Equidad de género y macroeconomía
https://www.elvalleinformativo.com/2014/05/equidad-de-genero-y-macroeconomia_7.html
Félix Bautista
El hombre y la mujer han sido creados desde la perspectiva divina,
“a imagen y semejanza de Dios”, como lo describe el libro Génesis de la Biblia.
Sin embargo, desde la misma creación, las desigualdades entre hombres y mujeres
han estado presentes y las diferencias han estado más allá a las inherentes a
cada género.
La igualdad entre hombres y mujeres se basa en el reconocimiento de que
los seres humanos tienen la misma dignidad e iguales derechos.
La igualdad sustantiva entre hombres y mujeres inicia con la
“Declaración del Estado de Virginia”, documento fundacional de los Estados
Unidos de 1776. Trece años después la Revolución Francesa de 1789, consolidó el
concepto de libertad e igualdad.
Como consecuencia de estos hechos históricos se aprueba la Declaración
Universal del Hombre y Ciudadano, del 26 de agosto de 1789, primer instrumento
que recoge esa aspiración que inicia las luchas históricas por el
reconocimiento de la igualdad. Lo que significa que hace 225 años se reconoció
el principio universal de igual trabajo, igual salario, sin discriminación,
entre hombres y mujeres.
En la segunda y tercera década del Siglo XX (1920-31), las mujeres
concentraron sus luchas en el ámbito económico y electoral, con acciones que iban
desde boicots, manifestaciones, incendios y huelgas de hambre. El resultado de
estos reclamos fue la aprobación de leyes que permitieron el ejercicio del
sufragio a las mujeres en Gran Bretaña en 1918 y 1928, en Estado Unidos en 1920
y en España en 1931.
Janet G. Atotsky, Asesora de presupuesto y Planificación del FMI,
observa que “uno de los hechos más espectaculares del Siglo XX fue el ingreso
de la mujer al mundo económico y de la política, que antes era casi
exclusivamente dominio masculino”. Reconoce que la desigualdad de género es
mundial y más pronunciada en las economías en desarrollo.
Simon Kuznets, de origen ruso, premio Nobel de Economía en 1971, y
profesor de la Universidad de Columbia, desarrolló lo que se conoce como la
curva de Kuznets en forma de U invertida, estableciendo cómo la
desigualdad económica se incrementa a lo largo del tiempo mientras un país está
en desarrollo.
En los últimos 40 años, las mujeres han superado muchas de las barreras
a la hora de buscar oportunidades para participar en las mismas
condiciones que los hombres en la mayoría de los países ricos y pobres.
Ana Revenga y Sudhir Shetty sostienen que “las mujeres van más a la escuela,
viven más años (reciben mejores servicios de salud), consiguen mejores trabajos
y han adquirido derechos y protección legal”.
En la educación primaria y secundaria la desigualdad se ha superado en
casi todos los países. En un tercio de los países en desarrollo el número de
niñas supera a los niños en la enseñanza secundaria y en dos terceras partes de
los países sobre los que se disponen estadísticas el número de mujeres que
asisten a la universidad es mayor que los hombres.
Según el Banco Mundial, el 51% de la población universitaria mundial
corresponde al sexo femenino. Más de 500 millones de mujeres se han incorporado
a las fuerzas de trabajo en los últimos 30 años, constituyendo más del 40% de
la población activa en todo el mundo.
Aunque los avances han sido significativos en educación y salud, es
necesario “seguir reduciendo la inequidad de género para que la mujer
desarrolle todo su potencial en la actividad económica y la vida cívica”
puntualiza Atotsky.
El Informe del Banco Mundial sobre desarrollo del mundo de 2012, en lo
relativo a la igualdad de género y el desarrollo, reconoce que superar las
disparidades de género es importante para el desarrollo y para la formulación
de políticas. “Una mayor igualdad de género puede aumentar la productividad
económica, mejorar los resultados en materia de desarrollo para la próxima
generación, y establecer instituciones y políticas más representativas”.
El Banco Mundial conforme a datos empíricos procedentes de diversos
países como Brasil, China, India, Reino Unido y Sudáfrica, muestra que si se
incrementa la proporción de ingresos controlados por las mujeres, modificarían
los patrones de gastos en beneficio de sus hijos, teniendo un efecto positivo
en las economías.
Con una fuerza laboral femenina que representa el 40% del trabajo y más
de la mitad de la matrícula universitaria mundial, la productividad global
puede aumentar si se aprovechan los talentos y habilidades de las
mujeres.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agricultura FAO, si las agricultoras tuvieran el mismo acceso que los hombres a
los recursos productivos, como tierras y fertilizantes, la producción agrícola
de los países en desarrollo podría llegar a incrementarse entre 2.5% y 4%.
Según ONU-Mujeres, “el empoderamiento económico de las mujeres,
contribuye con la igualdad de género, la erradicación de la pobreza y el
crecimiento económico. Cuando las mujeres trabajan, las economías crecen. Si
las tasas de empleo remunerado de las mujeres se incrementaran hasta
equipararse a la de los hombres, se calcula que el PIB de Estados Unidos sería
un 9% mayor, el de la Zona de Euro aumentaría un 13% y el de Japón un 16%”.
El presidente de Estados unidos, Barack Obama, en varias intervenciones
reclamando que se apruebe en el Congreso el Acta de Equidad Salarial entre
Hombre y Mujer lo ha expresado en forma elocuente: “Sabemos que nuestra
economía es más fuerte cuando nuestras esposas, madres, e hijas pueden vivir
sus vidas libre de la discriminación en su sitio de trabajo, y libre del miedo
de la violencia doméstica. Esta es una cuestión económica que nos afecta a
todos.
Las mujeres constituyen aproximadamente la mitad de nuestra mano de
obra. Y, cada vez más, muchas de ellas son el sostén principal de nuestras
familias. Así que cuando las mujeres ganan un salario justo, nos beneficiamos
todos. Es injusto y una vergüenza. Las mujeres merecen ganar lo mismo por
realizar el mismo trabajo”.
Las mujeres representan más de la mitad de la población mundial, y su aporte
al crecimiento, al bienestar y el desarrollo está muy por debajo de su
potencial, lo que afecta la macroeconomía.
De acuerdo al informe del Fondo Monetario Internacional (FMI), sobre Las
Mujeres, el Trabajo, la Economía y el crecimiento de 2013: “ÖLa creación de
empleo y la inclusión están estrechamente relacionados... La participación de
la mujer en el mercado de trabajo también es parte de la ecuación de
crecimiento y estabilidad”. Mejores oportunidades para las mujeres puede
significar un mayor desarrollo económico. Pensemos y actuemos en beneficio de
las mujeres, para incrementar el progreso y el bienestar de las
naciones.
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