San Juan y el proyecto Romero: decidir sin escuchar también tiene un alto costo
Entre sostenibilidad y desarrollo, la discusión pendiente en San Juan
Cerrar la puerta a cualquier
alternativa que pueda evaluarse bajo criterios de sostenibilidad no representa
una victoria para la provincia; en la práctica, terminará favoreciendo a
quienes han hecho de la pobreza un mecanismo de control, administrando carencias
con dádivas en lugar de impulsar soluciones que generen desarrollo y autonomía.
San Juan de la Maguana
enfrenta hoy una discusión que va más allá del proyecto Romero, porque lo que
está en juego no es solo su posible impacto ambiental, sino la forma en la que
una sociedad decide en medio de la polarización, donde con frecuencia se impone
la descalificación sobre el argumento y la percepción sobre la evidencia.
La preocupación por el agua
es legítima. Es innegable que la dependencia de la provincia del río San Juan y
de la presa de Sabaneta para sostener su producción agrícola y su vida
cotidiana obliga a tratar este tema con un mayor nivel de responsabilidad.
Ese punto no admite
relativizaciones. Sin embargo, también merece atención la base sobre la cual se
están construyendo muchas de las posiciones actuales, que en su mayoría
procuran derrotar y desacreditar al que piensa diferente.
Debería llamar la atención
que una gran parte de las opiniones adversas que se han emitido, no se ha
sustentado en estudios técnicos concluidos, entre otras razones porque esos
estudios aún no han sido completados o socializados en su totalidad.
Este hecho revela un
problema central; se ha estado debatiendo sobre escenarios que no han sido
verificados científicamente.
Y cuando la decisión se
apoya más en percepciones que en evidencia, el margen de error se puede convertir
en océano.
Sin embargo; no se puede
ignorar que gran parte de las experiencias negativas que hoy pesan en la
memoria colectiva, tiene un referente claro por lo ocurrido en Cotuí con
Barrick Gold.
Pero atribuir esos
resultados única y exclusivamente a la actividad minera deja fuera un elemento
determinante.
También deben ponderarse las
debilidades de los gobiernos de turno para supervisar, la falta de controles
efectivos y decisiones públicas que no lograron garantizar el equilibrio entre
desarrollo y protección ambiental.
Pero esos antecedentes no
deberían cerrar la discusión, lo que deberían es elevar su nivel.
Y ante esas fallas ya
permitidas, la respuesta no debería ser la de rechazar el proyecto sin antes
evaluarlo sin basarse en estudios científicos, sino exigir condiciones más
estrictas, transparencia en la información y mecanismos de fiscalización
independientes, que permitan verificar el cumplimiento de cualquier compromiso
asumido.
En ese contexto aparece otra
realidad estructural que condiciona el debate. San Juan, es una provincia con
abundantes recursos, pero con limitaciones históricas para traducirlos en
desarrollo sostenible.
La disyuntiva no debería
plantearse como una elección entre; aprovechar su riqueza o proteger sus
recursos naturales, sino también en una tercera vía.
Una que procure determinar,
si existe alguna posibilidad de compatibilizar ambos objetivos bajo reglas
claras.
Sin embargo, ese espacio de
discusión ha sido reducido al máximo.
Por la imposibilidad de
confrontar a un mismo nivel de razonamiento entre informaciones técnicas y
opiniones.
Quedando desplazada la
discusión, hacia un terreno donde se imponen intereses políticos, económicos o
del liderazgo local, que no siempre buscan mayoritariamente el bienestar
colectivo.
Permitir estudios no
equivale a autorizar explotación.
Negarse a esa etapa implica
renunciar a herramientas científicas para medir riesgos, establecer límites y
definir condiciones.
GoldQuest Mining ha
planteado un modelo de operación subterránea, sin uso de cianuro ni mercurio y
con una vida útil limitada.
Esa propuesta por supuesto
que debe ser sometida a verificación técnica independiente, y si no cumple con
los estándares requeridos, la decisión correcta sería no permitirla.
Pero negarse a escuchar no
reduce los riesgos, limita la capacidad de entenderlos y eleva el costo de
cualquier decisión que se adopte sin la información necesaria para sustentarla.
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