Estudio chino revela que consumir sal en exceso afecta el cerebro
Un estudio a gran escala realizado por científicos chinos ha descubierto el peligroso mecanismo por el cual una dieta excesivamente salada afecta al cerebro. Resulta que el exceso de sal no solo aumenta la presión arterial, sino que también desencadena una reacción en cadena: altera el equilibrio de las bacterias intestinales, lo que, a su vez, desencadena inflamación cerebral, causa muerte neuronal y conduce a pérdida de memoria y aumento de la ansiedad.
Se sabe desde hace tiempo que
el exceso de sal es perjudicial para el corazón y los vasos sanguíneos, pero
sus efectos destructivos se extienden mucho más allá.
Un nuevo estudio dirigido por
Wenting Xu, investigador del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad
de Xi'an Jiaotong, arroja luz sobre la alarmante relación entre una dieta alta
en sal y la salud cerebral.
Se descubrió que el consumo
crónico de sal desencadena una compleja cascada de eventos que comienza en el
intestino y culmina en daños a las estructuras cerebrales claves responsables
de la memoria y las emociones.
Los investigadores se
centraron en el eje intestino-cerebro, un sistema de comunicación bidireccional
donde billones de bacterias en el tracto digestivo desempeñan un papel clave,
influyendo en el metabolismo, la inmunidad e incluso
Para probar su hipótesis, los
investigadores realizaron un experimento a largo plazo con ratones macho. Un
grupo recibió una dieta estándar durante seis meses, mientras que el otro
recibió una dieta extremadamente alta en sal.
Como era de esperar, los
ratones con la dieta alta en sal desarrollaron hipertensión rápidamente. Sin
embargo, los verdaderos descubrimientos estaban por venir.
Tras seis meses con la dieta,
los ratones se sometieron a una serie de pruebas de comportamiento que
revelaron cambios alarmantes.
Los animales que consumieron
mucha sal mostraron claros signos de mayor ansiedad: tenían miedo de explorar
el centro del área abierta y exhibieron un comportamiento compulsivo,
enterrando canicas. Pero aún peor, su memoria se vio gravemente afectada. En una
prueba de reconocimiento de objetos novedosos, perdieron la capacidad de
distinguir entre lo nuevo y lo familiar, un claro indicio de déficit cognitivo.
Al examinar los cerebros de
estos ratones, los investigadores detectaron una pérdida neuronal significativa
en áreas críticas del hipocampo, el centro de la memoria y el aprendizaje.
Esto proporcionó una
explicación estructural de los problemas de memoria. Análisis genéticos
posteriores revelaron que la inflamación era descontrolada en los cerebros de
los ratones con dieta salina: los genes que codifican señales proinflamatorias
eran hiperactivos, mientras que la actividad de los genes protectores celulares
estaba suprimida.
La comunidad bacteriana
intestinal sufrió un grave desequilibrio (disbiosis): la abundancia de algunas
especies (por ejemplo, las del filo Actinobacteriota y el género Dubosiella)
aumentó, mientras que las poblaciones de otras bacterias beneficiosas, como las
de la familia Prevotellaceae, disminuyeron drásticamente.
El descubrimiento más
importante fue una clara correlación estadística entre estos cambios
intestinales y la firma inflamatoria cerebral.
El aumento de la abundancia de
ciertas bacterias, como Dubosiella, se correlacionó directamente con una mayor
actividad de los genes inflamatorios en el hipocampo.
Los científicos han
descubierto que el consumo crónico de sal altera principalmente el delicado
equilibrio del ecosistema del microbioma intestinal.
Esta disbiosis, a su vez,
conduce a la producción de metabolitos específicos o moléculas de señalización
que viajan a través del torrente sanguíneo o del nervio vago hasta el cerebro.
Una vez en el hipocampo, estas señales reprograman la actividad genética,
desencadenando una inflamación crónica. Este estado inflamatorio se vuelve
tóxico para las neuronas, provocando su muerte.
Los científicos planean
estudiar estos efectos en mujeres y examinar otras regiones cerebrales. Sin
embargo, este descubrimiento ya ofrece una perspectiva revolucionaria para la
prevención de trastornos cognitivos, sugiriendo que la protección cerebral podría
comenzar con el mantenimiento de un microbioma intestinal saludable mediante el
control del consumo de sal.
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