Ya tuve el infarto, ¿y ahora qué? El camino a la rehabilitación cardíaca
Santo Domingo-----Superar un infarto no termina con el alta médica. El verdadero reto comienza después. Clave. Rehabilitación cardíaca se consolida como una de las herramientas más efectivas.
Sufrir un infarto agudo de
miocardio es una experiencia que marca un antes y un después.
El episodio suele llegar de
forma inesperada y deja, además de secuelas físicas, una huella emocional
profunda. Para muchas personas, el momento de regresar a casa tras el alta
hospitalaria está lleno de preguntas y en medio de ese escenario de miedo e incertidumbre,
la rehabilitación cardíaca aparece como un pilar fundamental del proceso de
recuperación.
Angélica Rumardo, cardióloga
y especialista en Rehabilitación Cardíaca de los Centros de Diagnóstico y
Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (Cedimat), explica
que tras superar la fase aguda del infarto y recibir el tratamiento médico
inicial, comienza una etapa igual de importante, la recuperación a largo plazo.
Sentirse mejor no siempre
significa que el corazón esté completamente recuperado. Aunque el dolor haya
desaparecido y los estudios sean favorables, el riesgo cardiovascular persiste.
Por eso, el acompañamiento estructurado y supervisado resulta clave para
prevenir nuevos eventos y mejorar la calidad de vida.
La especialista dice que la
rehabilitación cardíaca es un programa integral, diseñado y supervisado por un
equipo de profesionales de la salud, dirigido a personas que han sufrido un
infarto u otra enfermedad cardiovascular.
Sostiene que “su objetivo
principal es ayudar al paciente a recuperar su capacidad física, fortalecer el
corazón y aprender a cuidarlo de manera continua. No se trata solo de “hacer
ejercicio”, sino de un abordaje completo que combina actividad física segura,
educación en salud y apoyo emocional”.
Hoy, la rehabilitación
cardíaca es tan importante como los medicamentos o los procedimientos
realizados tras un infarto.
Diversos estudios han
demostrado que los pacientes que participan en estos programas tienen menor
riesgo de morir, menos hospitalizaciones, menor probabilidad de sufrir un nuevo
evento cardiovascular y una mejor calidad de vida en comparación con quienes no
lo hacen.
Sus beneficios
Rumardo explica que uno de
los beneficios más importantes de la rehabilitación es que ayuda a vencer el
miedo al esfuerzo físico. Muchas personas, tras un infarto, desarrollan temor a
caminar, subir escaleras o realizar actividades cotidianas por miedo a “forzar”
el corazón.
Este temor, aunque
comprensible, puede llevar al sedentarismo, lo que a su vez aumenta el riesgo
cardiovascular. El ejercicio supervisado permite recuperar la confianza de
forma progresiva y segura.
Al hablar de los programas
de rehabilitación cardíaca, asegura que se adaptan a cada paciente según su
edad, condición física y estado clínico. M anifestando que uno de sus
componentes centrales es el ejercicio físico supervisado.
Este se inicia de manera
gradual, bajo monitoreo médico, y puede incluir caminatas, bicicleta estática,
ejercicios de fortalecimiento ligero y estiramientos. El objetivo no es exigir
al corazón de forma peligrosa, sino entrenarlo para que funcione mejor y con
mayor eficiencia.
Señala que otro pilar
fundamental es la educación para la salud. El paciente aprende a comprender su
enfermedad, a reconocer los factores de riesgo y a tomar decisiones informadas
sobre su cuidado.
Se abordan temas como
alimentación saludable, control del colesterol y la presión arterial, manejo de
la diabetes, abandono del tabaco y uso correcto de los medicamentos. Esta
información empodera al paciente y lo convierte en un actor activo de su recuperación.
El apoyo psicológico y
emocional es un componente clave que muchas veces se subestima. La galena
destaca que después de un infarto, es frecuente experimentar ansiedad, miedo,
tristeza o incluso depresión.
Estas emociones pueden
afectar la adherencia al tratamiento y la motivación para realizar cambios en
el estilo de vida. “La rehabilitación cardíaca ofrece herramientas para manejar
el estrés, mejorar el bienestar emocional y fortalecer la autoestima, aspectos
esenciales para la salud del corazón”, apunta.
Indica que en la mayoría de
los casos, la rehabilitación cardíaca puede iniciarse pocas semanas después del
infarto, generalmente entre dos y cuatro semanas, una vez que el médico
tratante lo autoriza.
Comenzar de forma temprana
permite obtener mayores beneficios y reducir el riesgo de complicaciones. No
obstante, incluso personas que tuvieron un infarto hace meses o años pueden
beneficiarse al iniciar un programa de rehabilitación.
A cuidar el corazón
La cardióloga expresa que
además de los pacientes que han sufrido un infarto, la rehabilitación cardíaca
está indicada en personas con angina de pecho, insuficiencia cardíaca,
enfermedad coronaria, cirugía cardíaca o colocación de stents. También forma parte
de la prevención secundaria en personas con alto riesgo cardiovascular,
ayudando a frenar la progresión de la enfermedad.
Expresó que tener un infarto
no significa que la vida se detenga. Para muchas personas, la rehabilitación
cardíaca representa un nuevo comienzo, una oportunidad para adoptar hábitos más
saludables y mejorar su calidad de vida incluso más que antes del evento.
Mitos que aún limitan el
acceso a los programas
Existen mitos que aún
limitan el acceso a estos programas. Uno de los más frecuentes es creer que la
rehabilitación no es necesaria si el paciente se siente bien. Sin embargo,
sentirse bien no significa que el riesgo haya desaparecido.
Otro mito es pensar que el
ejercicio es peligroso después de un infarto, cuando en realidad el ejercicio
supervisado es seguro y altamente beneficioso. También persiste la idea de que
la rehabilitación es sólo para personas mayores, cuando pacientes jóvenes y
activos obtienen grandes beneficios.
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