Equidad de género y macroeconomía





Félix Bautista
El hombre y la mujer han sido creados desde la perspectiva divina,  “a imagen y semejanza de Dios”, como lo describe el libro Génesis de la Biblia. Sin embargo, desde la misma creación, las desigualdades entre hombres y mujeres han estado presentes y las diferencias han estado más allá a las inherentes a cada género.
La igualdad entre hombres y mujeres se basa en el reconocimiento de que los seres humanos tienen la misma dignidad e iguales derechos.
La igualdad sustantiva entre hombres y mujeres inicia con la “Declaración del Estado de Virginia”, documento fundacional de los Estados Unidos de 1776. Trece años después la Revolución Francesa de 1789, consolidó el concepto de libertad e igualdad.
Como consecuencia de estos hechos históricos se aprueba la Declaración Universal del Hombre y Ciudadano, del 26 de agosto de 1789, primer instrumento que recoge esa aspiración que inicia las luchas históricas por el reconocimiento de la igualdad.  Lo que significa que hace 225 años se reconoció el principio universal de igual trabajo, igual salario, sin discriminación, entre hombres y mujeres.
En la segunda y tercera década del Siglo XX (1920-31), las mujeres concentraron sus luchas en el ámbito económico y electoral, con acciones que iban desde boicots, manifestaciones, incendios y huelgas de hambre. El resultado de estos reclamos fue la aprobación de leyes que permitieron el ejercicio del sufragio a las mujeres en Gran Bretaña en 1918 y 1928, en Estado Unidos en 1920 y en España en 1931.
Janet G. Atotsky, Asesora de presupuesto y Planificación del FMI, observa que “uno de los hechos más espectaculares del Siglo XX fue el ingreso de la mujer al mundo económico y de la política, que antes era casi exclusivamente dominio masculino”. Reconoce que la desigualdad de género es mundial y más pronunciada en las economías en desarrollo.
Simon Kuznets, de origen ruso, premio Nobel de Economía en 1971, y profesor de la Universidad de Columbia, desarrolló lo que se conoce como la curva de  Kuznets  en forma de U invertida, estableciendo cómo la desigualdad económica se incrementa a lo largo del tiempo mientras un país está en desarrollo.
En los últimos 40 años, las mujeres han superado muchas de las barreras a la hora de buscar oportunidades para participar en las mismas condiciones  que los hombres en la mayoría de los países ricos y pobres. Ana Revenga y Sudhir Shetty sostienen que “las mujeres van más a la escuela, viven más años (reciben mejores servicios de salud), consiguen mejores trabajos y han adquirido derechos y protección legal”.
En la educación primaria y secundaria la desigualdad se ha superado en casi todos los países. En un tercio de los países en desarrollo el número de niñas supera a los niños en la enseñanza secundaria y en dos terceras partes de los países sobre los que se disponen estadísticas el número de mujeres que asisten a la universidad es mayor que los hombres.
Según el Banco Mundial, el 51% de la población universitaria mundial corresponde al sexo femenino. Más de 500 millones de mujeres se han incorporado a las fuerzas de trabajo en los últimos 30 años, constituyendo más del 40% de la población activa en todo el mundo.
Aunque los avances han sido significativos en educación y salud, es necesario “seguir reduciendo la inequidad de género para que la mujer desarrolle todo su potencial en la actividad económica y la vida cívica” puntualiza Atotsky.
El Informe del Banco Mundial sobre desarrollo del mundo de 2012, en lo relativo a la igualdad de género y el desarrollo, reconoce que superar las disparidades de género es importante para el desarrollo y para la formulación de políticas. “Una mayor igualdad de género puede aumentar la productividad económica, mejorar los resultados en materia de desarrollo para la próxima generación, y establecer instituciones y políticas más representativas”.
El Banco Mundial conforme a datos empíricos procedentes de diversos países como Brasil, China, India, Reino Unido y Sudáfrica, muestra que si se incrementa la proporción de ingresos controlados por las mujeres, modificarían los patrones de gastos en beneficio de sus hijos, teniendo un efecto positivo en las economías.
Con una fuerza laboral femenina que representa el 40% del trabajo y más de la mitad de la matrícula universitaria mundial, la productividad global puede aumentar si se aprovechan los talentos  y habilidades de las mujeres.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura FAO, si las agricultoras tuvieran el mismo acceso que los hombres a los recursos productivos, como tierras y fertilizantes, la producción agrícola de los países en desarrollo podría llegar a incrementarse entre 2.5% y 4%.
Según ONU-Mujeres, “el empoderamiento económico de las mujeres, contribuye con la igualdad de género, la erradicación de la pobreza y el crecimiento económico. Cuando las mujeres trabajan, las economías crecen. Si las tasas de empleo remunerado de las mujeres se incrementaran hasta equipararse a la de los hombres, se calcula que el PIB de Estados Unidos sería un 9% mayor, el de la Zona de Euro aumentaría un 13% y el de Japón un 16%”.
El presidente de Estados unidos, Barack Obama, en varias intervenciones reclamando que se apruebe en el Congreso el Acta de Equidad Salarial entre Hombre y Mujer lo ha expresado en forma elocuente: “Sabemos que nuestra economía es más fuerte cuando nuestras esposas, madres, e hijas pueden vivir sus vidas libre de la discriminación en su sitio de trabajo, y libre del miedo de la violencia doméstica. Esta es una cuestión económica que nos afecta a todos.
Las mujeres constituyen aproximadamente la mitad de nuestra mano de obra. Y, cada vez más, muchas de ellas son el sostén principal de nuestras familias. Así que cuando las mujeres ganan un salario justo, nos beneficiamos todos. Es injusto y una vergüenza. Las mujeres merecen ganar lo mismo por realizar el mismo trabajo”.
Las mujeres representan más de la mitad de la población mundial, y su aporte al crecimiento, al bienestar y el desarrollo está muy por debajo de su potencial, lo que afecta la macroeconomía.
De acuerdo al informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), sobre Las Mujeres, el Trabajo, la Economía y el crecimiento de 2013: “ÖLa creación de empleo y la inclusión están estrechamente relacionados... La participación de la mujer en el mercado de trabajo también es parte de la ecuación de crecimiento y estabilidad”. Mejores oportunidades para las mujeres puede significar un mayor desarrollo económico. Pensemos y actuemos en beneficio de las mujeres,  para incrementar el  progreso y el bienestar de las naciones.















Publicar un comentarioDefault Comments

emo-but-icon

Publicidad







LAS MÁS DESTACADAS

EL TIEMPO

item