LA INCREIBLE Y TRISTE HISTORIA DE LA EDUCACION DOMINICANA Y

Con gran consternación para la población dominicana, se difunde en los medios de prensa radial y escrito las causas por las cuales al “Ministerio de Educación se le dejó de entregar RD$6,788 millones de su asignación presupuestaria en el 2011.” Esta disminución en la ejecución presupuestaria respecto a lo asignado, según el Ministerio de Hacienda, se debió a la reducción en los ingresos fiscales y por la caída en los ingresos por donaciones. De modo que, el Gobierno dominicano hábilmente, con esta aclaración del órgano rector de las finanzas públicas, relega a un problema de carácter fiscal su política educativa nacional. En vista de lo anterior, las autoridades gubernamentales, bajo el criterio de no considerar el presupuesto como instrumento de desarrollo, evidencian su falta de compromiso con el desarrollo social de la población dominicana, al no priorizar la educación como uno de los objetivos fundamentales de la política social del Gobierno, la cual debiera, por demás, estar dirigida a revertir los altos niveles de pobreza y desigualdad prevalecientes en nuestra sociedad. En efecto, es importante destacar que los bajos niveles de recursos destinados a la educación, no sólo han hecho deficiente a la educación dominicana, lo que se verifica en los resultados de la evaluación de la eficiencia del sistema educativo, mostrado en el Informe de Competitividad 2011-2012, del Foro Económico Mundial, el cual nos coloca en este renglón, en el lugar 136 de 142 países; en tanto nos confiere el lugar 139 en el aspecto de calidad en la educación de las matemáticas y las ciencias, con una pírrica puntuación de 1.9, de un máximo de 7 puntos. Mientras, en lo que respecta a la educación primaria apenas superamos a dos países, al conferirnos el vergonzoso lugar 140, con una puntuación de 1.8. Lo que explica en gran medida que la escasa formación educacional de la fuerza laboral dominicana sea una de las principales causas de la tendencia decreciente en la competitividad del país: al pasar del lugar 95 en el 2009, al 191 en el 2010, y caer al lugar 110 en el 2011. En tanto, en lo que respecta a la condición del gasto en educación de servir de instrumento redistributivo de los ingresos en una sociedad: por los escasos recursos destinados a la educación respecto a los requerimientos educacionales del país, los recursos invertidos no han contribuido a reducir significativamente los altos niveles de desigualdad económica en la población. Visto en retrospectiva, el gasto en educación ciertamente ha mejorado los ingresos de la población dominicana en las últimas cuatro décadas, disminuyendo la inequidad económica. Sin embargo, la reducción de la desigualdad en la distribución del ingreso se ha logrado de manera exigua. Esto es así, por la limitada progresividad del gasto en educación, dado los bajos montos transferidos a los hogares dominicanos a través del gasto social. De igual modo, a partir de indicadores analizados, se verifica una baja concentración del gasto a favor de los sectores menos favorecidos, siendo los años de 1984 y 2002, los más favorables en términos de las transferencias a la población dominicana. Luego, queda demostrado que la priorización en la ejecución presupuestaria deja ver claro, que para el Gobierno dominicano el presupuesto, más que instrumento de desarrollo social y económico, constituye un mecanismo de apalancamiento político. Lo que se evidencia en las declaraciones del Ejecutivo de destinar un monto de RD$40 mil millones de pesos dominicanos a la realización de obras y actividades dirigidas a garantizar la victoria del candidato oficialista. Mientras, el Despacho de la Primera Dama, entidad adscrita al Gobierno Central sin ninguna función específica en la Estructura del Estado dominicano, ejecutó RD$854.5 millones, es decir un 98% de lo asignado, en actividades y proyectos priorizados por las urgencias políticas, lo que evidencia la predisposición de la autoridades gubernamentales de destinar los recursos necesarios a perpetuar las aspiraciones continuistas de quienes actualmente dirigen el Estado dominicano. Bernardo Hirán Sánchez Melo El Autor es Economista

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