Los científicos descubren una brecha de género en las causas de la depresión adolescente.


Un nuevo estudio ha revelado una notable diferencia de género en las reacciones de los adolescentes ante la violencia. Resulta que las adolescentes expuestas a la violencia experimentan un aumento significativo de los síntomas depresivos, mientras que no se observa una relación directa similar en los varones. En cambio, en los hombres jóvenes, la depresión se correlaciona con cambios en una red cerebral específica.

La adolescencia es una etapa de intenso desarrollo psicológico, en la que el cerebro es particularmente vulnerable a experiencias traumáticas.

Un nuevo estudio realizado por investigadores estadounidenses, dirigido por Ellyn R. Butler, profundizó en uno de los problemas más acuciantes: cómo la exposición a la violencia —ya sea por experiencia directa, observación o encuentros repetidos con agresión física— afecta la salud mental de los adolescentes y por qué estos efectos difieren entre niñas y niños.

Durante dos años, los investigadores dieron seguimiento a 220 adolescentes de entre 14 y 18 años de barrios de bajos recursos de Chicago, recopilando datos psicológicos y realizando resonancias magnéticas funcionales cerebrales.

Los resultados fueron inesperados. Entre las adolescentes, los investigadores encontraron una correlación directa y significativa: cuanta más violencia habían experimentado en el último año, más graves eran sus síntomas depresivos.

En el caso de los chicos, no se encontró una correlación directa entre la violencia reciente y un aumento de la depresión, a pesar de que, estadísticamente, los hombres jóvenes tienen más probabilidades de presenciar o ser víctimas de agresión.

Sin embargo, la falta de conectividad directa en los niños no significa que sus cerebros permanezcan intactos. El estudio reveló otro mecanismo neurobiológico asociado con la depresión en hombres jóvenes.

Se descubrió que los síntomas depresivos en adolescentes varones estaban estrechamente relacionados con cambios en la llamada red de prominencia, un sistema neuronal clave responsable de detectar y priorizar estímulos emocionalmente significativos, lo que ayuda a navegar entre pensamientos internos y amenazas externas.

En niños con depresión más grave, los investigadores observaron un aumento en el tamaño de esta red (su expansión) y una mayor conectividad entre sus regiones. Estos cambios persistieron dos años después, lo que sugiere que en la adolescencia media se produce un proceso que simultáneamente fortalece la conectividad de la red de prominencia y aumenta el riesgo de depresión.

Los autores del estudio sugieren que las diferencias descubiertas podrían deberse a diferentes maneras de responder al estrés. Las niñas son más sensibles a las amenazas interpersonales y presentan una respuesta psicofisiológica más fuerte al trauma, lo que provoca síntomas depresivos clásicos.

En el caso de los niños, la vía hacia la depresión podría residir en cambios en las redes neuronales responsables de la vigilancia y el procesamiento de amenazas, lo que hace que sus cerebros sean hipersensibles al peligro potencial, incluso si no se observa inmediatamente una relación directa con un episodio específico de violencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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