechos de violencia y es por esto que en el mes de noviembre muchas instituciones realizan actividades asociadas con la no violencia, al ser el mes de la prevención de la violencia.

A todos/as nos duele que nos agredan, no importa si la agresión es física, verbal, psicológica o emocional, o de donde venga esta, de los padres, maestros/as, hermanos/as, esposo/a, compañeros de trabajo y es que a todo ser humano, a ustedes y a mí nos gustaría que las manifestaciones de amor, cariño, tolerancia, respeto, equidad, paz, armonía, comprensión; estuvieran presente en todo lo que hacemos, pensamos y decimos en el día a día.

Pero lamentándolo mucho no es así, al levantarnos, al transcurrir el día, al anochecer, al acostarnos vemos, oímos o vivimos en la familia, los medios de comunicación social, en la escuela, las calles, en el entorno general, actos violentos que echan por la borda el ideal y la aspiración de vivir y convivir en un mundo lleno de paz, amor, armonía, en común unidad.

Es bueno detenerse y preguntarse ¿Qué trae consigo la violencia? Nosotros/as sabemos que las consecuencias, las manifestaciones, las evidencias, los trastornos son innumerables y que muchas marcan al niño/a, al adolescente, al adulto, al señor/a mayor, al hombre o la mujer para toda la vida.

A nivel psicológico o emocional puede provocar:

Baja autoestima, sentimiento de poca valía, inferioridad, inseguridad, miedo, temor, impotencia, remordimientos, indignación, pánico, frustraciones, pueden adoptarse posturas extremas en el comportamiento o la pasividad o la hiperactividad, sumisión o rebeldía; ansiedad, infelicidad, depresión; se canalizan los sentimientos de enojo y dolor a través del alcohol, las drogas, el sexo.
Trae consigo problemas en el aprendizaje, trastornos en el desarrollo, agresividad o retraimiento, conducta destructiva o autodestructiva.

Una extremada obediencia ante personas de autoridad, trastornos del sueño (insomnio, pesadillas); aislamiento, conductas y conocimientos sexuales no acordes a  la edad y promiscuidad.

Conociendo todo esto vale la pena hacer un alto en el camino para reflexionar, autoevaluarse y analizar si todos/as estamos cumpliendo con el compromiso de ser o constituirnos en agentes de paz, si como personas, como familia, iglesia, educación o sociedad general estamos trabajando unidos, buscando estrategias para la prevención; si somos ejemplos con nuestras vidas, con nuestras acciones, con los mensajes que diariamente transmitimos o emitimos a nuestros hijos, alumnos, vecinos, compañeros de trabajo, esposo/a, podemos decir lo hemos logrado y por consiguiente no habrá necesidad de llanto, dolor o lamentaciones.

Este trabajo enfocado a la prevención constituye un compromiso de todos y todas, pero ¿Cómo podemos hacerlo?

-         Teniendo conciencia que la violencia produce grandes daños a nivel físico, emocional o social.

-         Permitir que los hijos y demás miembros de la familia tengan y expresen sus propias opiniones y decisiones y tomarlos en cuenta.

-         Tener relaciones armoniosas entre sí.  Padres, madres y maestros son o deben ser modelos y ejemplos a seguir.

-         Propiciar una comunicación efectiva. El diálogo y la escucha activa son importantes para solucionar problemas, hay que escuchar sin interrumpir, ni acusar, ofender, ni humillar a los demás.

-         Educar en valores haciendo énfasis en el respeto, la tolerancia, la prudencia, la paz, justicia, el amor, la comprensión, la empatía. Que sean vivenciados y ejemplificados en la práctica diaria, en la familia, la escuela y demás instituciones.

-         Desarrollar una autoestima sana, equilibrada, positiva a través de mensajes positivos, expresiones de amor, cariño, aceptación, cuidado. Reconocernos como personas valiosas, importantes, hijos/as de Dios merecedores/as de que se respete nuestra integridad física, psíquica, moral, a vivir sin violencia.

-         Autoevaluarnos y reconocernos como personas con defectos y virtudes. En la medida que lo hagamos, lo haremos con los demás.

-         Denunciar si somos maltratados, no quedarnos callados/as. Para esto podemos buscar aquellas personas cercanas a nosotros/as que nos inspiren confianza, capaces de canalizar y buscar soluciones a lo que nos pasa.

-         Promover una Campaña de Concientización sobre la ley 24-97, sobre No Violencia contra la Mujer, ley 136-03 de protección a niños/as y adolescentes, normas de convivencia, manejo de conflictos, otros. Dar seguimiento a los cambios de actitudes a raíz de estos.

-         Evitar imponer nuestras ideas a otras personas y rechazar que otros nos impongan a la fuerza sus ideas, sus formas de comportamiento.

-         Ser responsables de nuestras acciones, tratando de no culpar a los demás de lo que hacemos o decimos y asumir las consecuencias de las mismas. Aprender a controlarnos y negociar en los conflictos.

Estoy segura que la manera mas efectiva y eficaz de evitar la violencia es trabajar unidos/as, perseverando, llevando a la práctica lo antes dicho y teniendo la seguridad y la certeza de que es mejor prevenir que lamentar o remediar. Esto podemos lograrlo con la ayuda de Dios y los dones que nos da para hacerlo.





Referencias Bibliográficas


Ceballos R. (2010) “Aprendiendo a Leer la Vida con enfoque del género, Centro Cultural Poveda.

Díaz A. Pascual D. (2010) “Disciplina Positiva en el Aula”, Plan Internacional, R.D.

Hablemos “Manual de Educación Sexual para Adolescentes y Multiplicadores”

Plan Internacional “Aprender Sin Miedo”. Capacitación y Reducción de Violencia en el Ámbito Escolar.

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