La estrategia imperialista solo ofrece caos y destrucción
Por RAFAEL MENDEZ
El polvorín de Oriente Medio
ha estallado finalmente tras la ofensiva militar ejecutada por la alianza entre
Estados Unidos e Israel contra objetivos soberanos en la Republica Islámica de
Irán. Este ataque, que segó la vida del líder supremo y altos mandos militares,
ha desatado una espiral de violencia cuyas consecuencias geopolíticas y
económicas amenazan con desestabilizar por completo el suministro energético
global.
La respuesta de Irán no se ha
hecho esperar, y está respondiendo con masivas oleadas de misiles balísticos
dirigidos contra bases estadounidenses, consideradas por el derecho
internacional como extensiones territoriales de los Estados Unidos, con lo que el
mundo debe estar consciente de no se trata de agresión a esos países, como lo
ha pretendido posicionar la mediática manipuladora.
Mientras las llamas consumen
infraestructuras estratégicas del imperio en varios países, el Cuerpo de la
Guardia Revolucionaria Islámica advierte que las puertas del infierno se han
abierto para los agresores que ignoraron la soberanía persa.
En este escenario de guerra
total, el flujo de crudo por el Estrecho de Ormuz pende de un hilo, afectando
directamente los intereses de una Unión Europea temerosa, en tanto la
volatilidad de los precios del barril responde al pánico de los mercados, que observan
cómo el conflicto escala rápidamente hacia una confrontación que involucra
activamente a potencias con capacidad nuclear y militar.
Perspectivas sombrías
La volatilidad extrema ha
secuestrado los recintos de las bolsas internacionales tras confirmarse que el
barril de crudo Brent se ha disparado por encima de los 83 dólares, registrando
subidas superiores al 13% en cuestión de horas. Los inversores huyen despavoridos
hacia valores refugio como el oro, que ya roza los 5.200 dólares la onza,
mientras el pánico por un desabastecimiento prolongado paraliza las
proyecciones de crecimiento para el presente trimestre fiscal.
Este terremoto económico se
agrava con la parálisis del Estrecho de Ormuz, arteria vital por donde transita
el 20% del petróleo y gas mundial, cuya interrupción por parte de Teherán
amenaza con estrangular las economías de la Unión Europea.
La suspensión de la producción
en QatarEnergy y el cierre de instalaciones clave en el Golfo, han generado un
shock de oferta que, según analistas financieros, podría empujar el precio del
barril hacia la barrera psicológica de los 100 dólares, pero se advierte que
podrían seguir aumentando.
Las perspectivas a corto plazo
son sombrías, pues la escalada militar invalida los esfuerzos de los bancos
centrales por contener la inflación, forzando a una revisión drástica de las
políticas monetarias globales, pero mientras Washington intenta mitigar el
impacto interno, el resto del mundo asume que estamos ante un cambio de
paradigma donde la seguridad energética ya no es una garantía comercial, sino
una moneda de cambio en un tablero de guerra abierta.
El eje de resistencia y el
factor Pekín
La Casa Blanca, bajo el
mandato previo de Joe Biden y ratificada por el actual presidente Donald Trump,
ha oficializado a China como su enemigo estratégico número uno. Washington
entiende que el gigante asiático es el soporte económico del eje conformado por
Irán y Venezuela, bajo el mando del secuestrado Nicolás Maduro, formando una
alianza que desafía directamente al petrodólar
China observa con cautela
defensiva el asedio naval en sus mares mientras consolida asociaciones
energéticas con naciones que el Departamento de Estado califica como parias del
sistema internacional.
Para los analistas, esta
presión bélica busca asfixiar la ruta de la seda y detener el ascenso de un
modelo de intercambio que no depende exclusivamente de las finanzas
occidentales.
El conflicto bélico actual no
es solo una represalia militar por muertes de mártires, sino una batalla
estructural para definir quién controlará los recursos del siglo veintiuno,
mientras el establishment estadounidense cierra filas contra el avance tecnológico
y comercial chino, por lo que utiliza la fuerza bruta en Oriente Medio para
enviar un mensaje de advertencia a cualquier nación que intente un desacople
financiero.
La respuesta global ante el
agresor
La movilización de la Guardia
Revolucionaria, ahora bajo el mando del general Ahmed Vahidi, demuestra que el
costo de la agresión será mucho más alto de lo que Trump calculó. Las
represalias contra instalaciones estadounidenses en la región no son actos aislados,
sino la aplicación legítima de la defensa de la soberanía frente a una potencia
que ignora flagrantemente el derecho internacional.
China, por su parte, se
consolida como el soporte financiero y tecnológico que permite a naciones como
Irán, África y países de América Latina resistir el chantaje de las
instituciones financieras occidentales.
Esta arquitectura de
cooperación multipolar es la que realmente aterra a los halcones de Washington,
quienes ven cómo el mundo se encamina hacia un modelo de desarrollo que ya no
les pertenece.
El conflicto en Oriente Medio
y el acoso a la República Bolivariana de Venezuela y a Cuba confirman que la
estrategia imperialista solo ofrece caos y destrucción para asegurar su
supervivencia económica terminal.
El mundo observa con
indignación cómo la ambición por el crudo empuja a la humanidad hacia un abismo
bélico, donde el eje de la resistencia es el único muro frente a la barbarie.
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