Ganadería y conuquismo de montaña: la otra gran amenaza para nuestras fuentes de agua
Mientras la atención nacional suele concentrarse en proyectos extractivos, concesiones energéticas o grandes infraestructuras, una amenaza histórica, silenciosa y persistentemente subestimada continúa deteriorando una de las mayores riquezas estratégicas de la República Dominicana: sus fábricas naturales de agua.
En un artículo reciente
sostuve que salvar nuestros ríos exige construir un verdadero sistema de
corresponsabilidad ambiental. Hoy sostengo que esa misma lógica debe comenzar
mucho antes de que el agua llegue al río: debe comenzar en la montaña.
Me refiero a la expansión no
planificada de la ganadería extensiva en montaña y conuquismo itinerante basado
en “tumba y quema”: prácticas que durante décadas han venido transformando
bosques de altura, compactando suelos y debilitando la capacidad natural de
nuestras cordilleras para captar, infiltrar y regular el agua.
No es una amenaza menor. Es
una amenaza silenciosa que degrada desde arriba lo que otras actividades
terminan destruyendo aguas abajo.
Un modelo que erosiona el
futuro hídrico
La lógica del daño es
precisa y acumulativa. La deforestación elimina la cobertura vegetal que actúa
como esponja y filtro hacia los acuíferos. El pisoteo del ganado compacta las
capas superiores del suelo, convirtiendo el agua de lluvia en escorrentía violenta
en lugar de infiltración lenta. Y la tierra suelta sin raíces es arrastrada
hasta los ríos y las presas, depositándose como sedimento que las inutiliza
progresivamente.
l caso más elocuente es la
presa de Sabaneta, en San Juan. Ha perdido más del 50% de su capacidad de
almacenamiento —35 millones de metros cúbicos de los 78 millones originales—
por sedimentación proveniente de la cuenca alta del río San Juan. Los niveles
registrados superan en más de cinco veces los valores proyectados. Una presa
que costó 56 millones de dólares sufre hoy reducción de generación eléctrica,
pesca destruida, inundaciones más frecuentes y agricultura en riesgo aguas
abajo. Una infraestructura concebida para servir generaciones está siendo
vaciada desde las alturas.
Lo que ocurre en San Juan no
es un caso aislado. Es un anticipo de lo que puede ocurrir, y ya está
ocurriendo, en otras cuencas del país.
Las zonas de mayor peligro:
un mapa de la urgencia
No todas las montañas están
en igual grado de crisis. Hay tres territorios donde la urgencia es extrema y
donde la degradación ya no es una amenaza futura sino una realidad medible en
metros cúbicos perdidos, en presas que agonizan, en ganaderos que compran agua
para sus propias reses.
1. Cordillera Central —
Prioridad absoluta
La Cordillera Central es la
reserva hídrica más importante del país, declarada Reserva de Biosfera “Madre
de las Aguas”. Alberga las cuencas de origen de seis grandes ríos dominicanos y
alimenta 19 presas clave para el agua potable y la generación eléctrica
nacional.
Solo en la cuenca del Yaque
del Norte —6,891 km²— los usos agropecuarios ocupan el 42.57% del territorio,
con pastos que representan el 14.29% y más del 41% de los suelos en conflicto
de uso en zonas de vocación forestal. La ganadería y la agricultura de montaña
han degradado cerca del 50% del caudal original en tramos críticos. Los
sistemas de Tavera, Bao, Monción, Hatillo, Valdesia, Jigüey y Aguacate no
pueden seguir recibiendo sedimentos a la velocidad actual sin comprometer su
vida útil.
Lo que se pierda aquí no
tiene sustituto.
2. Sierra de Neiba y
Bahoruco — La paradoja más cruel
De sus escorrentías
naturales parten más de cien ríos, arroyos y cañadas que alimentan el
Artibonito, San Juan, Yaque del Sur y toda la Hoya de Enriquillo. La sierra
sostiene el equilibrio hídrico de media nación.
Y sin embargo, los
habitantes de la provincia Bahoruco, rodeados de ríos y manantiales que nacen
en esa misma sierra, llevan más de 40 años padeciendo escasez aguda de agua.
Tienen el agua encima, pero
la degradación de las cuencas altas impide que llegue en condiciones
aprovechables. En las cumbres de la Sierra de Bahoruco se registran lluvias de
más de 1,800 milímetros al año; en las zonas bajas de la Hoya de Enriquillo, apenas
500. Sin montañas conservadas que regulen ese gradiente, la región más sedienta
del país lo será cada vez más.
La degradación aquí no solo
reduce el agua. También profundiza pobreza rural, migración y pérdida de
productividad agrícola en una zona ya expuesta a desertificación y estrés
climático extremo.
3. Línea Noroeste — Donde
los ganaderos pagan el precio de su propio daño
Esta zona exhibe la ironía
más devastadora del mapa: son más de 3,000 ganaderos entre Montecristi,
Dajábon, Mao y Santiago Rodríguez, y muchos de ellos han tenido que comprar
agua para que sus propios animales puedan beber. La producción de leche ha caído
entre un 30% y un 35%, y el ganado pierde peso sistemáticamente.
La causa es directa: la
siembra de pasto y la producción de madera a gran escala desde San José de las
Matas hasta Restauración han alterado el ciclo hídrico que alimenta las presas
de la región. Las lagunas se han secado. Las presas de Monción, Chacuey y
Maguaca han reducido su caudal al punto de que los acueductos locales no pueden
suplir de agua potable a la población.
Y el efecto en cascada no
para ahí. La presa de Tavera, construida hace más de 40 años sobre el Yaque del
Norte, ya no tiene suficiente agua para cumplir simultáneamente sus tres
funciones: abastecer los acueductos de Santiago y Moca, generar energía hidroeléctrica
e irrigar el fértil valle de la Línea Noroeste. Una presa que debía durar
generaciones, ahogada desde arriba por décadas de conuquismo sin control.
"En una isla no existe
el 'lejos'. Todo queda aguas arriba o aguas abajo de alguien." (Luis
Carvajal)
Estas tres regiones
concentran las cuencas que sostienen el sistema hídrico, agrícola y energético
nacional. Protegerlas no es una opción ambiental. Es una decisión de seguridad
nacional.
De la prohibición a la
corresponsabilidad: la salida realista
La Resolución 0004-2021 del
Ministerio de Medio Ambiente establece límites estrictos a la ganadería
comercial y la tala en paisajes de montaña. La norma existe. El problema, como
ocurre con demasiadas normas dominicanas, es la brecha entre el papel y el terreno.
La verdadera solución
requiere rediseñar incentivos y activar la misma arquitectura de
corresponsabilidad ambiental propuesta para los ríos, ahora aplicada desde las
cumbres. Esto se organiza en torno a tres actores con roles claros y cinco
mecanismos concretos:
Declarar Zonas Prioritarias
de Intervención Hídrica. Las tres zonas deben ser declaradas territorios
especiales de recuperación y protección —no para expulsar comunidades, sino
para ordenar el uso del suelo con monitoreo satelital y metas anuales de hectáreas
reconvertidas.
Crear un Fondo Nacional de
Corresponsabilidad Hídrica. Empresas hidroeléctricas, sistemas de agua potable,
agroindustria, turismo, embotelladoras y grandes desarrollos urbanos deben
contribuir proporcionalmente. Proteger el agua no puede seguir siendo carga
exclusiva del productor rural.
Contratos de conservación
con productores. Cada ganadero o conuquero en zonas críticas debe poder firmar
acuerdos voluntarios: eliminar la tumba y quema, proteger nacientes, reforestar
pendientes. A cambio: pago por servicios ambientales (Ley 44-18), asistencia
técnica del IDIAF, crédito preferencial y acceso a mercados verdes.
Reconversión productiva
hacia sistemas regenerativos. Transitar de la ganadería extensiva a sistemas
silvopastoriles, cercado rotacional, bancos forrajeros y agroforestería. La
ganadería no desaparece: evoluciona para producir más y mejor sin destruir la
base hídrica.
Monitoreo con tecnología y
participación ciudadana. Seguimiento satelital de cobertura vegetal, humedad de
suelos y sedimentación, con indicadores públicos. Evaluación anual de
resultados reales: caudales recuperados, presas que vuelven a llenarse, ganaderos
que dejan de comprar agua para sus reses.
El sector productivo debe
ser protagonista de la reconversión, no víctima de la prohibición. El Estado
debe pasar de intervenciones puntuales a fiscalización continua y presencia
permanente. La ciudadanía, las empresas y la sociedad civil deben ser financiadores
y vigilantes activos.
Más allá de las montañas:
redefinir cómo producimos sobre nuestras cuencas y tierras
Proteger las montañas es
condición necesaria. Pero no suficiente.
Hay una tercera amenaza que
opera en el llano, en los valles, en las tierras productivas que bordean
nuestros ríos: el modelo agrícola que hemos normalizado. El 82% del agua
disponible en el país va dirigida a la agricultura, de la cual se desperdicia
en promedio el 70%, provocando que el 57% de toda el agua disponible a nivel
nacional se pierda en los campos de cultivo. No por sequía. Por ineficiencia.
(Claudio Caamaño)
A eso se suma el uso
intensivo de fertilizantes químicos y pesticidas que, según estudios
hidrogeológicos nacionales, contaminan acuíferos y eutrofizan ríos en silencio,
sin que nadie lo vea ni lo mida.
Esta dependencia es aún más
riesgosa porque casi la mitad de la producción mundial de alimentos depende de
fertilizantes nitrogenados derivados del gas natural; los recientes conflictos
en el Medio Oriente (como en Irán) han vuelto a demostrar que cualquier
disrupción dispara precios y amenaza la seguridad alimentaria (World Economic
Forum, 2026).
La corresponsabilidad
ambiental también llega al llano: exige riego tecnificado, agricultura
regenerativa y prácticas locales como el uso de biochar producido a partir de
residuos del propio de la agricultura, que puede reducir entre un 20-40 % la
necesidad de fertilizantes sintéticos mientras mejora la retención de agua y
nutrientes en suelos de ladera (World Economic Forum, 2026). Ese debate es un
tema que merece un análisis aparte.
Porque proteger el agua no
depende solo de conservar la montaña. También depende de cómo cultivemos
nuestras tierras.
El agua como activo
estratégico nacional
"El verdadero
ordenamiento del territorio no empieza preguntando cuánto dinero puede generar
un lugar, sino qué función cumple para que el país pueda seguir
existiendo." (Luis Carvajal)
Durante décadas hemos
tratado nuestras montañas como si fueran tierras disponibles. En realidad son
infraestructuras naturales que sostienen la vida económica, social y energética
del país.
La arena extraída destruye
el río desde adentro. La ganadería y el conuquismo lo secan desde arriba.
Son dos caras del mismo
colapso hídrico y exigen la misma respuesta: una gobernanza de cuencas que
funcione de la montaña al mar.
La pregunta ya no es cuánto
cuesta protegerlas. La verdadera pregunta es cuánto nos costará seguir
perdiéndolas. Porque en el siglo XXI el activo más estratégico será el agua. Y
protegerla ya no puede seguir siendo responsabilidad de unos pocos. Debe convertirse
en una responsabilidad compartida de toda la nación.
La ruta de la
corresponsabilidad ambiental ya está trazada.
El mapa también.
Ahora lo que falta no es
diagnóstico.
Es decisión.
Este artículo es
continuación de “Cómo salvar nuestros ríos: corresponsabilidad ambiental como
ruta de salida”, publicado en Acento el 28 de abril de 2026.
Referencias
Ministerio de Medio
Ambiente. Resolución 0004-2021 — Límites a la ganadería comercial en paisajes
de montaña.
https://hoy.com.do/economia/medio-ambiente-pone-limites-en-montana-a-la-ganaderia_847651.html
Modelo productivo y
conflictos hidrosociales en la región Noroeste. https://idiaf.gob.do
Contexto actual del agua en
la República Dominicana / Pacto Nacional por el Agua 2021-2036.
https://mepyd.gob.do/wp-content/uploads/drive/Agua/Documentos/FASE%20II%20Diagnostico%20Recursos%20Hidricos%20%20-%20Pacto%20por%20Agua%202020.pdf
Ministerio de Medio
Ambiente. Informe GEO-RD 2024.
https://ambiente.gob.do/app/uploads/2024/06/1.Prpyecto-GEF-7.NOTA-RESUMEN.pdf
“Agua, producción agrícola y
peligro minero en la Cuenca Yaque del Sur.” Abril 2026.
https://acento.com.do/opinion/agua-produccion-agricola-y-peligro-minero-en-la-cuenca-yaque-del-sur-y2-9664156.html
Ley 44-18 de Pago por
Servicios Ambientales, República Dominicana. https://ambiente.gob.do
Diario Libre. “Sequía
impacta sector ganadero en la Línea Noroeste.” Diciembre 2021.
https://www.diariolibre.com/economia/crisis-del-sector-ganadero-se-profundiza-por-falta-de-agua-y-alimentos-GD3454697
Desafíos de la República
Dominicana en restauración de ecosistemas.
https://www.sica.int/rep/desafios-republica-dominicana
TNR / Claudio Caamano. “En
la agricultura se pierde el 57% del agua del país.”
https://riego.gob.do/claudio-caamano-en-la-agricultura-se-pierde-el-57-del-agua-del-pais/
Infobae / JAD. “La
tecnificación del riego agrícola promete ahorrar hasta un 60% de agua.” Mayo
2026.
https://www.infobae.com/republica-dominicana/2026/05/07/la-tecnificacion-del-riego-agricola-promete-ahorrar-hasta-un-60-de-agua-en-republica-dominicana/
El Día. “El sector agrícola
desperdicia casi la mitad del agua por malas prácticas.”
https://eldia.com.do/el-sector-agricola-desperdicia-casi-la-mitad-del-agua-por-malas-practicas/
Estudio Hidrogeológico
Nacional de la República Dominicana. Fase II. SGN / INDRHI.
https://sgn.gob.do/index.php/geologia-y-tematicos/info-hidrogeologia/category/19-memorias-hidrogeologicas-rd?download=21%3Amemoria-0
World Economic Forum (2026). 3 Climate Trends – Issue
84. [LinkedIn
Newsletter]. Recuperado de:
https://www.linkedin.com/pulse/3-climate-trends-issue-84-world-economic-forum-tz
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