¿Está Irán utilizando el petróleo como un arma estratégica?
La guerra entre Estados Unidos
e Israel contra Irán ha provocado el cierre del estratégico estrecho de Ormuz y
ha afectado gravemente las infraestructuras energéticas de la mayoría de los
países del golfo Pérsico.
Esta situación ha provocado
que el precio del barril de petróleo registre un aumento sostenido de
aproximadamente 35 dólares en apenas dos semanas de conflicto, lo que genera un
profundo impacto en la economía mundial.
Cabe recordar la Guerra del
Yom Kippur de 1973, en la que Israel se enfrentó con Egipto y Siria, países que
además contaban con el respaldo de otras naciones árabes y de la Unión
Soviética. En ese contexto, el petróleo fue utilizado como un instrumento de
coacción contra las potencias occidentales que apoyaban a Israel.
Mediante un embargo coordinado
contra Estados Unidos y Europa Occidental, los países árabes lograron que, en
cuestión de días, el precio del barril de crudo aumentara alrededor de un 70%,
desencadenando la mayor crisis energética registrada desde la Segunda Guerra
Mundial.
La coacción petrolera ejercida
contra Occidente resultó determinante en la duración del conflicto, pues apenas
20 días después de iniciado se alcanzó un cese al fuego.
La Guerra del Yom Kippur sentó
las bases para que Occidente creara, un año más tarde, la Agencia Internacional
de Energía (AIE), con el propósito de coordinar políticas energéticas,
especialmente entre Estados Unidos y sus aliados, e impulsar el desarrollo de
fuentes renovables como la energía eólica y la solar en distintas regiones del
mundo.
Cabe destacar que conflictos
posteriores, como la guerra irano-iraquí (1980-1988) o la invasión de Kuwait en
1990 por las tropas de Saddam Husein, impulsaron a Estados Unidos a
perfeccionar la tecnología del fracking.
Este avance le ha permitido
convertirse en el principal productor mundial de crudo, pasando de una
producción de alrededor de 5 millones de barriles diarios en el año 2000 a más
de 13.5 millones en la actualidad.
Según el Informe del Mercado
Petrolero de la AIE correspondiente a febrero de 2026, otros países del
continente americano también han logrado aumentar significativamente su
producción de crudo.
Entre ellos se encuentran
Brasil, con una producción cercana a 4.2 millones de barriles diarios, y
Guyana, cuya producción se aproxima al millón de barriles por día.
Asimismo, destacan productores
tradicionales del hemisferio como Canadá, con una producción aproximada de 4.8
millones de barriles diarios; México, con cerca de 1.4 millones; y Venezuela,
con alrededor de 1 millón, aunque con perspectivas de recuperación en la medida
en que aumente la inversión extranjera destinada a modernizar su
infraestructura energética.
En conjunto, estas cifras
confirman que el continente americano se ha consolidado durante las últimas
décadas como uno de los polos relevantes del planeta en la producción de crudo.
De manera que se observa cómo
el mercado energético global ha sufrido cambios en las últimas tres décadas, ya
que hoy América produce más del 25% del crudo total mundial.
A esto se agrega la
diversificación de la matriz energética como parte de la lucha contra el
calentamiento global. En esa misma línea, es oportuno señalar que una parte
importante de países han reducido significativamente la proporción de
combustibles derivados del petróleo en la generación eléctrica.
Por ejemplo, la República
Dominicana en el año 2000 tenía una matriz de generación eléctrica donde el
petróleo representaba un 88%, mientras que hoy ha disminuido a tan solo un 12%,
debido al crecimiento del gas, el carbón mineral y fuentes alternativas como la
eólica y la solar.
La participación del petróleo
en la matriz energética mundial disminuyó del 39% en el año 2000 al 26% en la
actualidad. A pesar de ello, el petróleo continúa siendo el rey, pues sigue
siendo la principal fuente energética. El Medio Oriente, además, se mantiene
como la región que más produce y exporta oro negro, cuya mayor parte atraviesa
el estrecho de Ormuz.
Si bien la producción de crudo
en América registra un aumento considerable en las últimas décadas, no resulta
suficiente para compensar la cantidad de petróleo que deja de llegar a los
mercados debido al cierre del estrecho de Ormuz, máxime cuando Rusia enfrenta
sanciones de las potencias occidentales por la invasión a Ucrania y la
producción de Venezuela ha disminuido, en los últimos tres lustros, en cerca
1.7 millones de barriles diarios.
Otro hecho importante de
recordar es que, pocos meses después de los atentados del 11 de septiembre de
2001, el presidente estadounidense George W. Bush dio a conocer la existencia
de un “eje del mal” compuesto por Irán, Irak y Corea del Norte, países que,
según afirmó, promovían el terrorismo y buscaban desarrollar armas de
destrucción masiva.
Por esta razón, en marzo de
2003, Irak fue invadida y el régimen de Saddam Hussein derrocado. Mientras
tanto, Corea del Norte, mirándose en el espejo de Irak, aceleró su programa
nuclear y, en 2006, dio a conocer al mundo mediante una prueba que poseía armas
nucleares.
Irán, por su parte, se enfocó
en apoyar a organizaciones chiíes que combatían contra las tropas de Estados
Unidos y sus aliados en Irak, destacándose el respaldo al Ejército del Mahdi,
liderado por el clérigo Muqtada al-Sadr. Sin embargo, con la llegada al poder
en Irán del presidente Mahmud Ahmadineyad en 2005, un nacionalista radical, se
asumió con firmeza la defensa del programa nuclear.
Israel, por su parte,
respondió eliminando selectivamente más de media docena de científicos
nucleares iraníes entre 2006 y 2012. Además, en 2012 llevó a cabo un ataque
cibernético utilizando el virus informático Stuxnet, que según los reportes
afectó gravemente las instalaciones nucleares de la República Islámica.
Se evidencia que, los líderes
iraníes tomaron en cuenta estos hechos y, sobre todo, la doctrina Begin, la
cual sostiene que Israel no permitirá que un Estado hostil en la región obtenga
armas nucleares. Bajo esta doctrina, Israel atacó el reactor nuclear de Irak en
1981, repitió la acción contra Siria en 2007.
Por tanto, se observa que
asociaron su capacidad ofensiva al petróleo. Así, el estrecho de Ormuz se
convirtió en una pieza clave, ya que por este espacio angosto circulan
aproximadamente 20 millones de barriles al día, lo que permite utilizar el
crudo como arma, dado que el bloqueo de esta vía tiene repercusiones en todo el
planeta.
En esa misma línea, Antonio
Sánchez Ortega, en su obra “Rusia, el poder y la energía”, sostiene que el
petróleo por su concentración geográfica y una estructura de comercialización
compleja, tiene cualidades únicas para ser usado como herramienta coercitiva.
De esta manera, si las
interrupciones en el suministro de petróleo se prolongan durante varias semanas
más como consecuencia del cierre del estrecho de Ormuz, el precio del barril
podría superar los 200 dólares.
Por lo que, un escenario de
esta naturaleza otorgaría a los ayatolás una ventaja estratégica, al
incrementar la presión económica global y empujar a Estados Unidos a buscar un
acuerdo que permita poner fin al conflicto en condiciones más favorables para Teherán.
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